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SUCESOS

La camilla de los horrores: los antecedentes por abusos sexuales del tatuador de Ibiza

La Audiencia Provincial de Baleares lo ha condenado a 5 años de prisión por meter los dedos en la vagina de una clienta

El tatuador acusado de abusos sexuales a una turista en Ibiza durante el juicio en la Audiencia de PAlma.

El tatuador acusado de abusos sexuales a una turista en Ibiza durante el juicio en la Audiencia de PAlma. / Lorenzo Marina

Ibiza

Usaba su estudio de tatuajes, en Sant Josep, para aprovecharse de sus clientas. Al agresor, E.J.M.O., condenado esta semana a cinco años de cárcel por la Audiencia Provincial de Balears por meter los dedos en la vagina de una chica mientras la tatuaba, se le contabilizan hasta cuatro denuncias por abuso sexual en Ibiza.

En 2024 la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Balears dictaba una sentencia firme en la que fue condenado por un delito de abuso sexual por tocamientos cometidos en el mismo local mientras tatuaba a una menor, que tenía 15 años en el momento de los hechos, que ocurrieron en 2021. El hombre acarició los genitales de la adolescente con ánimo libidinoso, sin su consentimiento y siendo consciente de que trataba de una menor de edad.

Esto no sirvió para pararlo. El 15 de junio de 2022 volvia a abusar de otra clienta mientras esta estaba tumbada en la camilla de su estudio. Los hechos ocurrieron sobre las 22.45 horas. Dos jóvenes turistas escocesas decidieron tatuarse una mariposa en la cadera en el último día de sus vacaciones en la isla. Para ello se decantaron por un estudio situado junto al hotel donde se alojaban. "Habíamos visto a un chico de mi ciudad que se había hecho un tatuaje, nos gustó y le preguntamos dónde se lo había hecho", explicaron durante el juicio.

Para facilitar la tarea al tatuador decidieron ponerse una falda. El tatuador le hizo la mariposa a la primera de las chicas mientras la otra esperaba fuera. En este primer caso no hubo ningún incidente. Cuando entró ella en el estudio, el comportamiento fue completamente distinto.

"Me apoyaba en el hombro derecho para hacerme el tatuaje en la cadera izquierda. Me dijo que abriera las piernas y noté cómo sus dedos se metían en mi vagina. Me quedé paralizada y luego me eché a llorar", ha abundado. "Estaba temblando. Llorando con mucho miedo", declaró en el juicio.

El tatuador negó todos los hechos: "Lamento lo que me está sucediendo. No he introducido dedos. Están fabulando", señaló.

Finalmente, la Audiencia Provincial lo ha condenado a cinco años de cárcel. Además, el tribunal le impone la prohibición de comunicarse con la víctima y de acercarse a menos de 300 metros durante siete años, y le obliga a indemnizarla con 15.000 euros por daño moral, según ha informado el Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB) en un comunicado.

Abuso en el ámbito familiar

El hombre tiene un oscuro pasado. Su expareja lo acusó de abusar sexualmente también del hijo de ambos, en 2015, cuando tenía tres años de edad. Cuando sospechó lo que estaba ocurriendo, huyó del país con el pequeño para protegerle de su padre ante la inacción de la Justicia en Ibiza. Él la denunció por este motivo y ella tiene una orden de busca internacional, por lo que vive en la clandestinidad desde hace diez años.

Diego Herchhoren, abogado de la mujer, explicó a Diario de Ibiza el pasado mes de noviembre que al fin tenían cierta esperanza de que ella pudiera salir de la clandestinidad y se pudiera hacer justicia: "Nos sentimos bastante esperanzados. Lamentablemente han tenido que ocurrir más desgracias como esta para poner en evidencia que las sospechas que tenía mi patrocinada no eran una elucubración, sino que tenían una base lógica". El letrado anunció que su clienta "próximamente se pondrá a disposición de la Justicia española".

La mujer y el hombre fueron pareja durante 13 años. La relación empezó a torcerse en 2012, tras el nacimiento del hijo de ambos, concretamente cuando el pequeño tenía unos seis meses. Según relató ella ante la Guardia Civil, ese fue el instante en el que su pareja "comenzó a cambiar, volviéndose más agresivo". No lo denunció porque estaba segura de que él tenía "algún problema mental".

El hombre sufrió abusos sexuales de pequeño por parte de un familiar, concretamente un tío, según explicó la mujer a la Guardia Civil cuando denunció a su expareja. Ya de adulto, en 2006 y 2008 llegan las primeras dos denuncias contra él por convertirse él mismo en un presunto abusador, y también en 2006 se produjo otro presunto abuso sexual sobre una prima suya en Argentina, según relató el letrado.

"Ella no desaparece de Ibiza con su hijo por capricho, sino que se le plantean una serie de evidencias, como los indicadores de abuso sexual y las dos denuncias anteriores similares que él había recibido en 2006 y 2008. Presenta una denuncia en los jugados de Ibiza, pero en 48 horas se desestima y se ordena restituir el niño a su padre. Desde entonces, ambos han estado en la clandestinidad, fuera de España", relató su abogado a este diario.

La mujer y su hijo hace tiempo que lograron rehacer su vida y no quieren regresar a la isla: "Lo que quieren es quitarse de encima el peso de la resolución que hay en su contra y zanjar una etapa que ha sido realmente funesta", lamentó Herchhoren, que insistió en que se han pasado "diez años viviendo escondidos" y ya no desean hacerlo más. 

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