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Un año de lucha contra las serpientes en Ibiza

La invasión de culebras pone contra las cuerdas a la lagartija pitiusa, aunque Ibiza toma medidas

Una serpiente de herradura.|  | DI

Una serpiente de herradura.| | DI

Laura M. Expósito

Laura M. Expósito

Ibiza

La lucha contra las serpientes invasoras ha marcado la actualidad ambiental de Ibiza durante el año, entre avances, contradicciones y una alarma científica y social.

Las culebras, llegadas escondidas en olivos y árboles ornamentales, amenazan a la lagartija pitiusa, único vertebrado endémico de las Pitiusas. El Parlament balear ratificó por unanimidad en enero un decreto que limita la entrada de olivos, algarrobos y encinas de gran tamaño en los periodos de puesta, eclosión e hibernación de los ofidios. Sin embargo, ninguna administración controla de forma efectiva esas importaciones y el propio texto es considerado un «coladero» por el zoólogo Valentín Pérez Mellado, que reclama la prohibición total de importar olivos.

Desde el Govern, el veterinario Víctor Colomar, coordinador del Consorcio de la Recuperación de la Fauna de Balears (Cofib), discrepaba en el mes de febrero de quienes dan por condenada a la Podarcis pityusensis. Aseguraba que, si se deja trabajar a los técnicos y se siguen criterios científicos, en 2030 seguirán existiendo lagartijas y en 2040 podrían ser incluso más numerosas que ahora.

Un refugio medio encondido en el exterior del hospital.  |  | ASEF

Un refugio medio encondido en el exterior del hospital. | | ASEF

Mientras, las señales de alarma se multiplican. El GEN-GOB ha detectado descensos de entre el 70% y el 90% de lagartijas en distintas zonas del parque natural de ses Salines. En es Fornàs, los vecinos capturaron 227 serpientes en solo el mes de junio, y técnicos del Cofib llegaron a retirar 93 culebras en una mañana de 80 trampas. Además, la bióloga del Cofib Sofía López alertó del ‘efecto isla’, una tendencia que hace que las serpientes en Ibiza sean más grandes que en la Península.

Ayuntamientos, entidades y empresas han tratado de reaccionar. Sant Josep aprobó una moción para reforzar el control de especies invasoras; el hospital Can Misses se blindaba en abril con trampas y refugios para lagartijas; y la rehabilitación del faro de sa Conillera incorpora un estricto protocolo anticulebras. Paralelamente, IbizaPreservation, GEN-GOB y Amics de la Terra han lanzado campañas para implicar a la ciudadanía, mientras el Zoo de Barcelona cría lagartijas pitiusas y la bióloga Antònia Maria Cirer advierte en una carta al Govern de que la situación es «extremadamente grave».

El año se cierra con un amplio consenso sobre la urgencia de actuar, pero también con dudas sobre si las medidas llegan a tiempo.

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