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Fiestas Patronales

Día grande de Santa Eulària: "Me voy a tener que poner piedras en los bolsillos"

El fuerte viento obliga a cancelar parte del programa festivo, pero sí se celebran la misa, el ball pagés y el concierto de la Plaza de España

Samia Khenien

Samia Khenien

Ibiza

Entrar a la parroquia del Puig de Missa ha sido toda una odisea para los asistentes a la misa con ocasión del día de Santa Eulària: la mayoría de miembros del coro entran dando portazos involuntarios, saludando con un “bon dia” y bromeando: “Miquel, no te ha tirado el viento, ¿no?”, o la respuesta de un hombre totalmente calvo al ver a una señora peinarse, “a mí también se me ha volado el flequillo”, que provoca la risa de toda la sala.

Tras una madrugada en la que ha sido complicado dormir por los silbidos del viento, las campanadas de la Iglesia repican a las nueve en punto, durante cinco minutos sin descanso, y se oyen por todo el pueblo, en un radio del Puig de Missa al club naútico de Santa Eulària. Lo que parecía un día despejado, sin una sola nube y un sol que calienta los músculos, resulta que mantiene las malas rachas de viento durante toda la mañana y el mediodía.

El mar, que se muestra más calmado hacia la costa, se alza con crestas blancas en el fondo de la bahía de Santa Eulària. Las rachas son tan fuertes que crean lo que parecen lagos de vapor en algunas zonas, por la velocidad con la que se corta el agua. Incluso así, el sol no cesa de brillar y forma cristales luminosos en el mar azul. Dos bañistas disfrutan de la playa como si no hicieran unos 10 grados centígrados y una ventada de más de 40 kilómetros por hora.

El pueblo por la mañana

Para la mayoría del pueblo es un día festivo, pero hay algunos que son llamados a trabajar igual: repartidores, limpiadores, camareros y basureros hacen su jornada como si fuera un jueves cualquiera. Quienes sí que libran son los oficinistas del banco, donde un hombre lamenta la festividad ya que no sabe sacar dinero en efectivo desde las máquinas y requiere la ayuda de quien pasa por el lugar: “Ojalá me puedas ayudar cien años más”, agradece el señor.

Una madre con su hijo, otros paseantes con perros... poca gente se acerca al paseo S'Alamera a primera hora. En la plaza España, unos técnicos comprueban el escenario, que no ha sido castigado por el viento, en contraposición a algunas banderolas del Ayuntamiento de Santa Eulària, que lejos de ondear tranquilos, se encuentran enganchados al balcón del edificio.

El Puig de Missa

Un taxista sube a una cantante del coro hasta el Puig de Missa. Cuando sale del taxi, se le vuelan las partituras de 'Els Goigs de Santa Eulària', que son los únicos cantares que no se sabe de corazón: “Se me han escapado de las manos sin darme cuenta”. Entrar al Puig de Missa se ha vuelto en el día de hoy un deporte de riesgo: el viento sopla con tanta fuerza en las escaleras finales para alcanzar la entrada, mantener el equilibrio con la repisa de piedra es una obligación: “Me voy a tener que poner piedras en los bolsillos”, ríe una mujer, mientras lucha por mantenerse de pie. Otro corista de la tercera edad advierte: “Más difícil será bajar”.

Antes de la práctica solo se encuentran en la Iglesia el mosén, un joven que le ayuda a preparar la misa y posiblemente la mitad de los miembros del coro, que van llegando a cuenta gotas. La parroquia huele al ramo de flores frescas posadas ante la estatua de Jesucristo con la cruz. En el coro son una cincuentena, aunque “normalmente no vienen todos, hoy seguramente habrá más”, explica Marga, una de las cantantes.

La tercera edad va vestida con sus mejores galas: un abrigo violeta fucsia, un poncho blanco con forma de red, una camisa de leopardo, un broche con forma de pájaro, otro de perlas, pendientes de oro, bolsos de lentejuelas, chales de múltiples colores y pocos gorros y los pocos que hay, más bien en la mano de los portadores.

