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Turismo

Vicente Bujosa, en silla de ruedas al Parador de Ibiza: “He podido subir a Dalt Vila en el ascensor, llevaba 30 años esperando este momento”

El ascensor del ‘parking’ del Parador de Ibiza permitió este domingo a Vicente Bujosa, vecino de Ibiza, y su silla de ruedas visitar, por primera vez en 30 años, Dalt Vila. Confía en poder repetir para poder ver, también por primera vez en su vida, la Ibiza Medieval más allá de la Marina y el Mercat Vell.

Vicente Bujosa, este domingo, en el Patio de Armas del Parador de Ibiza.

Vicente Bujosa, este domingo, en el Patio de Armas del Parador de Ibiza. / M. Torres

Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Ibiza

«Hace más de 30 años que estoy esperando esto», comenta Vicente Bujosa en el centro del Patio de Armas del Parador de Ibiza. Su silla de ruedas llama más la atención que su sudadera naranja fosforito y algunos de los visitantes a la jornada de puertas abiertas del domingo se acercan a preguntarle cómo lo ha hecho. Bujosa confiesa estar emocionado. Desde que era niño no había podido subir al casco antiguo. Recuerda que la última vez que paseó por las calles empedradas fue en 1987, cuando tenía siete años y su padre aún vivía. Este soleado domingo ha sido posible, explica, gracias al ascensor del establecimiento, que conecta el aparcamiento del Parador, en la zona de es Soto, con el resto de las instalaciones.

«He venido un poco a la aventura», confiesa. Antes del domingo, explica, llamó por teléfono al Parador y habló «con una persona de recepción» para preguntar si podía usar el ascensor del parking «para poder subir». Le dijeron que sí. Así que por la mañana cogió el autobús de línea número diez, donde se encontró, denuncia, con que la rampa no funcionaba —«y eso que los autobuses son nuevos», ironiza— y luego, ya en Vila, compartió un taxi con otras personas que acudían a las jornadas de puertas abiertas del Parador y que no podían subir caminando hasta el punto más elevado de Dalt Vila.

Precisamente, mientras habla con esta redactora, las mujeres con las que cogió el taxi se encuentran también en el Patio de Armas, bajo las características velas azules que lo cruzan, e intercambian sus primeras impresiones sobre el espacio. «El personal del Parador me ha ayudado mucho», comenta el joven, que lleva un rato conociendo el espacio y se dispone a ver las habitaciones y el restaurante.

A falta de eso, lo que ha visto por el momento de la accesibilidad del establecimiento le parece correcto. Señala que algunas de las rampas «no cumplen la normativa», pero explica que se debe a que es un edificio histórico y no se podía hacer más. «Lo entiendo, en casos así no se puede hacer mucho más», indica. Eso sí, los baños le han parecido «una pasada».

Bujosa se interesa por las obras del Parador desde hace años precisamente porque era consciente de lo que podía significar para él ese ascensor. Ha seguido de cerca el proyecto y conoce los cambios de ubicación que ha sufrido el elevador por los hallazgos arqueológicos. «Lo entiendo», comenta el ibicenco, que reivindica que todas las personas con movilidad reducida puedan usar, desde ya mismo, el ascensor del Parador para poder visitar Dalt Vila. «Hay que recordar que se dijo que sería de uso público», afirma.

Le encantaría, confiesa, poder recorrer Dalt Vila con su silla de ruedas más a menudo. Tiene muy claro cuándo le gustaría hacerlo: durante la Ibiza Medieval. Nunca, jamás, ha podido verla entera. No ha podido ir más allá de la Marina, Vara de Rey el Mercat Vell. «La quiero ver por primera vez en mi vida», insiste. «Lo de la parte de abajo está bien, pero es siempre lo mismo. Los equipos de gobierno del Ayuntamiento de Ibiza han ido ampliando la zona y está muy bien, pero por la accesibilidad nunca he podido ver el medieval aquí arriba», destaca.

Le preocupa que la posibilidad de usar el ascensor para las personas con movilidad reducida se limite sólo a estas dos jornadas de puertas abiertas o a quienes tengan reservas en el hotel, el restaurante o la cafetería. Explica que le ha preguntado a cuatro trabajadores si podrían usarlo «sin molestar a los clientes»: «Tres de ellos me han dicho que no, pero la subdirectora, me ha dado una tarjeta y me ha dicho que cuando lo necesite, llame y lo pida». Aunque contento con la respuesta, Bujosa no quiere que esto sea «un favor» sino que todas las personas en silla de ruedas puedan visitar Dalt Vila gracias al ascensor del Parador. «Estamos en pleno siglo XXI», recalca Bujosa, que recuerda que, de momento, las personas como él no tienen otra opción para acceder a la parte más alta del casco histórico porque, destaca, «los minibuses no están adaptados».

Desde Paradores aseguran que sí podrán usarlo: «Aunque el ascensor no esté abierto de manera continua para todo el público, sí que siempre estará disponible para personas con necesidades, solicitando al personal del Parador su uso, el personal de recepción del parking».

Antes de seguir explorando el Parador de Ibiza, Vicente Bujosa afirma que su plan de domingo, cuando abandone el establecimiento, es «pasar el día» recorriendo Dalt Vila. «Bajar desde aquí hasta el centro», comenta. Por primera vez en 30 años.

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