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Santa Gertrudis

Patrimonio de Ibiza: El agua vuelve a brotar en sa Fontassa

La fuente y los restos del sistema de regadío de sa Fontassa quedaron protegidos hace dos años, como Bien de Interés Cultural, con la unanimidad de todo el pleno del Consell. Con las lluvias de los últimos meses, el agua ha vuelto a hacer su aparación en este paraje, situado en una finca que durante años fue considerada una de las más ricas de toda la isla.

Josep Àngel Costa

Josep Àngel Costa

Santa Gertrudis

Los vecinos de Santa Gertrudis pueden volver a disfrutar estos días de una estampa habitual hasta los años setenta del siglo pasado y que es un fenómeno cada vez más difícil de ver en los últimos años: el agua vuelve a brotar en sa Fontassa, hasta el punto de que rebosa fuera de la cúpula que protege la fuente. Por si fuera poco, las lluvias de los últimos meses también han propiciado que el río de Santa Eulària, que nace en esta localidad, vuelva a llevar agua en su cauce.

Tanto la fuente como los vestigios del sistema de regadío que alimentaba pueden volver a contemplarse después de los desbrozamientos llevados a cabo entre 2020 y 2021, como paso previo para evaluar sus valores patrimoniales. De hecho, la imagen del agua brotando por este paraje coincide con el segundo aniversario de la protección de todo este conjunto como Bien de Interés Cultural (BIC), con la categoría de lugar de interés etnológico, un hito logrado gracias a la presión vecinal.

Los orígenes

Sa Fontassa se encuentra al este del núcleo urbano de Santa Gertrudis, en el tramo inicial que después se convierte en el canal de Fruitera y desemboca en el torrent de sa Llavanera. El estudio histórico que avaló su declaración como BIC apunta que esta fuente posibilitó la población de este paraje y la creación de explotaciones hortofrutícolas.

Hasta el abandono de la actividad agrícola con la explosión turística, sa Fontassa alimentaba un sistema de regadío similar al de es Broll de Buscastell. En este caso, con un entramado de acequias que llenaban hasta siete balsas para otros tantos huertos: sa Fontassa de Baix, Ca na Pujoleta, Cas Ferrer, es Canal des Mossènyer, Can García, Cal Vicari y el safareig de Fruitera.

Los vecinos dejaron de vivir del campo y la vegetación invadió el terreno. Por si fuera poco, en 1997 se construyó la depuradora de Santa Gertrudis en ese paraje, con lo que fue cayendo aún más en el olvido.

Hay un detalle que pone de relieve hasta qué punto llegó el abandono: en un libro sobre los pozos y fuentes de la isla de Ibiza, el capítulo dedicado a sa Fontassa no se ilustra con la fuente que le da nombre, sino con un conducto que pasa por debajo de un pequeño puente a menos de un centenar de metros.

La angosta entrada a la bóveda que protege la fuente.

La angosta entrada a la bóveda que protege la fuente. / Vicent Marí

Esa confusión fue habitual hasta que comenzó la campaña vecinal para reivindicar la protección de sa Fontassa. El primer paso surgió a raíz de las quejas por la degradación de la vieja depuradora de Santa Gertrudis.

Aunque se había clausurado en 2013, también gracias a la presión de la Asociación de Vecinos de Santa Gertrudis, nadie se había preocupado de desmantelar las instalaciones abandonadas. El Govern balear y el Ayuntamiento de Santa Eulària se achacaban, mutuamente, esa responsabilidad, mientras que la antigua planta se convertía en un peligroso foco de botellones en plena masa forestal.

Paralelamente, la asociación vecinal se reunió en enero de 2020 con el Consell de Ibiza para proponer la protección de sa Fontassa, que en su momento fue considerada una de las fincas más ricas de la isla. De hecho, en las primeras décadas del siglo XX, los majorals de esta explotación llegaron a contratar por su cuenta a otros aparceros.

Evaluación histórica

Tras un primer desbrozamiento, que dejó a la vista una parte del antiguo sistema de regadío, se encargó un estudio en profundidad al historiador Antoni Ferrer Abárzuza.

Tal y como recopila este documento, en 1998, cuando el paraje ya estaba invadido por la vegetación, se recogieron fragmentos cerámicos de época andalusí. A pesar de este origen árabe, la mayor parte de la infraestructura en piedra es más reciente y se habría levantado entre los siglos XVIII y XIX.

El dictamen de Abárzuza avaló la posterior declaración como BIC de sa Fontassa, que fue aprobada por unanimidad por el pleno del Consell en febrero de 2024. Un año y medio antes, ya había quedado desmantelada la depuradora, de la que ya no queda ningún rastro entre un pinar. Pese a cumplir con sus objetivos, los vecinos echan de menos un mantenimiento adecuado y la recuperación de los viejos canales y las balsas que dieron esplendor a esta zona.

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