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Campaña de bicicletas solidarias

200 bicicletas ponen rumbo de Ibiza a Senegal para hacer sonreír a los niños

Alba Pau, de la Fundación Conciencia, impulsa una campaña para enviar 200 bicicletas al colegio Mare Paule Lapique de Senegal, tras las iniciativas en Marruecos y Tanzania

La iniciativa de Alba Pau vuelve a Senegal con un tercer envío de bicicletas desde Ibiza

Sergio G. Cañizares

Claudia Marí Prats

Claudia Marí Prats

Santa Gertrudis

La ilusión y la sonrisa de un niño al recibir una bicicleta. Esa es la "gasolina" que impulsa a Alba Pau, de la Fundación Conciencia, a realizar un año más esta iniciativa solidaria de recolección de bicicletas. Tras las campañas pasadas en Marruecos y Tanzania, este año será el colegio Mare Paule Lapique, de la localidad senegalesa de Sanghé, en la región de Thiès, ubicada a una hora y cuarto de la capital Dakar, la destinataria de las 200 bicicletas recaudadas. "Los vecinos ya me conocen y me pregutaban si este año iba a hacer lo de las bicicletas, por lo que en diciembre me puse a trabajar con ello", explica Pau.

En la mañana de este viernes, como cualquier otro día en las últimas semanas, el Punt Jove de Santa Gertrudis, cerca de una cincuentena de bicicletas se encuentran estacionadas en la entrada de un local que el ayuntamiento de Santa Eulària ha cedido a Pau para gestionar el stock de bicicletas recibido. Pau y su amigo y colaborador Toni Sastre, junto con su equipo de cuatro trabajadores que les ayudan con las reparaciones, clasifican estas bicis en función del estado en el que se encuentran. En el interior del almacén, los cuatro integrantes del equipo entran y salen del almacén y trabajan a pleno rendimiento. En un lado, todas las que están ya listas y en perfecto estado. En otra esquina, las que necesitan alguna reparación. Y en medio, un par de ellos trabajan con las ruedas de una de las bicis y el sillín de otra. En total, son 300 las bicicletas que Pau ha conseguido recopilar en esta campaña,

El objetivo de esta iniciativa es enviar a los niños y adolescentes de este colegio de Senegal las bicis para que puedan desplazarse a clase o a comedores sociales más lejanos de su casa. "La bici es un elemento que nunca se tira, se guarda en el garaje o bajo un algarrobo, aunque no les demos uso. Yo misma tenía algunas sin usar que he traído también", recalca Pau. La coordinadora se muestra satisfecha por la respuesta que está teniendo la gente en esta campaña. "Cuando se trata de una causa solidaria, la gente se vuelca", afirma. Sobre la clave de esta movilización, dice, la ayuda de uno de sus amigos ha sido clave. "Él es mucho más digital que yo y puso un anuncio en redes sociales y enseguida empezaron a llegar mensajes", cuenta.

Un hombre repara una de las bicicletas donadas

Un hombre repara una de las bicicletas donadas / Sergio G. Cañizares

Detrás de cada bicicleta, cuenta Pau, hay una historia personal. "Recuerdo una chica que nos contaba que la bici que nos entregaba era la última cosa física que le quedaba de su padre, pero decía que estaba segura de que él estaría contento de verla otra vez en uso y por una causa solidaria", explica Pau. En otro caso, una mujer llamó a Pau para preguntar si podía comprar una bici nueva y donarla, ya que no disponía de ninguna pero quería colaborar. También gente mayor, que vive en el campo y tiene dificultades para desplazarse. "Nos decían que tenían una bici pero no un transporte para llevarla, por lo que las fuimos a recoger". La propia Pau, recuerda, tiene un vínculo especial con la bicicleta desde su infancia. "Nací prácticamente con una bicicleta en el culo", cuenta entre risas Pau, quien rememora su infancia montada en bici en su localidad natal de Banyoles, en Girona. "Entonces todos teníamos una bici y nos íbamos con ella al lago. E íbamos en bici siempre, nadie caminaba", rememora. "En Girona hay mucha cultura de bici además", añade Pau, quien cuenta que la provincia cuenta con hoteles que tienen espacios dedicadas exclusivamente para dejar las bicis de los cicloturistas.