Foto de la misa del día de Santa Eulària

Foto de la misa del día de Santa Eulària / Vicent Marí

Los seis primeros bancos se encuentran reservados para la colla de ball pagès es Broll y los cargos oficiales. Estos primeros, incluidos infantes, jóvenes y mayores de todas las edades, aparecen ataviados de los trajes tradicionales ibicencos: joyas de oro, trenzas cubiertas por pañuelos e incluso gorros que desafían al viento, cintas en el cabello de todos los colores posibles, múltiples faldas hasta el suelo para las mujeres y niñas, y para los hombres y niños el pantalón y la camisa blancos, chalecos negros y gorras rojas, además de espardenyes para todos. Entre los cargos oficiales asistentes están la alcaldesa de Santa Eulària, Carmen Ferrer, el alcalde de Ibiza, el presidente del Consell, el senador por Ibiza y Formentera y mandos de la Policía Local, Policía Nacional y la Guardia Civil.

La misa del día de Santa Eulària

A las 11 y dos minutos, la parroquia está a rebosar, las payesas se han puesto pañuelos blancos que cubren sus cabezas y entran los payeses tocando la flauta, el tambor y las castanyoles, seguidos por los oficiales, con las estatuas de Santa Marta y Cristo mirando sobre todos. Después pasan los sacerdotes, seguidos por el obispo de Ibiza, Vicent Ribas. Tras el encendido de velas e incienso, su olor cubre al de las flores.

La misa transcurre sin más dilación y destaca el diálogo entre el coro, las lecturas del evangelio y la música tradicional ibicenca. Con motivo del día de Santa Eulària, el obispo destaca el significado de la patrona del pueblo: ‘la bien hablada’, insta de esta manera a los asistentes a hacer un buen uso de sus palabras y no aprovechar su voz para instigar al mal. Asimismo, el párroco abre una petición en torno a la construcción de un colegio católico en el municipio de Santa Eulària, para el cual ya tienen el terreno, pero faltan 6 millones de euros para poderla llevar a cabo, además de profesionales que puedan trabajar en él. Anuncian, a su vez, la suspensión de la procesión hasta el pueblo, aparte de realizar el baile payés solamente en la plaza de España. Los asistentes, finalmente, se saludan con un apretón de manos, un abrazo o un saludo a distancia voceando “la paz sea contigo”.

A la salida de la misa se reparten buñuelos y moscatel a quienes quieran. El viento empuja a un señor con tal fuerza que cae intentando bajar las escaleras, pero, "gracias a Dios", el hecho transcurre sin más complicaciones.

Payesas luchando contra el viento para bajar del Puig de Missa

Payesas luchando contra el viento para bajar del Puig de Missa / Vicent Marí

A la Plaza de España

En la bajada, algunos miembros de la colla de Es Broll bromean que “para bailar será interesante”, dada la fuerza del viento. Ya en la plaza de España, los niños, que no han podido disfrutar de los juegos, disfrutan del concierto de IMA, grupo con vocalista femenina, que toca algún cover de los Beatles entre otros temas estilo jazz. Durante el concierto, una rama de palmera cae sobre una mujer que no resulta herida, pero que no quita que los más cercanos a los árboles decidan dar un paso atrás.

Finalmente, en la pausa del grupo musical, salen a bailar la colla de Es Broll. Actúan durante unos veinte minutos, diferentes parejas, tríos y formaciones tradicionales. Además, para el último sacan a bailar a la alcaldesa, entre otras mujeres. Cuando acaba el baile, algunos de los músicos de la colla explican como han vivido este día mayor de Santa Eulària, “la única diferencia ha sido que no se ha podido bailar en la plaza del Puig de Missa por miedo a que cayera alguna rama”, comenta Miquel de Es Broll, uno de los organizadores y miembros más activos. El hombre lleva más de cincuenta años tocando, pero se le suman en la colla chicos más jóvenes como Germán de Cas Campaner que lleva unos tres años tocando, Oliver "casi dos" y uno de los niños más pequeños “muy poco”, pero Miquel advierte que “ya es un castanyoler buenísimo para la edad que tiene”.

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