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Gastronomía

Mundial de Arroz de Matanzas: La gran cita que ha cambiado las fiestas de pueblo en Ibiza

Un grupo de amigos se decidió a animar su barrio con un concurso de arroz de matanzas en el invierno de 2013. De aquella cita vecinal, con solo una docena de equipos, se ha pasado a los 166 grupos que este año han batido el récord de participación en la fiesta gastronómica más emblemática de la isla

Vídeo: XIII Concurso Mundial del Arroz de Matanzas

Josep Àngel Costa

Josep Àngel Costa

Josep Àngel Costa

Sant Antoni

El arroz de matanzas destaca por una contundencia que lo convierte en un manjar ideal para el de invierno. Al igual que buena parte del recetario ibicenco para los días de fiesta, sorprende a muchos paladares foráneos por una variada combinación de especias que diferencia las recetas de cada casa: son imprescindibles la pimienta y el azafrán, pero también son frecuentes la pimienta de Jamaica (totespècia), la canela y/o la nuez moscada.

Sin embargo, la versión que más ha triunfado en las trece ediciones del Concurso Mundial de Arroz de Matanzas de Sant Antoni está lejos de ese barroquismo. Cati Ribas, la chef del equipo Autoescuela Santa Gertrudis, se ha impuesto en cuatro ocasiones, además de lograr una meritoria segunda posición, siempre con una preparación bastante más ligera.

«No tiene ningún secreto. Preparo un caldo suave [sin el habitual trozo de tocino], solo con pollo, una cebolla, un tomate y un pimiento», revela. Eso sí, el ave ha crecido de lujo en su propio corral. Solo aromatiza el arroz con pimienta y azafrán «sin tostar» y sigue una costumbre heredada de una manía de su infancia: «Odiaba encontrar tantos trozos de carne con hueso».

Así, descarta por completo la costilla y, en vez del magro de cerdo, como es tradicional, emplea solomillo, así como pollo deshuesado. Otro de sus secretos es que tiene unas amigas expertas buscadoras de setas, que le han proporcionado pebrassos de bosque en un año de escasez por exceso de lluvia. «Los sofríen y los guardan congelados, detalla. En cambio, la mayoría de los equipos participantes se ven obligados a recurrir a los níscalos enlatados.

Como siempre, Cati Ribas participa con el mismo grupo de amigas de la época del instituto. Todas ellas inauguraron el Quartó de Portmany y, junto a otros once equipos, formaron parte de la primera edición del evento gastronómico por antonomasia en Ibiza.

De aquellos doce pioneros, este año se ha alcanzado la cifra récord de 166 grupos participantes. «La evolución que ha tenido es algo descomunal», sentencia Ribas.

El impulsor

En 2013, Vicent Sala estaba al frente del extinto bar Kantaun, en la confluencia de las calles Rosell y Progrés. Con un grupo de vecinos, buscaban algo de animación para el barrio en invierno y que coincidiera con las últimas fechas del programa de las fiestas patronales de Sant Antoni.

Apostaron por un concurso gastronómico y, de broma, lo bautizaron bajo el reclamo de campeonato mundial. Nacía un evento que, más que una escuela, ha logrado forjar toda una tradición popular, seguida en muchos pueblos de la isla. Además del papel festivo y social, que se acompaña con actuaciones musicales durante toda la jornada, Sala se congratula por el gran revulsivo que ha significado para la gastronomía local.

«Vemos concursos de frita de porc, de polp, calamares, sofrit pagès y muchos platos que no estaban de moda. Ahora los preparan chavales de 15 años cuando a mí, a su edad, no me gustaban por la tontería de la edad del pavo», confiesa.

La expansión

Aquella jornada de ambiente familiar alrededor de Kantaun se ha acabado extendiendo por todas las calles de alrededor, con la plaza de s’Era d’en Manyà y el aparcamiento frente a Correos como epicentro. «Cada año incorporamos unos diez equipos más; igual llegará un momento en que tengamos que poner freno», apunta Sala.

Este crecimiento exponencial supone un quebradero de cabeza a la hora de valorar las recetas, dada la imposibilidad de catar 166 arroces de matanzas sin reventar. «El jurado se divide en dos grupos de siete personas. A uno le damos los platos pares y al otro, los impares. Seleccionamos los cinco más puntuados de cada mesa y después se hace el veredicto final con esos diez», detalla Sala.

El jurado cata los 166 platos participantes.

El jurado cata los 166 platos participantes. / JA RIERA

Este año se estrena como jueza la joven cocinera Agnès Boned. Ella ha participado tres veces como concursante, pero en la edición especial que se celebra en la víspera con los colegios del municipio. «El año pasado lo gané con el colegio de Santa Agnès», recuerda. Además, también ha ganado el concurso de sofrit pagès de su pueblo.

Buena parte de los competidores son habituales de otros certámenes gastronómicos. Los jóvenes de Rias Team son de los más prolíficos: acumulan un primer y un tercer puesto en este mundial, una victoria y un subcampeonato en el concurso de arroces de Santa Gertrudis y otros dos segundos puestos en el Sant Jordi va de frita y en la prueba de arroces a banda que organiza el Club Nàutic de Sant Antoni.

Revulsivo para el invierno

«Estos concursos dan mucha vida en invierno. Vas de fiesta de un pueblo a otro y nos acabamos conociendo todos», destaca el chef de Rias Team, Albert Marí. «Pero que no os engañen, este de Sant Antoni es el original y el más grande», proclama uno de los miembros del equipo, todos ellos vecinos de la localidad.

En el aparcamiento frente a Correos sobresale una caseta de madera sobre el resto de puestos cubiertos con un toldo. Allí, Juan Serra muestra con orgullo la escultura del cerdito con una sartén que le acredita como último vencedor del mundial. Da la casualidad de que, en su estreno como chef en 2024, ya logró la segunda posición. «Antes ya participaba, pero como ayudante», precisa.

Este año cuenta con una rival especial en el puesto de al lado: su esposa, Florentina Colomar. «Él siempre me decía que no sabía cocinar, pero desde que es campeón le digo que el arroz se lo prepare él», bromea.

No faltan profesionales en esta cita, como Manuel Izquierdo, del Gran Vía de Vila, que se acompaña de un ilustre jubilado: Pep Costa, de la Fonda Can Costa, que cerró el año pasado tras 101 años de historia. «Mi hermano y yo nos hemos quedado sin relevo porque los hijos han sido muy buenos estudiantes», apunta.

La jornada se completa con el arroz popular para más de mil comensales que prepara Toni Roig, que este año se destina a beneficio de la Asociación Pitiusa de Ayuda a Afectados de Cáncer (Apaac).

Los miembros de Can Barri recogen el primer premio.

Los miembros de Can Barri recogen el primer premio. / JA RIERA

A las cinco de la tarde, con los estómagos bien llenos, llega el momento culminante de la competición y se revela el nombre de los ganadores. Can Barri, que ya venció en 2019, se lleva la escultura del cerdito a casa y un premio de 750 euros, seguidos de Es Cremats y Es Pagesos Justiciers. Sa Truja del 83 gana el premio al puesto mejor decorado por sus sobrassades colgantes, su profusión de flores y el estilismo apayesado de sus integrantes. No se queda ahí la fiesta, ya que siempre hay diversión garantizada hasta bien entrada la noche.

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