Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Política

Adela, vecina de Ibiza sobre la necesidad de construir en la isla: "¡Ibiza ya no da para más!"

La pregunta publicada por Diario de Ibiza en Facebook ha recibido más de cuarenta comentarios de usuarios indignados con la situación de la construcción en la isla

Vista panorámica de Ibiza.

Vista panorámica de Ibiza. / Vicent Marí

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Nuria García Macias

Nuria García Macias

Ibiza

Bastaron unas horas para que la pregunta lanzada en el Facebook de este diario se llenara de mayúsculas, ironías y algún que otro desahogo. La cuestión era directa: "¿Crees que se puede construir más en Ibiza?". Y la respuesta, también. Para la mayoría, la isla ha llegado a su tope. No solo en metros cuadrados, sino en paciencia. Aquí no se habla solo de ladrillos, se habla de modelo.

"La isla no da para más"

El “no” fue casi unánime. Adela Ibiza lo resumió con un contundente: "NOOOOOO!!! la isla no da para más". Balear Costanilla Cano respondió con una ristra de "NO" en mayúsculas. Emilio Garrido fue más escueto, pero igual de claro: otro "No".

El miedo al exceso de cemento se repite. Can Pep D'en Ribes lo dijo sin rodeos: "No vull una illa de ciment". Marga Torres avisó de que "mientras quede un trozo de tierra, llegará el hormigón". Por su parte, Eva Moreno Barroso denunció la destrucción de montañas y acusó a quienes promueven nuevas viviendas de "reventar" la isla.

Más que planos o alturas máximas, lo que se defiende es algo más intangible: el paisaje, la identidad, esa Ibiza que muchos sienten que se está diluyendo.

Infraestructuras al límite

Otros comentarios fueron al terreno práctico. José Castillo Torres lanzó una pregunta lógica: "si los servicios básicos ya van justos con lo que hay, ¿qué sentido tiene seguir ampliando el parque inmobiliario?". Y de ahí, inevitablemente, la conversación saltó a la vivienda. Pablo Ibz planteó dudas incómodas: "¿Para qué construir más? ¿Para consolidar un World Trade Center inmobiliario de Europa? ¿Para que suban alquileres y precios? ¿O para quienes viven todo el año?".

Por otro lado, Marisa Peralta Henares propuso regular el precio de la vivienda. Jean-Pierre Juan Pedro pidió prioridad para residentes y Nonoyje Enciso sugirió financiación pública al 100% para familias trabajadoras. La sensación general es clara: no es que se rechace todo lo que se construya, lo que muchos cuestionan es para quién se construye.

Chalets vacíos y economía real

En medio del debate apareció otro clásico: los chalets que se ocupan una semana al año. Rubén Ramírez Dodds criticó esa proliferación. Antonio Torres Torres respondió que esos propietarios "pagan impuestos como cualquiera". Antonio Garcia añadió un matiz interesante: "el IBI será el mismo, pero quien vive todo el año sostiene comercios, colegios y la vida social". Y dejó una frase que resume bien el tono general: "El dinero no tiene moral".

Ya no se discuten metros cuadrados. Se discute qué tipo de comunidad quiere ser Ibiza. Cuando el enfado se mezcla con resignación, aparece el humor. Lor Adrialor propuso rascacielos y puentes levadizos, mientras que Menio Gomez Ranut habló de edificios de 50 plantas y Tin Bonet imaginó bloques junto a villas privadas con carteles de "prohibido pasar".

El comentario más creativo fue el de Juan Maririera, que dibujó una Ibiza asfaltada de punta a punta, con rascacielos en ses Salines, un aeropuerto nuevo en es Freus y un puente tipo Brooklyn sobre el puerto. "Singapur una mierda al lado de la nueva Ibiza", remató. No era un plan urbanístico: era una forma de decir "¿veis hasta dónde puede llegar esto?".

También surgió el fantasma de la masificación. Elisabeth Silvestre Sarria destacó que ahora mismo solo hay forma de crecer "a lo alto y no a lo ancho". Rosario Hormigo Moreno advirtió: "cuidado, que así se acaba en Benidorm".

El dinero como motor

Muchos coinciden en que, al final, "la pela es la pela". Rodrigo Santiago González lo dijo con ironía: "Si hay dinero, siempre". Francisco José Hortal Castillo fue en la misma línea y Puri Polo Cobo lamentó que "con dinero de por medio, todo es posible". Guly Fuzion puso el foco en hoteles y licencias turísticas, y alertó de trabajadores sin vivienda digna. El esquema que dibujan muchos comentarios es sencillo: el mercado marca el ritmo y el territorio paga la factura.

Cinzia Morassi señaló el crecimiento constante en Santa Eulària, donde, según afirmó, en la última década han surgido "un montón de palacios". Para algunos, es el símbolo de una expansión que ya resulta difícil de digerir.

Las voces a favor de seguir construyendo fueron minoría. An Fran Fer Tur apeló al crecimiento demográfico mundial como argumento para hacer sitio a más población. Paqui Mangas respondió con un "de lujo sí" que varios interpretaron como sarcasmo.

La conclusión que se desprende del debate es bastante clara: la discusión no va tanto de si se puede construir más, sino de hacia dónde se está yendo. Ibiza no solo enfrenta un debate urbanístico. Cada nueva promoción se percibe como una decisión sobre identidad, convivencia y futuro. La respuesta colectiva ha sonado más a diagnóstico, muchos sienten que si no se pone freno, la isla corre el riesgo de convertirse en producto, y el territorio, en mercancía.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents