Fiestas patronales
Viaje al centro del patrimonio hidráulico de Santa Eulària
El historiador ibicenco Antoni Ferrer Abárzuza ejerció este sábado de guía de algo más de una veintena de personas, que tuvieron la oportunidad de imaginarse, gracias a sus explicaciones, el aspecto que tuvo el entorno del actual Centre d’Interpretació del Riu de Santa Eulària, Can Planetes, cuando el agua del río servía para alimentar molinos y regar huertos

Visita guiada al entorno de Can Planetes en Santa Eulària / Vicent Marí

Santa Eulària puede presumir de tener uno de los patrimonios hidráulicos más ricos de Ibiza, como pudieron constatar todos los que participaron este sábado en la ruta guiada organizada por el Ayuntamiento de Santa Eulària en el marco de las fiestas patronales. El grupo, formado por algo más de una veintena de personas de la Villa des Riu y de otros municipios, contó con Antoni Ferrer Abárzuza como guía de lujo de esta excursión, que arrancó en el Centre d’Interpretació del Riu de Santa Eulària Can Planetes, en la falda del Puig de Missa.
Como contó él mismo antes de comenzar la actividad, el historiador ibicenco intervino en 2011 en la restauración de este molino, que el Ayuntamiento de Santa Eulària adquirió para convertirlo en un lugar de visita para explicar la historia y la importancia del único río de Balears y de todo el sistema que se creó en su entorno para regar fincas y moler cereales. Descubrir al público todo ese entramado de molinos, acequias, balsas y huertos era precisamente el objetivo del itinerario programado por Abárzuza, que dio comienzo en el interior de la antigua casa payesa con molino harinero conocida indistintamente como Molí de Dalt o Can Planetes.
Tecnología molinera de distintas épocas
Lo primero que hizo el investigador ibicenco fue explicar de forma simplificada el funcionamiento del molino de rueda vertical que se instaló en 2011, en sustitución de otro más antiguo del que solo se conservaba una rueda metálica oxidada. En la misma estancia donde está la actual maquinaria, Abárzuza mostró los vestigios de «un molino metálico inaugurado en torno a 1912» que perteneció al capellán Planetes y del que luego se hicieron cargo sus hermanas, que, además de dedicarse a moler cereales y pimentón, «eran cantadores».

