Seguridad
Un escolta privado de Ibiza revela lo que ocurre al proteger a un billonario: "Nadie podía hablar su idioma y todos debíamos medir lo mismo que él"
El escolta Aitor Ferrer relata cómo las mafias operan en Ibiza, donde la seguridad privada se enfrenta a sobredosis, peleas y desapariciones que cambian vidas

Imagen de la entrevista en La Factoría
El programa 'La Factoría' ha contado en su última edición con un invitado que conoce como pocos el lado más oscuro de la noche. Aitor Ferrer, profesional de la seguridad privada con más de 15 años de experiencia, compartió un testimonio crudo y sin filtros sobre lo que realmente sucede detrás del glamour de las fiestas, las discotecas y los grandes nombres que brillan en Ibiza.
Su relato dibuja un escenario que poco tiene que ver con la imagen idílica de la isla. Sobredosis, peleas, ajustes de cuentas, desapariciones y decisiones que, en cuestión de segundos, pueden cambiar una vida para siempre.
Mafias, poder y miradas que lo dicen todo
Durante la entrevista, Ferrer habló de la presencia constante de mafias en el mundo nocturno ibicenco. "Hay mucha mafia que no conocemos, pero que reconocemos por su forma de mirar y de actuar", afirmó. Según el escolta, no siempre hacen falta palabras: basta una mirada, un gesto o una frase para entender que algo va mal.
Relató situaciones en las que los guardaespaldas detectaban que "había demasiada rata dentro" de un local y exigían marcharse de inmediato o que alguien o que algún objeto "desapareciera" del lugar, por las buenas o por las malas. “Normalmente avisamos al cliente, pero cuando no hace caso llega un punto en el que piensas: ¿yo qué hago aquí?”, reconoció.
¿Seguridad real o simple exhibición?
Ferrer también desmontó en la entrevista con 'La Factoría' uno de los grandes mitos del mundo del lujo: no todos los que presumen de escoltas realmente los necesitan. “Hay clientes que no quieren seguridad, quieren dos tíos de dos metros para exhibirlos”, explicó. Muchos, según cuenta, no tienen ni el dinero ni el nivel de riesgo real como para justificar varios profesionales velando por su vida.
El pacto previo entre cliente y escolta es clave, indicó: "Si el cliente merece la pena, hace lo que le dices. Me da igual que me apuñalen. Pero si no respeta ese pacto, deja de ser mi responsabilidad", sentenció.
El servicio más extremo de su carrera
Sin revelar nombres ni épocas, Aitor Ferrer recordó el servicio más exigente que ha realizado jamás: 15 días que pusieron a prueba sus 15 años de experiencia. Se trataba de una persona extremadamente influyente y con un nivel de vida fuera de lo común.
Durante esas dos semanas, el cliente alquiló hasta cinco casas simultáneamente, con un coste de 250.000 euros por semana cada una. Cambiaban de coche cada pocas horas y nunca permanecían más de tres horas en la misma vivienda. Ni siquiera el equipo de seguridad sabía en todo momento a dónde se dirigían.
Las casas contaban con personal que preparaba comida, almuerzos y cenas sin saber si el cliente llegaría a aparecer. Además, se realizaban barridos constantes para detectar micrófonos o sistemas de vigilancia. En ocasiones, el equipo fingía la salida del cliente para despistar, todos vestidos igual que él. "Decía que nos vigilaban", explicó Ferrer.
El hermetismo era absoluto: nadie podía hablar su idioma y todos los escoltas debían medir lo mismo que él, cerca de 1,90 metros, para evitar identificarlo con facilidad.
Cuando el dinero valora el trabajo
Aitor Ferrer también destacó que las personas con verdadero poder económico "saben cómo funciona este mundo". Pagan el precio estándar por un servicio de 12 horas, pero cuando se sienten realmente protegidos y satisfechos, la recompensa llega después. "A veces la propina es más grande que el propio servicio. Ahí es cuando sabes que el cliente valora lo que haces", concluye.
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