Exclusión social en Ibiza
El 20% de la población de Ibiza, en exclusión social: “No es una realidad marginal en la isla”
Cáritas presenta el ‘Informe sobre exclusión y desarrollo social en la isla de Ibiza’ elaborado por la Fundación Foessa, una "foto real" demoledora de sociedad ibicenca

Presentación del ‘Informe sobre exclusión y desarrollo social en la isla de Ibiza’ en Cáritas. / D. I.
Demoledor, la radiografía del desastre social que desde hace años padece Ibiza. Así es el ‘Informe sobre exclusión y desarrollo social en la isla de Ibiza’ elaborado por la Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada, constituido en 1965, con el impulso de Cáritas Española), presentado este jueves en la sede de Cáritas y financiado por el Consell, un “esfuerzo” económico que el director de esa entidad de la Iglesia ha valorado y ha calificado de “valiente”. La propia consellera insular de Bienestar Social, Carolina Escandell, ha admitido que este tipo de estudios son necesarios para trabajar sobre bases sólidas. Pues tiene trabajo por delante a tenor de los resultados.
El informe, “que es más que una fotografía de la realidad”, según Manuel Bretón, presidente de Cáritas española, presente en el acto “dada la importancia y excepcionalidad de este estudio”, ha sido desgranado sin tibiezas por Thomas Ubrich, sociólogo y miembro de Foessa y del equipo de estudios de Cáritas: “En Ibiza, la exclusión social no es una realidad marginal. Afecta a una de cada cinco personas, a unas 32.000 en términos absolutos, y aunque ocho de cada diez residentes están integrados, la mayoría lo está sobre la cuerda floja”. Cuatro de cada diez personas viven “en integración precaria y sólo poco más de un tercio disfruta de una integración plena al margen de estas problemáticas”. Si se compara nuestra situación con la de Baleares o España, “Ibiza sale peor parada en lo esencial”, pues aquí hay “más exclusión y, sobre todo, más precariedad”. Exclusión que genera “sufrimiento y bloquea vidas”, lamenta Ubrich.
9.000 personas que "sobreviven al margen de la sociedad"
Y no son pocos los que la padecen: “Hablamos de al menos 9.000 personas que sufren dificultades serias y acumuladas. Hablamos de personas que sobreviven al margen de la sociedad”. Ubrich subraya al respecto una idea clave: “No fallan las personas, sino que falla el sistema. El mito de la pasividad de quienes están en situación de pobreza y exclusión, esa idea de que viven de prestaciones sociales, sin buscar soluciones para su inclusión, es falsa, tal y como lo demuestra la experiencia de Cáritas acompañando a familias y también la evidencia de sus vidas”, de las que se recogen numerosos y significativos ejemplos en el informe.
Así, “tres de cada cuatro hogares en exclusión severa activan estrategias de inclusión, trabajan o buscan empleo, estudian, se forman y activan redes” contra la exclusión, pero “se topan con recursos escasos y muy poco personalizados”. La mayoría de las personas en exclusión de la isla “se levanta cada mañana buscando una salida, pero se encuentra con un sistema que tiene dos grandes agujeros: la vivienda y el empleo. La vivienda expulsa del territorio y de una vida digna, a la vez que el empleo ha perdido la capacidad para rescatarles de esta expulsión”.
En la isla, “la exclusión residencial no es una excepción”, no es marginal, afecta a demasiada gente: “Adopta formas concretas, duras y cada vez más normalizadas. La vivienda se ha convertido en el factor que más exclusión está generando”, señala Ubrich. Afecta a una de cada tres personas y “los precios de compra y alquiler crecen mucho más rápido que los ingresos”. El 84% de la población del municipio de Ibiza que vive de alquiler “dedica más del 30% de sus ingresos a pagar el alquiler y cerca del 40% destina al alquiler más del 50% de sus salarios”. Como consecuencia, el 13% de los hogares sufre “gastos excesivos de la vivienda”, indica el estudio: “Cerca de 8.000 hogares destinan tantos recursos al pago de la vivienda y los suministros que, una vez abonados, se quedan por debajo del umbral de la pobreza severa. Las consecuencias de esta presión ya son estructurales: 16.000 personas residen en una vivienda insegura por inestabilidad en la tenencia de la vivienda o por dificultades legales”, detalla el sociólogo, para quien “la vivienda es el cuello de botella de la integración social en Ibiza”.
10% de la población
Y esa realidad afecta ya “al 10% de la población, una cifra altísima comparada con el 6% de España y ligeramente superior al 9%” de Balears. “Y cuando la alternativa es alquilar una habitación -añade Ubrich-, a menudo se entra en la cadena del subarrendamiento. Realquileres sucesivos que inflan el precio y degradan la habitabilidad, muchas veces sin contrato, dejando a la gente indefensa entre subidas, excursiones y normas abusivas”.
"No son números, son familias que convierten una habitación en un piso, sin intimidad, sin espacio propio y con una vivencia al límite. Son niños que no tienen una mesa tranquila donde hacer los deberes"
Y el turismo, nuestra principal fuente de riqueza, juega un papel fundamental en ello: “Hay alquileres que solo duran la temporada baja porque la vivienda vuelve al turismo [en verano], obligando a familias a mudarse una y otra vez o directamente a caer fuera del mercado normalizado”.
19.000 personas viven en una "vivienda inadecuada"
El estudio calcula que existen 19.000 personas que residen “en una vivienda inadecuada con problemas de hacinamiento, habitabilidad o insalubridad”. Y eso, recalca el sociólogo, “no son números, son familias que convierten una habitación en un piso, sin intimidad, sin espacio propio y con una vivencia al límite. Son niños que no tienen una mesa tranquila donde hacer los deberes. Cuando no hay un piso ni habitación, aparece la vivienda improvisada”. De todos los tipos: caravanas, furgonetas, coches, tiendas de campaña, chabolas, parkings o bosques, donde “lo básico no está garantizado”. Ni agua corriente, ni “electricidad, ducha, cocina segura, una alimentación refrigerada, además de inseguridad, basura, ruido y riesgo de incendios”.
A eso se suma lo que califica como “otro escalón extremo, la infravivienda”. Ejemplos: “garajes, trasteros, estructuras a medio construir o casas abandonadas, sin baño funcional, sin agua caliente o con defectos peligrosos”.
Y todo eso “se agrava cuando falta la llave de los derechos, el empadronamiento”. Sin padrón se bloquean “sanidad, educación y prestaciones. Por eso florecen estafas y mafias que cobran por empadronar, mientras muchas personas no denuncian por medio a multas, expulsión o deportación”.
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