Residentes en Ibiza
Paco Ortiz López, andaluz que lleva más de 50 años en Ibiza: “Esta es mi tierra y nadie me va a echar ni muerto”
La gastronomía, la vida de barrio y la Semana Santa son algunas de las cosas que añoran los andaluces que viven en las Pitiusas

Feria andaluza de Ibiza del pasado año. / Vicent Marí

¿Qué echan de menos los andaluces que viven —o han vivido— en Ibiza? ¿Qué les sorprendió al llegar a la isla? La pregunta lanzada a través de las redes sociales ha desatado una cascada de recuerdos, nostalgias, declaraciones de amor cruzadas… y también alguna que otra tiradera. Un recopilatorio de casi un centenar de testimonios de la relación entre los andaluces y la isla.
El perfil de Pavimentos Estación de Cártama abre el fuego recordando cómo el ejército lo llevó de Málaga a Ibiza, que terminó siendo su “segunda casa”. Vuelve dos veces al año, presume de amigos, calas, gastronomía y de un ambiente “sano”, con tres citas marcadas en rojo en su calendario: mayo para la "fiesta del castillo" [se refiere a la Eivissa Medieval] y julio para perderse por las calas.
Por otro lado, hay quien añora absolutamente nada de menos, como José Castillo Torres, andaluz llegado a la isla en 1980, que reparte su tiempo entre Córdoba e Ibiza y con un emoji de hombros encogidos, asegura: “La verdad, no echo nada de menos”. Para otros, las raíces pesan, aunque se viva lejos. Diego Torres, nacido en Ibiza en 1968, pero “andaluz de condición y de corazón”, cuenta que vuelve cada año a Andalucía y que sus hijos tienen muy claras las raíces familiares.
El tono más cómico lo pone Van Camp, que tira de acento y salero para confesar que lo que más se echa de menos es “esa forma de hablá, miarma”, el pescaíto frito crujiente y el café al sol "sin reloj ni prisas".
Nostalgia gastronómica y humor
Otros destinan el espacio para compartir historias de agradecimiento, como la de José Hinojo Domene, que llegó hace 45 años desde un pequeño pueblo de Almería. Destaca la acogida y "el buen trato de los ibicencos y la belleza de la isla", aunque admite que los orígenes nunca se olvidan y que Andalucía "sigue muy presente gracias a la familia". Lo mismo pasa con Mariana Lara Pérez, sevillana, que vivió 16 años en Ibiza y guarda aquí “los mejores años de su vida”. Tuvo que volver a Sevilla, pero sueña con regresar. Está enamorada de las calas, los atardeceres y, sobre todo, del invierno ibicenco. “Soy andaluza, pero me siento muy ibicenca”, confiesa.
También hay quien mira al futuro con ilusión y hace declaraciones de intenciones, como Lucho Martínez Mateu, que deja caer que “si todo va bien” se avecinan cositas con toque andaluz por Sant Josep.
La vida de barrio es uno de los grandes ausentes en la isla, destacan algunos de ellos. Carmen Afausto, sevillana y residente en Ibiza desde hace 30 años, echa de menos esas noches de verano con los vecinos sentados en la acera y los inviernos al sol, charlando mientras los niños jugaban en la calle.
Ese tener el corazón dividido lo resume muy bien María Jesús Peregrina, granadina que vive en Ibiza desde hace casi 40 años. Al llegar le sorprendieron la belleza de la isla, el “vive y deja vivir” y el confort laboral. Pero confiesa que extraña la alegría andaluza, su pueblo, la Alhambra y el Paseo de los Tristes. “Corazón repartido entre Granada e Ibiza”, dice, con emoticonos incluidos.
Para Paco Ortiz López, después de más de 50 años en la isla, Ibiza ya es su tierra sin discusión: “Esta es mi tierra y nadie me va a echar ni muerto”. Algo parecido le ocurre a Juan Ramón García Dorantes, que volvió a Sevilla tras siete años en la isla. Allí echaba de menos a su familia; ahora, desde fuera, añora Ibiza y las amistades que hizo aquí. “Ibiza te engancha”, asegura.
En el terreno gastronómico, hay consenso… y cachondeo. Esmeralda Tutor Álvarez lo tiene claro: lo que más echa de menos son los molletes y margarina en los bares. Paula Muslera Cabello coincide: “¡El pan! ¡Los molletes!”. José Miguel Portillo Carmona lamenta, entre risas, que no haya Cruzcampo en cualquier bar. Noelia Bocanegra Valiente añade la zurrapa de lomo y la manteca colorá, mientras Francisco Pino Sánchez suspira por los palos de nata.
La crítica social
También hay miradas críticas. Usuarios como Antonio Carlos recuerda Ibiza como "una isla feliz y espontánea", pero rechaza el turismo masivo actual y confiesa que le gustaba más en invierno. Peter Hache lo resume en pocas palabras: “Los precios y los precios…”. Néstor Rodríguez Moreno añade que desayunar o tapear cuesta el doble que en Andalucía y aún recuerda el primer café a 1,50 euros.
La calle vuelve a aparecer como símbolo. María Cañestro dice que en Ibiza solo trabaja y que en Andalucía sale más; Cuca Faura Cano echa de menos “el arte”; Emilio Barea Benítez, su Semana Santa, e Isabel Martínez recuerda el paseo de Vara de Rey lleno de gorriones hace más de 50 años cuando llegó y tiene claro lo que más echa de menos: "Mi tierra es mi familia, las matanzas, muchas cosas".
Entre los comentarios no faltan curiosidades. Diego Torres vuelve a intervenir y recuerda que la calle más pequeña de la isla se llama calle Andalucía, a lo que Julián Gallego responde que Ibiza “parece Andalucía” por la cantidad de andaluces, aunque aún sigue buscando churros.
Y también hay nostalgia pura y dura, como la de Encarna Rodrigues, andaluza que vivió 52 años en Ibiza y sueña con volver a comprarse una casa aquí porque la isla le ha "enganchado media vida”.
Casi un centenar de comentarios dejan claro que entre Andalucía e Ibiza hay mucho más que kilómetros de mar. Hay memoria, acento, familia, pan con aceite… y un vínculo que, para bien o para mal, no se rompe fácilmente.
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