Tribuna
El milagro de la música en Sant Carles
El Consell de Ibiza ha concedido la Medalla d’Or al Centre Cultural de Sant Carles por obrar un milagro desde hace casi 40 años.

Jaume Ferrer con su familia: su hija María Ángeles, sus nietos Jaime y Àngels y su yerno, Juan Francisco de Dios, en el centro cultural en 2023. | MARÍA MOLINA

El Festival Internacional de Música de Ibiza y el Concurso Internacional de Música de Ibiza, organizados por la Associació Centre Cultural de Sant Carles, son una referencia mundial en su ámbito, con un prestigio que traspasa fronteras y atrae a músicos de primer nivel, tanto los concertistas como los miembros del jurado y los jóvenes pianistas de élite que se presentan al certamen, procedentes de todos los continentes y muchos de los cuales desarrollan después destacadas carreras profesionales. Esta cita cultural imprescindible del verano ibicenco mantiene el espíritu de sus humildes inicios en 1987, así como su objetivo: difundir y acercar la música a todas las personas, ya sean melómanas o no tengan ningún conocimiento musical; al margen de su formación, edad, procedencia, ocupación... No existe en Ibiza ninguna iniciativa cultural similar a esta, con una trayectoria ininterrumpida tan larga y consolidada, y con tal nivel de excelencia: en 2027 cumplirá cuatro décadas y desde el principio ha sido un proyecto impulsado por particulares, sin apoyo oficial durante años.

Una joven concursante practica en el piano de una familia colaboradora en 2023. / María Molina
Jaume Ferrer, impulsor del Centre Cultural de Sant Carles junto a varios vecinos en 1988 (que presidió hasta 2024), fue el creador de este proyecto concebido para llevar la música a su pequeño pueblo natal, Sant Carles, y animar a los niños y adolescentes a estudiar música. Junto a su esposa, Angelina Forés, y su hija, María Ángeles, que desde adolescente ayudó a sus padres, lograron organizar un festival y un concurso con ediciones anuales primero y bianuales a partir del año 2001, debido a la gran expansión internacional que había conseguido, con pianistas concursantes de todos los continentes. En este proyecto, involucraron a los vecinos, numerosas empresas de todo tipo y a músicos que se convirtieron en incondicionales, bien formando parte del jurado, bien acudiendo a actuar al pequeño local parroquial que ha acogido desde el principio el Concurso y el Festival. Un certamen que es quizás único en el mundo por esa íntima conexión con el lugar donde se celebra, un pueblo del norte de la isla, cuyos habitantes se vuelcan con la iniciativa.

La princesa Irene de Grecia, presidenta del jurado, entrega el primer premio del Concurso de Piano a Eugeny Ganev en el año 2000. / Vicent Marí
Es el festival más antiguo de las Pitiusas, el concurso de más larga trayectoria de Balears y el cuarto más antiguo de España (según la documentación facilitada por el Consell Insular de Ibiza). Las cifras ponen de manifiesto el alcance de esta iniciativa: han participado más de mil concursantes y más de 300 músicos; se han celebrado más de 350 conciertos y sesiones, y han asistido más de 55.000 espectadores.

El público abarrota la sala en la clausura de la edición de 2025. Al fondo, los carteles que diseñó el artista Erwin Behctold, muy vinculado al Festival durante años. / TONI ESCOBAR
El Festival y Concurso, además, han estado desde sus inicios estrechamente ligados a la comunidad en la que surgen, lo que los hace aún más extraordinarios, pues es una iniciativa cultural que beneficia directamente a los vecinos, que la sienten como propia. Tan propia, que hace años que muchos de ellos abren sus casas para que los adolescentes y jóvenes que acuden a concursar puedan ensayar en pianos comprados para ello y, en ocasiones, también para los propios hijos de las familias, iniciados en la música gracias a la labor del Centre Cultural de Sant Carles. Que no hablaran el mismo idioma nunca fue un obstáculo: el idioma de la generosidad y la amabilidad es universal y da frutos preciosos y de un alcance imprevisible. La afición por la música de Jaume Ferrer se expandió imparable y lo impregnó todo: las familias de los niños que estudiaban música gracias a que él les había contagiado su pasión y los vecinos del pueblo empezaron a comprar pianos electrónicos o teclados, transformaron habitaciones en salas de música y prestaron sus pianos para los concursantes.

