Patrimonio
Un recorrido por la historia de Ibiza a través de sus murallas y baluartes
Vila estrena los 'Itinerarios patrimoniales' de 2026 con una visita guiada por los baluartes de Sant Pere, Sant Jaume, y el centro de interpretación Medina Yabisa, en un recorrido que explica la historia de la ciudad

La arqueóloga Carmen Mezquida explica la historia de las murallas de Ibiza / Toni Escobar

"La gente no se da cuenta, pero tenemos una joya aquí en Ibiza", cuenta Carmen Mezquida, historiadora y arqueóloga encargada de guiar la primera jornada de los itinerarios patrimoniales por Dalt Vila organizados por el Ayuntamiento de Vila con el fin de acercar la historia de la isla a los ibicencos. El programa, que se estrena con una visita por los baluartes de Sant Pere, Sant Jaume y el centro de interpretación Medina Yabisa, contempla realizar una ruta cada mes para "investigar un poco más de cada rincón".
El Portal Nou, en el Parc Reina Sofia, es el punto de encuentro de esta primera ruta. "Voy a intentar que no salgamos todos volando", bromea Mezquida ante las fuertes rachas de viento de este sábado, que a pesar del sol hace que la sensación sea de frío. "Seguro que dentro de las murallas nos resguardaremos más", le responde una mujer. Se trata de Rosa Vallès, geógrafa y profesora de historia jubilada, gran conocedora de la historia de Ibiza, que se une a Mezquida en las explicaciones de Dalt Vila, respondiendo dudas de los asistentes.

El itinerario comenzó el el acceso a Dalt Vila por el Portal Nou / Toni Escobar
Cuenta Mezquida que por Ibiza "han pasado muchas culturas" y que, además de la muralla renacentista, hay también restos de la muralla islámica y se sabe de la existencia de una púnica, enterrada bajo la islámica. Con la aparición de las nuevas armas de guerra, en el siglo XVI, el rey Felipe II ordenó la edificación de esta nueva muralla, para la que contrató los servicios del ingeniero italiano, Giovanni Battista Calvi. En aquella época, los italianos tenían fama de ser los mejores especialistas en este tipo de construcciones y la ciudad vivía bajo la amenaza de los ataques de piratas, otomanos y enemigos como Francia o Inglaterra a través de sus corsarios.
Esta entrada a Dalt Vila, por el Portal Nou, cuenta Mezquida que es su favorita. "En primer lugar, porque desde abajo es difícil ver que aquí hay una entrada. En caso de verla, había poco espacio para situar un ariete con el que derribar la puerta. Y, por último, si aún así lo conseguían, había una segunda puerta que derribar a la vez que se les tiraba piedras y agua hirviendo desde arriba", explica la arqueóloga. En esta nueva muralla se construyeron baluartes en lugar de torres, unas estructuras que facilitaban la defensa de la ciudad en el caso de ser atacada. En el baluarte de Sant Pere se encuentra actualmente un centro de interpretación, aunque no siempre ha sido así. "En los años 70 aquí había una discoteca", explica Mezquida, para asombro de muchos asistentes. "Yo misma vine en alguna ocasión de joven", cuenta una mujer entre risas. "Y la guerra entonces era diferente", recalca la arqueóloga. "Ya no eran necesario murallas tan altas puesto que los cañones las podían tumbar, sino muros que fueran más resistentes".
De sa Caleta a Ibiza
En este baluarte, Mezquida explica cómo los fenicios se asentaron por primera vez en la isla en el poblado de sa Caleta, que finalmente abandonaron "de forma pensada". "No tenían posibilidades de crecer allí y descubren que en Ibiza tienen un enorme puerto y campos que cultivar", cuenta. La visita continúa por la calle de Sant Josep, donde se puede ver la muralla islámica. A diferencia de la renacentista, se observan restos de cal, cerámica y piedra machacada, materiales con la que la construían. Frente a la muralla, se encuentra el espacio museográfico de Santa Faç, actualmente cerrado al público por las pasadas lluvias. "Esto era un foso de defensa islámico", explica la arqueóloga. Vallès se anima a intervenir también para comentar a los asistentes la historia de la iglesia de L'Hospitalet, junto a los restos de Santa Faç, un edificio que "recuerda a las iglesias rurales por tener una estructura defensiva".

Explicación de Mezquida en el acceso por el Portal Nou / Toni Escobar
Subiendo por la calle de la Conquista, el itinerario llega a la capilla de Sant Ciriac, lugar por donde, según cuenta la tradición popular, entraron las tropas cristianas en su conquista de Ibiza en el año 1235. "Y digo cristianos por evitar polémicas", ríe Mezquida. "Fueron los catalanes", interviene Vallès. "Jaume I era rey de la Corona de Aragón, pero la conquista la realizaron los condes catalanes", continúa, y prosigue un bonito debate entre la arqueóloga y Vallès sobre los orígenes del rey y sobre por dónde pudieron haber entrado realmente las tropas durante la conquista.
Entre las explicaciones de Mezquida y Vallès, dos mujeres apasionadas de la historia que hacen las delicias de los asistentes, la hora se va echando encima. La visita al centro de interpretación Medina Yabisa, antigua casa de la curia durante el siglo XVI y en la que se conservan restos de la muralla islámica, sirve de refugio climático para los visitantes, que aprovechan para entrar en calor unos minutos antes de enfrentarse de nuevo al frío viento en la plaza de la Catedral. Aquí, Mezquida pide a los asistentes que se fijen en un elemento que suele pasar desapercibido: una piedra redonda situada frente a las puertas de la catedral. "Esto es el 'Me acojo a sagrado'. Antiguamente, si alguna persona perseguida por la justicia tocaba esta piedra era acogido por la iglesia y no le podían detener. Hay constancia en la torre de que gente se acogió a sagrado", explica la arqueóloga.

Los asistentes miran un vídeo en el acceso al baluarte de Sant Pere / Toni Escobar
La visita termina en el baluarte de Sant Jaume, donde el viento hace casi imposible permanecer de pie. "Este es mi baluarte preferido", exclama Mezquida. "Desde aquí podemos ver los cuatro bienes declarados patrimonio de la humanidad en Ibiza: las murallas y el conjunto de Dalt Vila, la necrópolis de Puig des Molins, la posidonia en el mar y, al fondo, el poblado fenicio de Sa Caleta", explica. De regreso al punto de inicio, Vallès y Mezquida reflexionan sobre las cualidades defensivas de las murallas renacentistas. "Fueron muy disuasorias, nadie se atrevió a atacar aquí, lo que no significa que no hubiera ataques en los campos de alrededor o en otros pueblos", afirma Vallès, quien explica que las iglesias de Sant Antoni, Santa Eulària, Sant Miquel y Sant Jordi, las más antiguas de la isla, eran fortificadas para protegerse de ataques. "La de Santa Eulària, incluso, tenía cañones, lo que indica que padecieron muchos ataques", añade Mezquida.
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