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Entrevista | María Victoria Torre Jueza cesante del Tribunal de Instancia de Eivissa

María Victoria Torre: «La Justicia de Ibiza da vértigo, está congestionada y colapsada»

María Victoria Torre acaba de finalizar su trabajo de siete meses y medio como jueza sustituta en el Tribunal de Instancia de Ibiza. Después de su experiencia como profesora de Derecho, mediadora, asesora jurídica o empresaria, esta mujer polifacética quería conocer la justicia ibicenca por dentro y ha comprobado el enorme nivel de atasco que arrastra en su día a día. Durante esta etapa, breve pero muy intensa, su "prioridad máxima" han sido los casos de desahucio.

María Victoria Torres, jueza: «La Justicia de Eivissa da vértigo: está congestionada y colapsada»

Sergio G. Cañizares

Guillermo Sáez

Guillermo Sáez

Ibiza

Usted es una jueza atípica.Si algo tiene el juez sustituto, por lo menos en mi caso, es que tiene una visión bastante transversal de todo. Yo he sido asesora jurídica, ciudadana, justiciable, árbitro, mediadora, empresaria… Todas estas cosas te dan un bagaje que te permite ponerte en la situación del otro cuando estudias un caso y empatizar, siempre dentro de la imparcialidad. He intentado juzgar con agilidad porque nadie quiere estar sufriendo durante dos años con un tema.

¿Cuál es la radiografía actual de la Justicia en las Pitiusas?

La única palabra que me viene a la cabeza es congestión. La Justicia está colapsada. Al principio te da vértigo porque no eres consciente de la cantidad de casos que hay. Los funcionarios van hasta arriba y a nosotros se nos exige una media de 30 sentencias al mes. Yo he resuelto unas 50 al mes, 350 en total desde que me incorporé el 21 junio. Más luego los autos, las piezas de oposición a la ejecución, los recursos de nulidad… Tenemos de todo.

¿Y cuáles son los asuntos más habituales? ¿De qué manera se podrían aligerar?

Por parte del Tribunal Superior de Justicia se ha planteado algún filtro. Por ejemplo, el arbitraje de consumo sería perfecto. Para temas de energía eléctrica, de compañías telefónicas, de reclamaciones de vuelos, que tenemos un montón por retrasos y cancelaciones. También tiene que haber cierta concienciación por parte de las empresas para que esas reclamaciones sean viables y eficientes. Hace poco resolví un tema sobre un problema que tenía un juguete. ¿Tú crees que a esta señora, que compró ese juguete a su hijo por 100 euros, le compensa estar esperando cuatro años? No puede ser. Tras la bambalinas judiciales hay unos plazos para realizarlo todo con garantías y el funcionario tiene que ver si se cumple con todos los requisitos de la demanda. Es increíble estar cuatro años con un juguete, porque además tengo un contrato de arrendamiento por incumplimiento o un tema contractual que es un horror, asuntos a los que tienes que dedicar mucho más tiempo. ¿Y cómo gestionamos ese tiempo? Yo siempre he intentado ser ágil siguiendo las directrices del juez decano, Sergio González, que es un ejemplo de agilidad, una persona muy resolutiva.

A pesar de todos esos esfuerzos, de acuerdo al último balance trimestral del Consejo General del Poder Judicial (CPGJ), en los juzgados ibicencos hay 13.563 asuntos pendientes de resolver. ¿No es frustrante esa montaña de trabajo acumulado, que no mengua?

Sí que desmoraliza. Aunque haga cuatro sentencias y un auto en un día, por la puerta de atrás no dejan de entrar más asuntos, sobre todo sentencias directas, porque a veces no es necesaria la celebración de juicio porque la prueba documental es suficiente. Me refiero a esos casos comentados de reclamaciones aéreas o de otros temas como los micropréstamos, que también tenemos muchísimos. También hay mucho jaleo relacionado con las comunidades de propietarios. Luego hay temas contractuales que a mí me gustan especialmente porque dan un poquito más de juego jurídico. Pero da igual la complicación, el trabajo tiene que salir adelante igualmente.

¿Y algún caso que le haya impedido dormir por la noche?

Me ha pasado con algún desahucio. Ves a una persona que está en situación de vulnerabilidad y estudias los requisitos para ver si verdaderamente se puede suspender, pero es que inmediatamente también tienes que ponerte en la piel del propietario. Tienes que aplicar la ley, pero creo que he sido súper empática y súper humana. Yo siempre he facilitado la subsanación porque creo que el juez tiene un papel. Según el artículo 24 de la Constitución Española, ese papel es ofrecer una tutela judicial lo más efectiva posible. Esto a veces el legislador no lo tiene en cuenta. Es el juez quien está en contacto con las personas y vislumbra muchas incidencias. Está en contacto con el conflicto constante y al legislador a veces se le olvida que esto no es fácil y pone todavía más pegas para hacer una reclamación, por ejemplo.

La jueza, durante un momento de la entrevista. | TONI ESCOBAR

La jueza, durante un momento de la entrevista. | TONI ESCOBAR

¿Es posible lograr que el ciudadano recupere la confianza en la justicia? ¿O es idealista?