También ayuntamientos como los de Vila, Sant Antoni y Santa Eulària han aportado su granito de arena en esta iniciativa. "Nos han entregado entre 10 y 20 cada uno. Suelen ser bicis que encuentra la Policía Local abandonadas o que requisan tras ser robadas y que no han sido reclamadas en un tiempo", explica. La propia Pau ayuda día a día en el taller, aprovechando sus días de vacaciones en esta época del año para sacar adelante este proyecto. "Tengo el restaurante y sigo en activo, si no lo hago ahora no tengo el tiempo para sacarlo, es mucho trabajo", reflexiona.

300 bicicletas recibidas

"Tenemos ahora mismo unas 300 bicicletas aquí en el almacén, aunque no las vamos a poder enviar todas", explica Pau. La iniciativa acepta bicicletas en cualquier estado, haciéndose cargo de aquellas que estén en peores condiciones. "Hay algunas que a lo mejor no las podemos reparar enteras, pero sí tienen piezas que se pueden aprovechar para otras. Se puede recuperar, por ejemplo, el sillín para esta que no tiene", cuenta señalando una de las que se encuentran en la entrada sin el mencionado asiento. "Todo lo que se puede aprovechar, se utiliza", afirma. El contenedor que recogerá estos vehículos tiene capacidad para 200 de ellas, por lo que "vamos a hacer todo lo posible para aprovecharlo y llenarlo", cuenta la coordinadora. De momento, son 125 las que están reparadas y listas para viajar a Senegal. "Esta semana llegará el contenedor. Una vez aquí haremos el tetris para colocarlas todas bien y que quepan y viajarán primero a Valencia, después a Canarias y de allí a Dakar. De allí un camión las transportará al colegio".

El colegio de destino de estas bicicletas no es desconocido para Pau. En anteriores ocasiones ha colaborado con ellos con donaciones de ropa y material escolar y rememora el inicio de su relación con el centro con una simpática anécdota. "Fui a la boda de una chica senegalesa que vivía en Ibiza y se casaba allí, y entre los amigos que íbamos, de Madrid, Ibiza y Baqueira, decidimos recopilar material para donar a la escuela. Y por casualidad, hablando con la hija de una amiga que es doctora, resultó que era el mismo colegio al que suele ir ella a curar a los niños", cuenta Pau.

Algunas de las bicis donadas en el Punt Jove de Santa Gertrudis

Algunas de las bicis donadas en el Punt Jove de Santa Gertrudis / Sergio G. Cañizares

Mientras recuerda la historia, llega al almacén Sastre en una furgoneta cargada con otra veintena de bicicletas más. "Estas son las han dejado entre ayer y esta noche en el restaurante Can Pau, donde también se puede hacer la entrega de bicis", recuerda Pau. Entre las bicis que van sacando, analiza mentalmente cuáles pueden repararse por completo y de cuáles podrán aprovechar algún elemento. Aunque también las hay que se han donado en perfecto estado. "Esta directa para la zona de las que ya están listas, tiene hasta las ruedas completamente hinchadas", observa Sastre. También hay entre las bicis recién llegadas una para niños pequeños que aún están aprendiendo a montar y funcionan sin pedales. Se encuentra también en perfecto estado. "Hay un hombre que se dedica a buscar bicis abandonadas, las repara y nos ha traído alguna también", explica sonriente Pau.

El activismo de Pau con las causas sociales comenzó de bien joven. "Vengo de una familia religiosa y de joven éramos un grupo de chicas que ayúdabamos a repartir comida", explica. Poco a poco esta actividad hizo que se fuera vinculando y haciendo de la solidaridad una forma de vida. Asentada en Ibiza y "cuando ya mis hijos salieron fuera a estudiar", se vinculó con organizaciones como la Asociación de Personas con Necesidades Especiales de Ibiza y Formentera (Apneef), y posteriormente con la Fundación Conciencia. "Allí es donde tenemos el trabajo más duro, con niños que han sufrido agresiones sexuales y bullying", lamenta Pau.

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