Tribunales
El increíble periplo de la mujer que huyó de Ibiza con su hijo: "Estoy en 'shock' pero feliz. Hoy creo en la Justicia"
María Venturo escapó con Bruno a Italia y la Justicia decretó una orden de captura internacional por sustracción de menores
Su expareja, Edgardo Milessi, está doblemente condenado por cometer abusos sexuales en Ibiza

María y Bruno, durante su vida en Italia / D.I.
"Mi mamá es la mejor mamá del mundo porque no me abandonó nunca". Resulta curioso que esta frase la diga una mujer que lleva más de una década viviendo en la clandestinidad para proteger a su hijo. Quizá Bruno diga algún día lo mismo de María Venturo, de su madre, que lo agarró en Ibiza cuando solo tenía tres años para fugarse juntos al extranjero. Concretamente a Italia, como María ya se atreve a revelar con el beneplácito de su abogado, después del pronunciamiento judicial que ha dado un vuelco muy esperado a su vida.
Una orden de captura internacional por un presunto delito de sustracción de menores. Es lo que pesaba sobre María hasta que la Audiencia Provincial de Palma decidió el miércoles el sobreseimiento de la causa. Lo hizo en contra del criterio de la Fiscalía y enmendándole la plana al Juzgado de Instrucción número 2 de Ibiza, que hace nueve meses rechazó cerrar el procedimiento.
"Estoy en shock, pero feliz. Me va a costar acostumbrarme a no tener miedo. Bruno está bien, él también se tiene que acostumbrar. Ahora va a poder ser un preadolescente como los demás. Yo me cambié el nombre, pero Bruno fue siempre Bruno, no quería que perdiera su identidad. Solo nos escondimos", cuenta María en conversación con Diario de Ibiza.
Tenía una vida prometedora en Ibiza. Tenía una tienda de ropa en Sant Antoni. Tenía un hijo de tres años. Tenía un Mini Cooper verde que ambos adoraban. Hasta que su pareja y padre de la criatura, Edgardo Milessi, empezó a mostrarse "violento e inestable mentalmente". "Meses después, Bruno empezó a contarme los abusos sexuales [supuestamente cometidos por su padre]. Creo que la vida nos pone a cada uno en nuestro lugar, tarde o temprano. Hoy creo en la Justicia", dice sobre su ex, doblemente condenado por cometer abusos sexuales mientras tatuaba a clientas en su estudio.
Una decisión radical
"No se investigaron correctamente ni las denuncias anteriores de dos menores británicas ni la denuncia del abuso sexual de mi bebé. Las señales ya estaban en aquel momento. Un test psicológico o una investigación habrían demostrado el patrón de comportamiento en aquella época", se resigna ahora María, que en ese momento acudió a un centro de psicología infantil para tratar de aclarar lo que estaba ocurriendo. Tras un exhaustivo análisis, el centro concluyó que había más de un "posible indicador de abuso sexual". Denunció en el juzgado ibicenco, que archivó el asunto en 48 horas. En vez de lamentarse, pasó a la acción. Adiós, Ibiza. Hola, Italia.

Bruno, patinando con un grupo de amigos / D.I.
Si empezar una nueva vida lejos de casa ya es difícil, se antoja mucho más complicado hacerlo en la clandestinidad. Pese a que María era una prófuga de la Justicia, recibió mucha ayuda desde el principio: "Alquilar un piso era lo más difícil porque las cosas en Italia son mucho más oficiales y controladas. Sin el código fiscal no puedes hacer nada, ni ir al dentista. Cuando llegué, una amiga me consiguió una habitación en la casa de una señora. Éramos una patata caliente, todos tenían miedo", recuerda sobre aquellos inicios tan inciertos.
María y Bruno fueron conociendo a buenas personas que les dieron de todo: comida, ropa, juguetes, cualquier cosa útil: "Hubo mucha gente que sintió que era una mamá en dificultades y nos ayudó. No con dinero, pero sí de muchas otras maneras. Pasaron muchas cosas que solo puedo explicar diciendo que estábamos protegidos por algo mucho más grande. Yo lo llamo el universo". Y al otro lado del mundo, una madre sacrificándose por otra madre. Por su hija: "No podría haber sobrevivido sin la ayuda de mi mamá. Ella alquilaba habitaciones, me mandaba su jubilación y vivía con lo mínimo. Muchas veces comía lo que le daba el Estado como canasta familiar en Argentina".
Tras despedirse de su tienda de ropa en Sant Antoni, asumió que debía aceptar lo que fuera llegando para meter euros en la cartera. Hizo de niñera, de limpiadora, vendió muñecas de ganchillo que ella misma tejía, incluso empanadas y sopas en mercadillos, intercambió comida por productos: "Todo lo que hacía con Bruno, él siempre estaba conmigo".
Educación en casa
En vez de ir al colegio, Bruno era aleccionada por María en casa. Lo hacían siguiendo el protocolo oficial de escuela parental que está aprobado en Italia. Usaban los libros de la escuela italiana y también otros que trajo la abuela desde Argentina. María descubrió que su hijo tenía altas capacidades, facilidad para aprender idiomas e interés por temas tan complejos como la programación y la robótica.
Pero sabía que los libros no bastan para educar, así que pasaban "eternas horas en parques para que jugara y sociabilizara". "Quería que tuviera todas las oportunidades de cualquier otro niño de su edad", recuerda. Cuando Bruno cumplió 11 años, por fin fue a la escuela: "Necesitaba su propio espacio. Un mundo sin mí".
Echando la vista atrás, María no se arrepiente de nada: "En la vida uno tiene tiempo o dinero y yo tenía tiempo para él. Ser madre es la experiencia más maravillosa del mundo y yo disfruté cada minuto como si fuera el último. Es como si fueras a morir mañana: hoy vives más intensamente. Es una idea un poco triste, pero real. Así viví mi maternidad". Durante todos este tiempo en el exilio, ha echado de menos muchas cosas, sobre todo a seres queridos, porque "estar sola fue la parte más dura". "No importan los lugares, importan las personas. Esa frase es totalmente verdadera", subraya.
No saben cuándo podrán volver a Ibiza o viajar a Argentina. Ahora toca papeleo: pedir el pasaporte e inscribirse como residentes en Italia. Luego, todo eso que le estuvo tanto tiempo vedado: "Tenemos muchos sueños de cosas que nunca hicimos, sobre todo Bruno. Ir de vacaciones a la playa, viajar en avión, que Bruno se apunte a un curso de fútbol o a clases de natación… Pero lo que más extraño es la tranquilidad de poder ser yo misma".
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