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Vecinos contra el hedor de Ca na Putxa

«Sesgo operativo» o cómo ‘gestionar’ los olores pestilentes del vertedero de Ibiza

Planta de triaje del vertedero de Ca na Putxa.

Planta de triaje del vertedero de Ca na Putxa. / J. A. Riera

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José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

Ibiza

En cuanto a que los datos que apoyan el informe elaborado por la Universitat Rovira i Virgili se registrasen durante sólo cuatro horas de un día de junio, el ‘contrainforme’ es demoledor: «En una ubicación insular como Eivissa, la gestión de residuos está intrínsecamente ligada a la temperatura. El mes de junio es el cuarto mes en temperatura media mensual y no representa el escenario de estrés térmico del verano (julio y agosto), donde las tasas de descomposición de la materia orgánica se aceleran y los sistemas de biofiltración alcanzan sus límites de eficiencia».

Apunta además a que se produjo un «sesgo operativo»: «Una ventana de un día es fácilmente gestionable a nivel operativo», sostiene. Por ejemplo, «mediante la reducción de volteos o con la limpieza intensiva previa», deja caer en el contrainforme: «Para que sea creíble, las mediciones deberían ser aleatorias o cubrir ciclos completos de actividad máxima», apunta.

Un modelo para petroleras

Alejandro López-Cortijo critica abiertamente en su informe «la desconexión profunda entre la metodología elegida y la naturaleza química de los olores en Ca na Putxa». Es decir, que no se emplearon los métodos apropiados para detectar el hedor que emana de la planta: «Las normas EPA 325A/B fueron diseñadas específicamente para el monitoreo perimetral de benceno en refinerías de petróleo mediante captadores pasivos de carbón activo. Su aplicación en una planta de tratamiento de residuos sólidos urbanos (RSU) es técnicamente cuestionable».

«Las normas EPA 325A/B fueron diseñadas específicamente para el monitoreo perimetral de benceno en refinerías de petróleo"

Lo es, apunta el ingeniero, por su «incompatibilidad» con el amoníaco, el gas trazador principal en procesos de biometanización y compostaje, como los de Ca na Putxa: «Los tubos de carbón activo utilizados en la norma EPA 325 tienen una afinidad nula o muy baja por el amoníaco. Para captar este gas, se requieren filtros impregnados en ácido. Al omitir este parámetro, el informe ignora el componente químico responsable de la irritación y la naturaleza punzante del olor reportado por los vecinos». Como si para cazar moscas se hubiese utilizado una trampa para osos.

También se empleó un método «ineficaz para detectar concentraciones bajas de mercaptanos [compuesto orgánico azufrado, generalmente incoloro, con un olor muy intenso y desagradable] y compuestos sulfurados, que tienen umbrales de olor extremadamente bajos que son detectables por el olfato humano incluso por debajo del límite de detección de muchos equipos químicos».

La «fatiga olfativa» de los vecinos

El ‘contrainforme’ elaborado por el ingeniero agrónomo Alejandro López-Cortijo denuncia que los vecinos de los alrededores del vertedero de Ca na Putxa padecen «fatiga olfativa», una hipersensibilidad generada por la exposición prolongada al hedor que emana de esa planta. Esa hipersensibilidad provoca que «cualquier pico de emisión sea recibido con cada vez mayor frustración». El modelo empleado por la universidad, sostiene, «utiliza promedios de una hora», cuando «el olfato humano detecta el olor en segundos». En ese sentido, el modelo «suaviza la realidad, al ocultar ráfagas intermitentes que son las que provocan la molestia extrema».

Esa hipersensibilidad provoca que «cualquier pico de emisión sea recibido con cada vez mayor frustración»

Además, asegura que en el estudio de la Universitat Rovira i Virgili se llevó a cabo «una captura de datos sesgada» y se emplearon «metodologías que invisibilizan los picos de emisión de amoníaco y otros compuestos orgánicos, perpetuando un impacto que la normativa ASG (Ambiental, Social y Gobernanza) moderna considera inaceptable».

En ese sentido, advierte de que «cualquier déficit técnico en dicho informe no solo es un error metodológico, sino una quiebra en la cadena de confianza y transparencia que el Plan director Sectorial de Prevención y Gestión de Residuos no peligrosos] debe garantizar a los ciudadanos de Eivissa».

No obstante, el Consell ha precisado que el estudio estaba destinado a detectar gases tóxicos, no gases malolientes.

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