Los ganadores de la última edición del Concurso, la de 2025. / Toni Escobar
La pequeña localidad de Sant Carles se convierte así en un foco cosmopolita de atracción e irradiación de cultura, en pleno verano ibicenco, desafiando de forma rotunda el tópico asociado a la isla, tan ligado a las discotecas y la música electrónica; al turismo masivo en busca de sol y playa. Sant Carles, oasis cultural desde hace 39 años gracias a la pasión, el empeño, la constancia, la valentía y ese no conformarse de un hombre que contagió su amor por la música, primero a su familia y después a sus vecinos y a su pueblo.
La onda expansiva de la pasión por la música
La experiencia del Festival y Concurso demuestra la impresionante capacidad de transformación, en positivo, que puede tener una persona -tres- en su entorno próximo y lejano. La onda expansiva de la apuesta del melómano Ferrer se extiende desde 1987 hasta la actualidad, ha traspasado el ámbito local para convertirse en universal y ha marcado la vida de centenares de personas: quienes se acercaron a la música gracias al Festival y Concurso, los orgullosos vecinos, los concursantes que recibieron un impulso para su carrera... Es un ejemplo digno de estudio: cómo una iniciativa particular, pensada para los demás, absolutamente altruista, puede embarcar a toda una comunidad, de forma sostenida en el tiempo, y transformarla hasta situarla en el mapa como una referencia mundial en el ámbito de la cultura musical. Además, es admirable el compromiso de la familia Ferrer con la música, con la cultura y con su pueblo, contra viento y marea, a pesar de las adversidades e impedimentos. Esa voluntad inquebrantable, esa tenacidad, por no solo mantener el Festival y Concurso, sino de mejorar su calidad y hacerlo crecer. Pero siempre en el bucólico pueblo de Sant Carles: «La periferia de la periferia», según María Ángeles Ferrer, organizadora de la iniciativa desde hace años, junto a otras personas, como siempre remarca. Cuando su padre, en los años 80, decide impulsar un festival de música y un festival de piano en su pueblo natal, «era como instalar un chiringuito de venta de refrescos en mitad de un desierto», recordaba María Ángeles en un artículo publicado en Diario de Ibiza en 2023.
Conseguir subvenciones y patrocinio de empresas fue mérito del matrimonio Ferrer-Forés, incansables, que lograron involucrar en su proyecto a artistas de la talla de Erwin Bechtold (autor del diseño de los carteles y camisetas hasta su muerte) y Gilbert Herreyns; el joyero Enric Majoral, el actor Fernando Rey o el pianista Julian von Károlyi, entre otros muchos. La princesa Irene de Grecia, gran melómana y fallecida recientemente, fue presidenta de honor del concurso desde el año 2000.
Jaume Ferrer, que murió el año pasado a los 93 años, ha dejado una huella indeleble en su pueblo natal, y en la vida de tantas y tantas personas que han estudiado música gracias a él o han aprendido a apreciarla. Era un apasionado de la música, aunque profesionalmente era encargado del parque móvil del servicio hidráulico del Govern balear, en Palma, adonde se mudó en 1956. Su objetivo fue hacer algo relacionado con la música en su pueblo, Sant Carles, donde la familia pasaba los veranos, y aquella idea transformó la pequeña localidad del norte de Ibiza y a sus habitantes. Jaume Ferrer y su cuñado Mariano Guasch aprendieron a descifrar la música y empezaron a enseñar a una quincena de niños y adolescentes del pueblo. Su hija María Ángeles lo cuenta en un artículo en el último catálogo del Concurso y Festival, de la edición de 2025: «Hubo un auténtico bum musical en Sant Carles, un auge repentino que corrió paralelo a la fascinación de todos aquellos niños y niñas que estábamos descubriendo el milagro de la música y todo un patrimonio sonoro».
Su idea quijotesca de crear un festival y concurso de piano en su pueblo creció y se afianzó hasta convertirse en una cita de prestigio mundial en el calendario de concursos.
El primer piano, en 1987
