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Violencia de género

Condenado a 13 años de cárcel por desatar un infierno contra su pareja en Ibiza

El agresor instauró un clima de terror en la pareja, con constantes episodios muy violentos que han dejado numerosas secuelas en la mujer

Imagen de es Canar, donde se produjeron varios episodios

Imagen de es Canar, donde se produjeron varios episodios / Vicent Marí

Guillermo Sáez

Guillermo Sáez

Ibiza

Un hombre ha sido condenado a trece años y medio de cárcel por cometer un total de 19 delitos contra su pareja en Ibiza durante una relación que se prolongó durante 18 meses, entre junio de 2018 y diciembre de 2019. La Audiencia Provincial de Palma ha rechazado el recurso interpuesto por la defensa y ha confirmado íntegramente la sentencia dictada por el Juzgado de lo Penal número 2 de Ibiza, que también obliga al condenado al pago de una indemnización de 22.587 euros.

El recuento total de delitos es el siguiente: diez de maltrato agravado, cuatro de maltrato en el ámbito familiar, tres de amenazas, uno de violencia habitual y uno de coacciones. Así se desgrana penalmente el clima de terror que el hombre instauró en la pareja y que le llevó a cometer más de un delito al mes de media durante el tiempo en que se prolongó la relación, hasta que ella, tras el enésimo episodio, finalmente reunió fuerzas para presentar una denuncia ante la Guardia Civil.

En la lista de secuelas que arrastra la mujer por ese año y medio de pesadilla figuran ataques de pánico recurrente, temblores, baja autoestima, hipervigilancia, hipoactividad significativa en su vida cotidiana, miedo intenso, insomnio, pesadillas y estrés postraumático prolongado. Por todo ello, sigue recibiendo tratamiento psicológico y psicoterapia, pero fuera de Ibiza, ya que tuvo que abandonar la isla por miedo a encontrarse algún día con el ahora condenado.

«Te vas a comer la mesa»

De acuerdo a los hechos probados que describe la sentencia, la relación comenzó en junio de 2018 y transcurrió con normalidad durante tres meses. A partir de ese momento, el hombre instauró «una relación de control y dominio total sobre la misma, ejerciendo toda clase de presión psicológica». Pronto, ese proceso «desembocó también en agresiones contra su integridad física, cada vez más frecuentes y cada vez de mayor intensidad».

La actividad cotidiana de la pareja empezó a basarse en «gritos, insultos, golpes en muebles y tirar objetos al suelo» por parte de él, actos que solían ir seguidos de «agarrones violentos, zarandeos, empujones hasta tirarla al suelo, para luego arrastrarla, así como también algún que otro golpe directo» sobre la mujer, que tenía 30 años en aquel momento.

Entre las expresiones y amenazas «continuas» que el hombre profería para consolidar su férreo control se contaban las siguientes: «Si no quieres que te parta un dedo...», «métete ahí dentro y cierra la puerta», «como abras la ventana sales por ella disparada», «es que me dan ganas de hundirte la cara por hija de puta» o «te vas a comer la mesa entera». Asimismo, en varias ocasiones, la encerró en casa y le quitó el teléfono para que no pudiera pedir ayuda. También la había obligado a que le diera el pin de desbloqueo del terminal, que le requisaba en numerosas ocasiones.

Tortura en un hotel

Después varios episodios iniciales con bofetones, empujones y agarrones de todo tipo, la víctima decidió marcharse del domicilio y pernoctar en un hotel de Santa Eulària. Sin embargo, no lo consiguió, ya que el agresor se presentó allí y desató un episodio de auténtica tortura. La empujó contra un armario, la inmovilizó y haciendo uso de la llave del hotel, tipo tarjeta crédito, le hizo varias heridas incisas en la espalda y en un brazo. Ante los gritos y ruidos, hizo bajar a la mujer a la recepción para que dijera que tenía pesadillas. Acto seguido abandonaron el establecimiento y a la una de la mañana ya estaban de nuevo juntos en casa.

En octubre de 2019, ya en la recta final de la relación, se produjo otro episodio de terror, esta vez a bordo de un coche. Tras una cena con amigos en un restaurante de es Canar, la llamó «puta de mierda», le requisó el teléfono y la metió en el coche. Arrancó y empezó a conducir a toda velocidad, dando volantazos.

Cuando detuvo el vehículo, ella abrió la puerta y empezó a correr, pero él la persiguió, la alcanzó y la metió de nuevo en el coche, con tal fuerza que la cabeza de la mujer impactó contra el espejo retrovisor y este salió volando. Tras otra serie de golpes por todo el cuerpo, volvió a arrancar el coche y comenzó de nuevo a conducir a toda velocidad gritando que los dos iban a morir estrellados.

Amenaza con un cuchillo

El 23 de noviembre de 2019, llegó la antepenúltima gota que colmó el vaso. Ella quería marcharse de casa tras una nueva discusión, a lo que él reaccionó agarrando un cuchillo grande y amenazándola de la siguiente manera: «Como te marches de la casa te voy a cortar el cuello. Con unos cortes en la cara seguro que estarías más guapa». Y al día siguiente, la penúltima. El agresor le pegó una bofetada y ella salió a la carrera para encontrarse con su madre, a la que «no le dijo nada de lo sucedido». Esa fue la última vez que se refugió en el silencio.

El 1 de diciembre, por fin logró lanzar un aviso en AlertCops, la aplicación oficial de seguridad ciudadana de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Lo hizo refugiada en un baño del domicilio de los padres del condenado. Ahí se había parapetado después de otro episodio de violencia, esta vez con una lata de bebida lanzada a su cabeza, seguida de una nueva amenaza de muerte. Agentes de la Guardia Civil acudieron al domicilio y detuvieron al hombre, mientras que la mujer fue trasladada al hospital, donde por fin presentó la primera denuncia por maltrato.

Durante el juicio, la defensa del acusado intentó impugnar la validez de las pruebas, cuestionando las fotografías de las lesiones y los audios aportados por la víctima. Sin embargo, la Audiencia ha sido contundente: las imágenes son plenamente válidas al coincidir con los tatuajes y marcas en la piel de la denunciante, y los audios fueron reconocidos por el propio acusado durante la vista.

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