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Arte

William Mackinnon, artista, en Ibiza: "En la vida de un artista no hay un romanticismo, hay enormes altibajos"

La exposición del artista australiano se abrirá al público este sábado en el Museu d'Art Contemporani d'Eivissa

William Mackinnon delante de uno de sus cuadros en el MACE.

William Mackinnon delante de uno de sus cuadros en el MACE. / Vicent Marí

Samia Khenien

Samia Khenien

Ibiza

“Todos son bienvenidos, adultos, niños, ibicencos, extranjeros…”, afirma William Mackinnon, artista australiano que vive entre Melbourne e Ibiza, sobre su exposición ‘Broken open’, que abre sus puertas al público este sábado en la sala de Armas del Museu d'Art Contemporani d'Eivissa (MACE), con 16 obras, en su mayoría pintadas en la isla mediterránea. “Es muy especial para mí, porque es mi primera exposición en un museo europeo, después de unos 25 años haciendo arte y tras diez viviendo en Ibiza. Es un privilegio enorme exponer en una institución tan hermosa como el MACE”, considera el artista.

Los cuadros de Mackinnon se alzan sobre las paredes blancas con diferentes colores, texturas e incluso iluminaciones. Las pinturas, fechadas entre 2021 y 2025, las ordenó la comisaria de la exposición, la directora del museo, Elena Ruiz Sastre, de tal manera que el propio pintor considera "perfecto": separa los paisajes diurnos de los nocturnos y crepusculares y, según el ángulo de visión, se pueden observar dos obras interrelacionadas exquisitamente. El orden deviene toda una obra de arte en sí mismo. Ruiz explica en su escrito de presentación de la exposición: “El artista muestra su mirada sensible hacia adentro y hacia afuera en torno a su vida, a su quehacer diario, en la que el tema del viaje en coche por los caminos de la isla —obligado ya que el tipo de hábitat disperso obliga a desplazarse para cualquier necesidad familiar o personal— nos permite penetrar en un campo de metáforas, suposiciones o intuiciones, ya que el relato de su vida, que no se ve explícitamente es sustituido por el relato del tránsito”.

Cómo ve Mackinnon sus obras

“Cuanto más personal, más potencial tiene de ser universal”, comenta sobre el arte: “Vivo entre aquí y Australia, así que hay un hilo conductor [en las obras] en torno a la búsqueda del hogar, el camino, la casa… Inquietudes muy humanas sobre la pertenencia. La pintura no es una declaración, es una forma de pensar, de cómo me adapto al mundo y le doy sentido”, asevera sobre su propia obra. El artista, con el título ‘Broken open’ se refiere a: “Cosas que parecen lo peor, como un accidente, pero que son parte del camino. En mi caso, pasé tres años muy difíciles recientemente: Mi galería se derrumbó por completo de la noche a la mañana; tuve que someterme a dos operaciones de cadera, una de las prótesis se infectó; mi matrimonio se rompió, y fue realmente muy difícil, pero el resultado fue un cambio tremendo”.

“Quiero que la gente sienta mucha curiosidad y disfrute de la contemplación, pero que estén muy bien construidas, para mantener la mirada fija en la pintura y mantener el interés y, a su vez, que tengan espacios donde la vista pueda descansar y que puedan tratar sobre algo específico, no de una forma aburrida, sino que puedan hablar de ello”, dice Mackinnon sobre sus obras. Además, mantiene que es importante usar cosas “casi banales”, para hablar de cosas humanas más importantes, la superación de la adversidad, por ejemplo. Ejemplifica con las pinturas de la piscina: “Sobre todo la grande, si se mira con mucha ligereza, es bastante alegre, pero a medida que se va profundizando…” Su casa, las luces, contiene la fuerza, la inmensidad del universo, la noche que no deja ver al árbol, pero contiene pequeñas motas de color “como cuando acampas y todo está negro, pero luego empiezas a ver más”.

Mackinnon quiere que en sus cuadros se vea “el espectro completo de emociones, que hay miedo y aprensión, pero también humor, tienen bastante humor negro. Pienso en las decisiones que se toman una vez y en lo que no se debe hacer. El residuo de la vida, las raíces y cómo crecen las cosas, a menudo los árboles compiten por la vida. Asimismo, no se trata solo de árboles, pienso en hermanos, familia, cuando no eres muy académico y tienes que encontrar tu propio camino. Es un mundo muy humano”.

Expresa sobre los símbolos y la imagen: “Me gusta hacer uso de imágenes cotidianas, para que la gente pueda acceder rápidamente, las señales de tráfico, el hinojo… pero se puede ver que algo más está sucediendo: hay un componente psicológico infundido. En cierto modo, esos elementos cotidianos son como personajes, son símbolos. Antes no quería sacar temas como el surf, las piscinas o las pistas de tenis porque consideraba que quizás no eran lo suficientemente interesantes, no había fidelidad al mundo ni a la experiencia humana. Hoy en día, conecto más la emoción a ellos, como dijo Wayne Thiebaud, a grandes rasgos: ‘Pinta algo que realmente conozcas y que te importe’. Luego ves los cupcakes que dibujaba y son increíbles. A partir de eso, he aprendido a confiar más en ese enfoque”.

