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Política

Prohens reivindica raíces y autoridad política en su mensaje de fin de año

La presidenta reclama un nuevo sistema de financiación autonómica para Balears

Marga Prohens, durante su discurso de fin de año en IB3. | CAIB

Marga Prohens, durante su discurso de fin de año en IB3. | CAIB

Palma

Marga Prohens cerró el año desde un escenario cuidadosamente elegido. No hubo despacho oficial ni simbología de poder clásico. El mensaje de fin de año en IB3 se emitió desde el campo menorquín, una decisión que funcionó como prólogo político del discurso: territorio, raíces y sector primario como metáfora de un Govern que quiere presentarse cercano, firme y con rumbo claro.

La presidenta abrió su intervención apelando a la Navidad «tan nuestra», a las tradiciones y a los valores del humanismo cristiano, que definió como «los pilares de nuestra civilización europea y occidental». Desde el primer minuto, Prohens delimitó un marco ideológico basado en identidad y continuidad, frente a lo que implícitamente presentó como discursos ajenos a la realidad social.

Ese planteamiento se concretó rápidamente en uno de los ejes centrales del discurso: la defensa del campo. Prohens rechazó una visión folclórica del mundo rural y lanzó una de las frases más políticas de la noche al afirmar que «los payeses no son jardineros del campo, sino un sector económico que quiere vivir de su trabajo».

La presidenta ligó esta afirmación a una crítica implícita a determinadas políticas ambientales y a la necesidad de equilibrio entre protección del territorio y actividad humana. «No puede haber protección y preservación del entorno si no garantizamos el equilibrio con la actividad económica y humana», aseguró, antes de situar la futura ley agraria como una de las grandes prioridades legislativas de 2026.

El acceso a la vivienda

Tras el arranque simbólico, el discurso entró en terreno de balance político. Prohens aseguró que su Govern no ha «escondido» los problemas y que los ha afrontado «con valentía y determinación». El más sensible, admitió, es el acceso a la vivienda y anunció un compromiso para 2026: «El año que comienza será el año en que se iniciará la construcción de más vivienda pública de la historia de nuestra comunidad».

El énfasis fue deliberado. «Vivienda pública para la gente de aquí. Ahora sí, para la gente de aquí», con un mensaje dirigido especialmente a jóvenes y residentes expulsados del mercado inmobiliario.

En el apartado económico, Prohens combinó datos positivos y advertencia. Celebró que Balears lidere el crecimiento de autónomos y roce la plena ocupación, pero subrayó que ese éxito obliga a asumir cambios estructurales.

Uno de los bloques más extensos fue el dedicado a los servicios públicos, un terreno en el que la presidenta quiso disputar claramente el marco político. En educación, defendió «poner el conocimiento en el centro» y justificó la limitación de pantallas y la prohibición de móviles en las aulas como respuesta directa a las demandas de las familias. En sanidad, reivindicó mejoras en todas las islas y dejó un mensaje de equidad: «La atención sanitaria no puede depender del código postal».

La mirada se desplazó después al contexto estatal. La presidenta reclamó un nuevo sistema de financiación autonómica que tenga en cuenta la insularidad y el crecimiento poblacional, y endureció su discurso sobre inmigración irregular. También hubo espacio para una crítica al clima político nacional. Prohens condenó «la peor cara de la política, la del machismo y la corrupción» en referencia a los casos que afectan al Gobierno y al PSOE. Para ello, la presidenta citó a Antoni Maura: «La última de las vilezas es consentir que en una nación no haya justicia».

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