Tradición
El viaje entre épocas de las joyas ibicencas
Las ‘colles de ball pagès’ surgidas entre los años sesenta y setenta devolvieron al espacio público las joyas tradicionales que habían permanecido durante décadas bajo custodia familiar, tal como recoge el libro ‘Joies d’Ibiza. Història, tradició i identitat’, publicado recientemente por el Museo Etnográfico de Ibiza.

Una página del libro muestra los retratos de dos mujeres que portan joyas ibicencas en los años sesenta. | DI

La delicadeza que conlleva el trabajo de una joya perdura en el tiempo a través de la transmisión de esa pieza entre generaciones. En la cultura ibicenca esta práctica estaba tan arraigada antiguamente que con la entrega de una emprendada se consideraba cubierta una parte o toda la legítima de una hija. Entre las familias que tenían la capacidad económica para disponer de ellas siempre había una joya que dar. Por este motivo, también era habitual dividirlas si no había suficientes: se separaban las cadenas o incluso cortaban la cruz de un rosario para que cada cual tuviera una parte de ese bien tan preciado.

Los trajes y joyas que lleva actualmente una de las ‘colles de ball pagès’ de Eivissa. | TONI ESCOBAR
En paralelo a la transferencia familiar, las colles de ball pagès jugaron un papel fundamental en difundir el uso de la joya ibicenca tal y como se conoce hoy en día. Piezas como la emprendada, los anells o botons regresaron al espacio público gracias a los nuevos grupos folclóricos de entre finales de los años sesenta y principios de los setenta, explica la historiadora Susana Cardona, autora del libro ‘Joies d’Ibiza. Història, tradició i identitat’. Esta obra se presentó hace unos días en el marco de las exposiciones que acoge actualmente el Museo Etnográfico en Santa Eulària.
Estas agrupaciones surgen cuando «desaparecen los grupos vinculados a la Falange, lo que implica la recuperación de la joya tradicional tal y como se mantiene hoy», apunta Cardona.
Protocolos notariales
Esta recuperación es reciente pero el origen de la joyería ibicenca viene de más atrás. Ya se consideran joyas de Ibiza las fenicias, las más antiguas encontradas aquí, pero las vinculadas a la payesía no aparecen hasta el siglo XVII. Se habla de ellas en los protocolos notariales de ese periodo, lo que confirma su existencia. Sin embargo, estos documentos no ofrecen detalles sobre la forma o sus características.
Esta laguna empieza a completarse, sobre todo, a principios del siglo XX, cuando aparecen «documentos más fieles que permiten hacer un recorrido desde finales del siglo XIX hasta la actualidad».
Entonces, no pasa desapercibido el «fuerte contraste» que supuso para las colles el final de la Guerra Civil Española: «Por una parte surgen los grupos folclóricos de Educación y Descanso, vinculados al nuevo régimen franquista, y hay una tarea de investigación de ropas antiguas, emprendades... Para poder bailar», indica Cardona. Por otra parte, el país está inmerso en «la posguerra pura y dura, en un régimen autárquico, en miseria y pobreza absoluta».
En este contexto, muchas familias esconden sus joyas para evitar entregarlas a los militares, que las piden para sufragar los gastos de la guerra. Quienes no las esconden, se ven obligados a venderlas por necesidad económica, explica Cardona.
De este modo, hasta mediados del siglo XX el uso de las joyas ibicencas quedó ligado a una etapa muy puntual de la vida. Cuando más se utilizaban era durante el festeig y, una vez que las mujeres se casaban y tenían hijos, pasaban a llevarlas en público en ocasiones muy puntuales.
Joyería mediterránea
Tanto entonces como cuando las colles recuperaron la exhibición de las joyas tradicionales, las piezas mostraron siempre motivos vegetales y florales, igual que en todo el Mediterráneo: «Tenemos que pensar que Mallorca fue uno de los principales centros productores de determinados tipos de joyas: los relicarios, los rosarios, las filigranas, los cordoncillos... Que se acabaron adaptando a los gustos y a las modas de Ibiza», apunta Cardona.
En la actualidad, esta herencia se expresa a través de dos realidades distintas. Por un lado, la joya tradicional que se preserva y utilizan las colles de ball pagès y, por otro, las joyas nuevas inspiradas en estos modelos. Según apunta Cardona, estas «neojoyas» tienen su espacio en la vida cotidiana de los ibicencos, lo que garantiza su continuidad: «La mayoría de las mujeres de Ibiza tienen hoy en día alguna pieza inspirada en la joya tradicional», afirma.
Sin embargo, en esta evolución también intervienen los cambios que experimenta la artesanía, orientada en algunos casos a crear reproducciones más económicas: «Hay mercados y talleres asiáticos que, por ejemplo, pueden hacer un botón de plata mucho más barato que aquí», lamenta la coordinadora del Etnográfico.
Entre estas prácticas figura también la aplicación de técnicas como la plata bañada en oro, algo que, según recuerda Cardona, ya se utilizaba en los años noventa para «intentar salvar los costes tan elevados».
Pese a estos cambios, sigue habiendo un fuerte vínculo emocional con las joyas de la isla más allá del uso que hacen los grupos folclóricos. «Sigue siendo muy ibicenco el hecho de que un acontecimiento señalado, como el 18 o el 50 cumpleaños de una mujer, se celebre entregando una pieza de joyería tradicional», comenta Cardona. De este modo, se asegura la presencia de la joya ibicenca en la historia de las familias de Ibiza.
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