“No creo que todo esté inventado, un pensamiento muy propio de la escuela de arte”, manifiesta Mackinnon: “Cuando vi que el posmodernismo había pasado dije ‘bien’, era una corriente demasiado nihilista”. En contraposición a ello considera la repetición “muy interesante”: “Es una buena estrategia para la invención, porque si uso la piscina y la carretera durante 20 años, me obliga a ser más inventivo formalmente. Y creo que eso tiene que ver con la fluidez, la familiaridad, y con profundizar cada vez más en algo”. Sus obras representan diferentes grados de realismo en el propio cuadro. Su posición al respecto es que: “La gente piensa que, si un cuadro es realista, es una pintura realmente buena, pero a mí me gusta mucho más el estilo tosco, ‘con la mano izquierda’, un tipo de alquimia pegajosa, que, si bien hay algunas partes más realistas en mis obras, me da la libertad de ser más juguetón con mi arte. Es caricaturesco, como si nunca intentara disimular que es pintura”.

Mackinnon, sobre el componente psicológico infundido en sus obras, acaba por ejemplificar: "Los temas tratan a menudo sobre la familia y la complejidad de cómo nos moldean nuestros entornos, la competencia por los recursos, por la luz. No hay un romanticismo. En la vida de un artista hay enormes altibajos, es una forma precaria de ganarse la vida, mostrar cuánto tenemos en nuestras cabezas. Elena escribió en su ensayo, realmente hermoso, que tal y como estamos en el mundo, traemos nuestra historia y nuestro bagaje, cuando miramos algo, hacemos asociaciones, recordamos cosas, vemos hermosas sombras y les damos sentido. Así es como funciona nuestra mente".

William MacKinnon en la sala de Armas del MACE entre sus obras

William MacKinnon en la sala de Armas del MACE entre sus obras. / Vicent Marí

Cuál es el proceso de creación

Mackinnon insiste en que, para entender las pinturas, hay que verlas “casi como una escenografía, no se trata de un solo lugar, sino de una construcción. Me encantan las paredes, la madera, la luz transparentada, representar la sensación de que el agua se ve húmeda y brillante, en contraposición a las rocas sólidas. Parece un collage, pero sigue siendo pintura”.

Asegura que hay muchas técnicas no tradicionales que ha inventado él mismo: “Pintura con aerosol, lijar y que se salte la pintura y solo quede el blanco del lienzo, usar brillantina, un aerógrafo, uñas líquidas, estampado con bolsas de basura”, y otros métodos no comunes que combina, mediante un enfoque no convencional a la pintura al óleo. Señala los relieves de los árboles, hizo uso de materiales de construcción para crearlos. Hay cuadros que asegura: “Ahora lo veo y no sé cómo lo hice”, sobre todo refiriéndose a los más grandes: “Uno va aumentando, primero, cosas más pequeñas y luego se va a ajustando y uno gana confianza. Creo que es como un paralelo a estar en el mundo donde, ya sabes, no puedes abarcarlo todo. Tienes que ver algo de cerca y luego retraerte”.

“Me obligo a trabajar más rápido porque, a veces, se producen deslices, accidentes desafortunados, las cosas simplemente ocurren” y estas las mantiene en sus cuadros por verlas como parte del arte: “Esto me ha llevado a tener fe y a confiar en que el proceso saldrá bien. Lo mismo ocurre con la pintura, no veo ningún error, solo pasos que hay que seguir. Si se añaden dos o tres capas más a la combinación o se intenta eliminar algo, es peor”, sostiene el artista. Critica a los artistas demasiado metódicos, aunque considera que cada uno tiene su forma de crear, “yo soy un espíritu libre. La materia gris es algo extraordinario, no sabemos qué va a surgir y me gusta sorprenderme y ver qué sucede en la obra”, mantiene.

“Me encanta cómo se puede crear algo mágico a partir de algo tan mundano y cotidiano, como un árbol, un cubo de basura o las señales de tráfico”, además, afirma que conducir es una de las actividades que más le inspiran: “Cuando tienes el cuerpo ocupado, liberas la creatividad. A menudo paro, tomo foto y conduzco de nuevo”. Realmente disfruta del acto de dibujar, en especial de ver los pequeños detalles que se forman por los diferentes materiales y métodos que utiliza: “Sabemos que es bidimensional, pero se ve tridimensional, no solo por el pequeño relieve, sino por el uso del sombreado”, y es una de las características que le hacen único como artista.

Quién es William Mackinnon

William Mackinnon es un hombre australiano de 48 años que lleva 10 viviendo en Ibiza: “Supongo que hay muchas partes de mí, creo que es interesante que no vea el ‘yo’ como algo unificado, como la coalición del yo. Hay todas estas diferentes partes compitiendo y creo que la pintura refleja eso”, define Mackinnon sobre su persona. “A veces dejo notas sobre qué hacer y al día siguiente me despierto y me siento muy diferente. No soy una unidad, sino algo cambiante”.

Su trayectoria incluye unos primeros diez años pintando sin haber pisado la escuela de arte. Atribuye el tener “tantas técnicas diferentes” a eso y añade: “Antes me daba un poco de vergüenza porque pensaba que no era tan sofisticado, pero en cierto modo le da más distinción a mi obra. Creo mucho en la comunicación y no quiero hacer arte que nadie pueda entender”. Aun así, a los treinta se inició como estudiante: “Quise ser artista internacional, estudié en Londres y tuve una mezcla de influencias, ahora voy por el camino contrario”. Vino a Ibiza por amor, ella vivía aquí y tuvieron dos hijos: “La relación no funcionó al final, pero al final es un poco como el cuadro, sigues a donde te lleva la vida”.

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