La parroquia de Sant Carles tenía un teclado electrónico Yamaha, en el que los niños aprendían música pero que se quedó pequeño, por lo que era necesario adquirir otro piano, que Jaume Ferrer compró el 19 de mayo de 1987: uno vertical de pared, Yamaha modelo 108-T, negro lacado, que le costó 27.000 pesetas en la tienda Musicasa de Palma. Este piano lo usaban los niños del pueblo y con él arrancaron el Festival y el Concurso.
Aquellas vacaciones de piano y solfeo a mediados de los 80, en las que los niños y adolescentes jugaban a aprender música, acabaron en la organización del primer Festival y Concurso de Piano de Ibiza, en 1987, como recuerda María Ángeles, el alma mater de esta iniciativa desde hace muchos años: «Se decidió hacer un ciclo de festivales para hacer algo en el pueblo y para el pueblo, y un ciclo de conciertos para incentivar a los jóvenes».
En 1989, en la tercera edición del certamen, el Yamaha resultó insuficiente, por lo que contactaron con varias casas de alquiler de pianos de concierto, de cola, en la Comunidad Valenciana. La casa de Pianos Isandra cedió el instrumento durante cuatro veranos, que una compañía naviera transportaba gratis hasta la isla. Esta colaboración con vecinos y empresas ha sido la tónica desde los inicios del festival-concurso: la búsqueda de cualquier tipo de ayuda, por parte de cualquier tipo de establecimiento o empresa, ha sido constante y el compromiso y colaboración que han conseguido a lo largo de estas décadas ha suplido la falta de recursos económicos, pues al principio no tenían ayudas institucionales.
Llegó el momento de adquirir un piano de cola propio, de conciertos, un Kawai que compraron en 1993 y que protagoniza el escenario del local parroquial, y que han tocado centenares de pianistas, virtuosos y primeras figuras, a lo largo de todo este tiempo. Aquel año, 1993, Jaume Ferrer recibió el Premio Juventudes Musicales de España, que entregaba Juventudes Musicales de Ibiza, y en 1997, el Premio Importante de Diario de Ibiza por «su empeño y tesón por consolidar un certamen artístico de enorme interés».
El Govern balear entregó a Jaume Ferrer el Premi Ramon Llull en 2016, en reconocimiento a la creación del festival y concurso y por su contribución a la difusión de la música clásica y, especialmente, el piano en el ámbito local, estatal e internacional. Son solo algunos de los premios que acumulan, y al que ahora se suma el máximo reconocimiento que otorga el Consell de Ibiza, la Medalla d’Or.
En el pequeño y austero salón de actos se obra la magia en cada edición (y ya van 26): intérpretes de extraordinario nivel actúan ante un público variopinto, de todas las edades y nacionalidades. «Es un milagro rural, una utopía de la periferia más periférica», escribía María Ángeles, la adolescente estudiante de piano que llegaría a convertirse en una prestigiosa pedagoga, musicóloga, profesora, cantante y pianista.
El prestigioso pianista y musicólogo Antonio Baciero es copresidente del Concurso junto con la también reputada pianista Mary Wu y está vinculado al mismo desde hace 29 años. Destaca la gran calidad de los participantes y lo difícil que es la labor del jurado, y señala que el certamen ha alcanzado un merecido reconocimiento y prestigio mundial, por lo que reúne a jóvenes pianistas procedentes de todos continentes. Este gran músico es incondicional del Festival y Concurso, y no duda al definir esta iniciativa cultural tan especial: «Es un milagro». Sin duda, la palabra que mejor define lo que ha ocurrido en Sant Carles desde 1987.
Suscríbete para seguir leyendo
- La Ibiza Medieval 2026 ya tiene fechas
- La compañía líder de seguros de salud dispara sus precios en Ibiza: costarán más del doble que en el resto de España
- Una monitora herida en una pelea con 28 menores implicados en el centro de Sa Coma de Ibiza
- Hartazgo en ses Figueretes por una nueva pelea multitudinaria
- Francisco Vilás, otro ibicenco atrapado en Dubái por los bombardeos de Irán: 'Nunca pensé vivir esto en primera persona
- Fallece un hombre tras caer desde un acantilado en Ibiza
- Los residentes de Ibiza podrán solicitar la tarjeta única para viajar gratis en el transporte público de Mallorca
- Atrapados en Tailandia: Juan Suárez y Jeanette van Breda, la odisea de regresar a Ibiza por la guerra en Irán