Antoni Ferrer Abárzuza explica los distintos molinos que hubo a lo largo de la historia en Can Marines. / Vicent María
«El primer molino de rueda vertical que tenemos documentado, que luego fue sustituido por este metálico, es del siglo XVIII y se instaló siguiendo las indicaciones de un maestro molinero de Mallorca, un tal Florit», detalló Abárzuza. Antes de implantarse esta tecnología, allí se empleaba otra, sin duda menos productiva pero de más fácil mantenimiento, «el molino de rueda horizontal o de cubo». «El que hubo aquí podría ser del siglo XVII, pero anteriormente debió haber otro con un cubo más pequeño que seguramente es el que se menciona ya como Molí de Dalt en un documento de principios del siglo XIV y que probablemente era de época andalusí», señaló después, mientras se ponían en marcha las palas del actual molino, que reciben el agua del Canal des Molins.
Divididos en dos grupos, los asistentes alternaron las explicaciones del historiador con la lectura de los paneles informativos ubicados en otras dos salas del centro con datos sobre las distintas etapas de Can Planetes, el río y la flora y fauna del entorno.
La visita continuó en el exterior de la casa payesa para mostrar, en primer lugar, un tramo del Canal des Molins, que «probablemente hicieron constructores andalusíes en el siglo X». «Esta es la acequia que conduce el agua del río hacia el Molí de Dalt y en sus tiempos también la llevaba al Molí d’Enmig, Can Marge y al Molí de Baix hasta devolverla al río y, por el camino, regaba diferentes huertos del margen izquierdo del río», apuntó.
El negocio de una compañía mallorquina
Justo al lado de esta canalización se puede contemplar también la Sèquia des Mallorquí, que data de 1928 y que «permitió incrementar el regadío de Santa Eulària tres veces más». «La construyó una compañía mallorquina, que montó un negocio especulativo vendiendo horas de agua a los propietarios de las fincas por las que pasaba el conocido también como Canal d’Arabí. Esta empresa, que todavía no se ha estudiado a fondo, duró hasta los años 60», comentó.
Siguiendo el trazado de esta acequia, el grupo continuó andando hasta el Puig de Missa para disfrutar de una buena panorámica de s’Horta de Santa Eulària. Además de mencionar la Bassa de sa Roca, que irrigaba una zona donde no llegaba el agua del Canal des Molins, Abárzuza aprovechó para hablar del nombre de Santa Eulària. Este topónimo, apuntó, «está documentado desde 1243» y tendría su origen en una iglesia ya desaparecida situada en el Puig de s’Esglèsia Vella que fue sustituida más tarde por el templo del Puig de Missa.
En el porche de columnas situado frente a la entrada de esta edificación religiosa, el historiador explicó por qué se escogió esta ubicación para levantar la iglesia fortificada, que data del siglo XVI. «Justo debajo estaban los molinos, una zona donde había mucho trasiego de gente y hay que tener en cuenta que las personas eran el botín favorito de los corsarios turcos y norteafricanos, que luego reclamaban un rescate por ellos», señaló.
El grupo se detuvo más adelante para recrearse en otra vista panorámica de una zona antaño agrícola. El historiador fue apuntando diferentes elementos del patrimonio hidráulico que se pueden divisar desde allí, como el molino de Can Marge, con molino de agua y torre; o el Molí d’Enmig, actualmente en ruinas, que primero funcionó con el sistema de rueda horizontal, luego con el de rueda vertical y en tiempos más modernos con un motor de gasógeno. Del Molí de Baix explicó que en el siglo XVII fue un molino drapero, donde se bataneaban los tejidos de lana para aumentar su consistencia, flexibilidad y grosor.

El historiador muestra el Canal des Molins. / Vicent Marí
Después de referirse al Pont Vell, «documentado en el siglo XVIII, pero seguramente más antiguo», y al Pont Nou, construido en 1918, dedicó unos minutos a hablar del margen derecho del río. «Allí estaba el regadío del Torrent des lerns con acequia por la derecha y la izquierda y con más molinos», señaló.
Antes de finalizar el trayecto, también habló de la Sèquia de Vila, que se construyó a finales del siglo XVIII «para llevar agua dentro del pueblo de Santa Eulària y regar los pequeños huertos que tenían las viviendas».
La llegada de la luz a Santa Eulària
El itinerario concluyó en Can Planetes, donde Abárzuza puso la guinda a la actividad divulgativa con un par de anécdotas. «La luz llegó por primera vez a Santa Eulària gracias a una turbina eléctrica instalada en el Molí d’Enmig», comentó en respuesta a una de las preguntas de los asistentes.
La problemática de la vivienda también salió a relucir cuando el investigador ibicenco explicó el uso que tuvo Can Planetes después de dejar de funcionar como molino y antes de convertirse en centro de interpretación del río de Santa Eulària. Esta casa payesa, aseguró, se «estuvo alquilando por habitaciones para alojar a aquellos que venían de la península a trabajar en la isla a finales de los años 60 y en los 70».
Al hilo de estas consideraciones, Abárzuza habló sobre cómo con el paso del tiempo y el cambio de mentalidades y realidades también cambia el objeto de estudio de los historiadores. «El estudio de la historia es inacabable porque surge nueva documentación e intervenciones arqueológicas que pueden aportar datos que estén en contradicción con la información escrita existente, por tanto, no creo que la Inteligencia Artificial sustituya a los historiadores, porque, de momento, solo aporta datos, pero no piensa», lanzó como reflexión final.
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