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Así viven los residentes de Ibiza las fiestas en discotecas clandestinas: "La del lunes fue larga y muy buena"

Residentes de Ibiza recuerdan con nostalgia las fiestas clandestinas de antaño, cuando la improvisación y la conexión con la naturaleza eran elementos clave de estas celebraciones ilegales

Varias personas en una fiesta ilegal frente a es Vedrà, en Ibiza.

Varias personas en una fiesta ilegal frente a es Vedrà, en Ibiza. / DI

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Marisol Plaza Sánchez

Marisol Plaza Sánchez

Ibiza

Las fiestas clandestinas ilegales que ponen en riesgo ecosistemas y parajes naturales forman parte del imaginario colectivo de Ibiza desde hace décadas. Lejos de los grandes clubes y del circuito comercial, estos encuentros ilegales (muchas veces organizados en parajes naturales, fincas privadas o zonas boscosas) siguen despertando fascinación entre residentes y nostálgicos de la isla más rebelde. A través de testimonios recogidos por Diario de Ibiza, se dibuja un retrato diverso de cómo se viven hoy estas celebraciones al margen de la ley.

Algunos residentes reconocen haber participado recientemente en varias de estas fiestas, aunque admiten que ya no son tan frecuentes como antes. "Jajaja, en muchas, y en todas he estado de lujo. Lástima que ahora hay pocas, aunque la del lunes fue larga y buena", comenta uno de los encuestados, dejando entrever que, pese a los controles y sanciones, la cultura underground sigue encontrando resquicios para sobrevivir.

Imagen de archivo de una fiesta ilegal en una villa en Sant Josep. | D. V.

Imagen de archivo de una fiesta ilegal en una villa en Sant Josep. / D. V.

Otros se limitan a resumir la experiencia con entusiasmo. “¡Las mejores fiestas!”, responde otro vecino, acompañando su mensaje con emoticonos festivos.

La memoria colectiva juega un papel clave en estos relatos. Varios residentes recuerdan con especial cariño las fiestas clandestinas de décadas pasadas, cuando la improvisación y el contacto con la naturaleza eran la norma. “En muchas cuando era chaval. Fiestas hippies les decíamos: en medio del bosque montaban la discoteca y listo”, relata un ibicenco, evocando una época en la que bastaban unos altavoces, un generador y ganas de bailar hasta el amanecer.

El perfil de los asistentes a las fiestas clandestinas

No todos, sin embargo, han vivido estas experiencias en primera persona. Algunos solo conocen estas fiestas a través de terceros, aunque las descripciones que reciben no dejan indiferente a nadie. “Lamentablemente en ninguna, pero los que sí estuvieron me contaron maravillas”, explica otro residente. Según estos relatos, algunas fiestas actuales estarían frecuentadas por personas de alto poder adquisitivo y se celebrarían en “parajes afrodisíacos”, lo que refuerza la idea de exclusividad que rodea a ciertos eventos ilegales.

Imagen de archivo de una fiesta ilegal en una vivienda vacacional de Ibiza.

Imagen de archivo de una fiesta ilegal en una vivienda vacacional de Ibiza. / D. I.

Este mismo testimonio añade, siempre en tono de rumor y dejando claro que se trata de lo que le han contado, que incluso habría presencia de miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado fuera de servicio, participando como asistentes. Una afirmación que, aunque no verificable, muestra hasta qué punto estas fiestas alimentan todo tipo de mitos y narrativas.

"Ahora hasta las ilegales son VIP"

La comparación entre pasado y presente es inevitable. “A finales de los 90 y principios de los 2000 eran acojonantes por el buen rollo que había”, recuerda otro encuestado. “Ahora dan asco; hasta las ilegales son VIP”, añade con ironía, criticando la pérdida del espíritu libre e inclusivo que, según muchos, definía a la Ibiza de antaño.

Entre la nostalgia, la crítica y la fascinación, las fiestas clandestinas siguen siendo un reflejo de las contradicciones de la isla: un territorio que lucha entre la regulación, el negocio y una identidad cultural que se resiste a desaparecer.

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