Es idealista. Vamos a partir de la base de que España es un sistema, de por sí, litigioso. Esto de los ADR, los alternative dispute resolution (métodos alternativos de solución de conflictos) no es algo que tengamos en nuestra cultura jurídica. Tenemos un sistema de ley civil que es codificado, normativo y siempre se ha confiado en el juez. No hemos sido partidarios de dejarlo en manos de un particular. A la gente eso le producía cierta desconfianza. Pero no por nada, por falta de información, por no saber que también puede haber un árbitro que puede resolver. Parecía que el juez podía con todo, que todo tenía que pasar por él. Cuando hay conflictos, uno tiene que elegir sus batallas. Yo he trabajado de mediadora y a veces los abogados han puesto impedimentos para remitirme la documentación. El juez remite a los mediadores un proceso, el mediador no logra ponerse contacto con el cliente, el proceso se demora cuatro meses y al final se vuelve a poner en marcha la vía judicial.

Y otra vez la pelota en el tejado del juez.

El juez no puede resolver más de lo que debe resolver. Debe haber unos filtros. Y también creo que es importante que la ciudadanía vea la otra cara del juez, de humanizar la Justicia. Es un poco como los médicos. Si a un médico de familia le dicen que solo tiene cinco o diez minutos para atender a un paciente, al final queda totalmente deshumanizado porque no le da tiempo a tener en cuenta la situación particular de cada uno. Yo no puedo resolver diez sentencias al día. Por mucho que sean reclamaciones de vuelos, tengo que mirarme la documentación. No todo debe remitirse al juez, insisto.

Es decir, que la figura del juez tiene mucha autoridad, pero eso también le condena a que todo tenga que pasar por él.

Uno también tiene que elegir sus batallas. Y aquí no digo que el ciudadano renuncie a sus derechos, al revés. Yo me considero una persona luchadora y animo a que la gente reclame sus derechos porque tenemos un sistema que está hecho para eso. Ahora bien, creo que la vía judicial no siempre es la vía adecuada. La Justicia no debería estar invirtiendo su tiempo en determinados conflictos, ya no sólo de pequeña cuantía, sino de determinadas cosas que se podrían resolver a través de la propia empresa o de la junta arbitral. Sería muy eficiente.

¿Va a ser de ayuda la nueva Ley de Eficiencia que acaba de entrar en vigor?

Por lo que hemos visto de momento, está siendo un poco desastrosa. Me pregunto si es de eficiencia o más bien de ineficiencia. Aquí ha habido un trabajo de interpretación de la ley por parte de los propios jueces, que están lidiando con los términos de la nueva ley. De ahí la importancia de poder facilitar la subsanación, porque el juez no puede ser una barrera de entrada a la hora de ofrecer una tutela judicial efectiva. Hay que tener un poquito de manga ancha, sobre todo al principio, porque estamos interpretando los términos en los que el legislador ha tratado de imponernos esta ley.

La vivienda es el tema estrella de Ibiza. ¿Se traslada esa importancia a los juzgados?

Yo siempre le he dado prioridad máxima y he intentado resolver lo antes posible. Me he encontrado casos de todo tipo, incluso casos en los que era el propietario el que estaba en situación de vulnerabilidad. No todos son grandes tenedores en Ibiza. No he tenido dos casos iguales de desahucio, todos han tenido sus particularidades. Hay una cantidad ingente de desahucios y tenemos que aplicar la ley, pero el problema es que la ley muchas veces no tiene en cuenta las circunstancias sociales que se están viviendo en un determinado municipio.

¿Esa prioridad con los temas de vivienda es compartida por todos los juzgados?

No lo hemos comentado y creo que en determinadas cosas sería importante una cierta unificación de criterios. Aunque es verdad que cada juez tiene su soberanía para decidir. Ahí hay una delgada línea roja.

¿Entiende que haya muchas viviendas vacías en Ibiza porque los propietarios tienen miedo a alquilar?

Lo entiendo. De nuevo, el legislador no tiene en cuenta la situación real de la sociedad. La sociedad evoluciona y las leyes también evolucionan, pero aquí se han quedado cortos y no los ponen difícil a los jueces, que somos los que tenemos que decidir, los que estamos en contacto con el conflicto constantemente.

¿Alguna vez le han dado ganas de tirarle el mazo a alguien en mitad de un juicio?

Por desgracia, no tenemos mazo, pero me he encontrado de todo... Por ejemplo, existe la figura del ‘abogánster’. Y ojo, me parece fenomenal, porque el abogado tiene que tener sus armas para todo.

¿Y hay mucho ‘abogángster’ suelto por los juzgados ibicencos?

Yo me he encontrado alguno, pero también he visto letrados que son unos artistas a la hora de montar una buena demanda, de articularla bien, súper clara. A mí me lo han puesto muy fácil todo los letrados y da gusto, porque eso también es facilitar la justicia.

Usted ha hecho una especie de Erasmus’ de jueza.

Totalmente.

¿Y qué va a hacer ahora? ¿Volveremos a verla trabajando de jueza?

Ojalá pudiera haber hecho más, pero creo que he hecho bastante viendo la inmensa cantidad de trabajo que hay. No descarto volver porque me ha gustado mucho y esta experiencia ha sido súper enriquecedora porque ves las cosas de otra manera. De momento, tengo mi empresa y seguiré dando clases en la universidad.

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