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José Carlos Granda Martínez, seguridad en el hospital de Ibiza que redujo a un hombre que llevaba un cuchillo jamonero: «Dijo que venía a llevarse a alguien por delante»

Este verano, un hombre entró en el servicio de Urgencias del Hospital Can Misses con un cuchillo jamonero y amenazó con agredir a alguien si no se le atendía. El profesional de seguridad que lo frenó, José Carlos Granda Martínez, ha recibido una medalla al mérito por parte del Área de Salud de Ibiza y Formentera.

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Estela Torres Kurylo

Estela Torres Kurylo

Ibiza

Resulta cuando menos raro que en agosto una persona entre al hospital con una chaqueta incluso si el motivo de su visita es un buen resfriado. Al menos eso pensaron José Carlos Granda Martínez y su compañero Paco Ruiz, ambos vigilantes de seguridad en el Hospital Can Misses, cuando este verano un hombre accedió así a Urgencias sobre las tres de la tarde.

En ese momento, Granda se encontraba cerca de la puerta de acceso y Ruiz estaba en la sala en la que se revisan las cámaras de seguridad del centro. La prenda negra que llevaba el individuo, de entre 35 y 40 años, les llamó la atención. Parecía nervioso y en cuanto se dirigió al puesto de Admisión para dar sus datos, Granda decidió acercarse a preguntarle qué necesitaba: «Me dijo que quería que le atendiesen y le pregunté el motivo», explica. Sin responder a su pregunta, añadió: «O me atienden o la lío», recuerda. En ese momento nadie esperaba a coger turno en Urgencias, pero sí había una decena de personas en la sala de espera.

Fue entonces cuando Granda se dio cuenta de que de la manga de la chaqueta sobresalía la punta de un cuchillo. Era uno fino y alargado, parecido a uno para cortar jamón: «Cuando observé que lo deslizaba hacia fuera ya no me quedó más remedio que reducirle», explica. Por esta actuación, el vigilante recibió hace unos días una Medalla de reconocimiento del Área de Salud de Ibiza y Formentera, que también se entregó a José Plà, vigilante del centro que salvó a un hombre de morir ahogado este mismo mes.

Priorizar la seguridad de la gente

Granda lleva diez años como vigiliante de seguridad en el Hospital Can Misses y antes de ello fue Policía Militar en el Ejército del Aire. De hecho, a día de hoy mantiene su labor como reservista y suele dedicarse algunos días del año a trabajos logísticos en un cuartel de El Pardo, en Madrid.

En su trayectoria en el hospital, asegura que nunca ha ocurrido algo «tan grave» como lo del pasado agosto. Cuando Granda decidió reducir al individuo, señala que no se paró a pensar en qué podría pasarle si no consiguía arrebatarle el cuchillo. Su única voluntad era que el hombre no hiciera daño a nadie ni que se lo hiciera a sí mismo.

El vigilante tomó distancia con el hombre y se puso a un lado: «Siempre presupones que las personas son diestras, entonces hay que bloquear esa parte lo antes posible», indica. El individuo, que Granda describe como un «trabajador de temporada», se puso agresivo y, «afortunadamente», enseguida llegó Ruiz. Entre ambos consiguieron quitarle el cuchillo y ponerle las esposas. Lo hicieron «prácticamente sin que se enterase nadie», matizan desde el área de Salud.

Jose Carlos Granda Martínez.

Jose Carlos Granda Martínez. / JA RIERA

«Se hace lo más rápido posible y, cuando la gente se dio cuenta, el hombre ya estaba en el suelo», señala el vigilante. Si entre quienes esperaban, alguien se hubiera percatado de los hechos y hubiera querido ayudar, Granda adelanta que es mejor dejar actuar a los profesionales: «La gente puede tener muy buenas intenciones, pero siempre recomendamos no hacer nada».

«Lo primero que se tiene que hacer es alertar a la seguridad, tanto pública como privada, porque las situaciones se pueden desmadrar en cuestión de segundos», advierte. Eso mismo intentó el individuo, según declaró mientras permanecía esposado en el suelo: «Decía que había venido a liarla y que no le dejábamos hacerlo».

También, «que venía a llevarse a alguien por delante» cuando vino la Policía Nacional a por él. Los agentes tomaron declaración a Granda y a Ruiz y se llevaron al hombre detenido. «Después no supimos nada más porque es una detención en la que se actúa de oficio al ser una agresión inminente. No hacía falta una denuncia por parte del hospital», aclara el vigilante.

Tras los hechos, la seguridad del centro ha estado en alerta por si el hombre volvía. Como en Ibiza solo hay un hospital, no se puede prohibir la entrada de esta persona, a diferencia de lo que sí podría ocurrir en un centro médico de la isla.

En este contexto, Granda explica que no es habitual que la gente acuda armada al hospital, pero sí que presente una actitud agresiva cuando llega: «Lamentablemente, estamos en una época en la que ciertas actitudes son más habituales de lo que pensamos», lamenta. Él mismo ha coincididio en más de una ocasión con personas que amenazan con «liarla» o no marcharse si no se les atiende.

Agresividad tras el disgusto

«Aquí viene la gente a disgusto. A nadie le gusta ir al hospital porque está enfermo o tiene a un familiar aquí... Y es cierto que en estos último años la gente tiene menos paciencia». Considera que esto puede deberse a que se hace «más caso a las redes sociales que a la realidad» y los pacientes ya acuden pensando que les tocará esperar. «Hay gente que viene y ve que se atiende a otros pacientes antes, pero aquí la prioridad es la médica y, en verano, lamentablemente, vienen muchísimas ambulancias con gente muy grave».

Cuando ocurren situaciones de este tipo, Granda destaca que es «importante» la experiencia y, sobre todo, el grupo que ha formado junto a sus nueve compañeros: «Llevamos muchas horas y días trabajando juntos y sabemos la posición que tiene cada uno y cómo actuar solo con mirarnos».

El valor de este equipo lo demuestra también después de que se le pregunte si tras los hechos se replanteó cambiar de trabajo: «Después de una intervención tan grave como esta, nos tomamos unos 20 minutos y lo hablamos. ¿Cómo lo hemos visto? ¿Cómo ha surgido? Y nunca hablamos de lo que no hemos hecho o lo que podría haber pasado. Nos tomamos un café o una Coca-Cola y lo dejamos todo aquí antes de ir a casa, pero no pensamos en dejarlo».

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