Ibiza
Las danas ahogan Ibiza y generan pérdidas económicas millonarias en la isla
El paso con dos semanas de diferencia de ‘Ex Gabrielle’ y ‘Alice’ provocó graves daños en las Pitiusas

El puerto de Vila, completamente anegado por el agua. | | VICENT MARÍ
Las Pitiusas vivieron un otoño sin precedentes recientes en el plano meteorológico marcado por dos episodios de dana (depresión aislada en niveles altos) que han dejado una herida profunda en la isla, especialmente en la capital y los municipios de Sant Josep y Santa Eulària.
La primera dana llegó el 30 de septiembre y causó lluvias históricas y torrenciales en la isla, con registros de hasta 254 litros por metro cuadrado en pocas horas en algunas zona. El segundo embate del 11 de octubre, esta vez bajo la borrasca bautizada como ‘Alice’, el agua caída volvió a transformar calles y carreteras en ríos caudalosos, sumiendo a una parte de la isla en un caos logístico y económico de dimensiones catastróficas.
Ibiza ciudad se llevó la peor parte y contabilizó 29 millones de euros en daños económicos, mientras que el total de la isla superó los 35 millones, de acuerdo a las últimas estimaciones realizadas por las instituciones.

Tirando de colchoneta en Platja d’en Bossa. | | J. A. RIERA
Un escenario apocalíptico
Las imágenes del puerto rebosando agua marrón por todas partes dieron la vuelta al mundo y dibujaron un escenario casi apocalíptico, diametralmente opuesta a las instantáneas paradisiacas que están acostumbrados a contemplar todos los que se plantean visitar la isla.
Muchas calles de los barrios de es Pratet y Platja d’en Bossa se volvieron más navegables que circulables, aunque los daños alcanzaron a muchas otras partes de la isla, como demostraron, por ejemplo, las imágenes del arenal de Portinatx completamente destrozado.
La fuerza de las precipitaciones torrenciales obligó a movilizar recursos extraordinarios y resultó fundamental la intervención de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Sus efectivos se desplegaron en las zonas más anegadas para colaborar en las tareas de achique, rescate y limpieza, aliviando la sobrecarga de los bomberos y Protección Civil.

Coche arrastrado hasta el mar en Santa Eulària. | | D.I.
El episodio de octubre, además, trajo consigo la activación del sistema de alerta de emergencia Es-Alert, que envió un mensaje a los móviles de los ciudadanos en ambas islas, pidiendo «máxima precaución» y elevando la tensión de la población, que aún se recuperaba del evento anterior.
Lamentablemente, la segunda dana no solo trajo agua. La tormenta eléctrica del 11 de octubre provocó daños directos en infraestructuras críticas. Un relámpago fue el responsable de cortar una línea eléctrica en Formentera, dejando a 576 contadores sin suministro, sumando a las molestias logísticas el problema de la falta de luz.
Aunque los daños fueron fundamentalmente materiales y económicos, la isla estuvo al borde del desastre personal en múltiples ocasiones, con ciudadanos atrapados en sus vehículos y sótanos. Por fortuna, no hubo que lamentar pérdidas de vidas humanas, un alivio en medio de la desgracia generalizada.

La UME coloca barreras protectoras junto al edificio Brisol. | | J.A. RIERA
Entre esos coches atrapados por la lluvia y el barrio, no faltaron varios en la autovía del aeropuerto, esa infraestructura fundamental de Ibiza que arrastra un pecado original desde su creación que resulta difícil de creer: sus pasos subterráneos no tienen vías para evacuar el agua. El Govern está en fase de estudio para la imprescindible reforma de esta vía en la que los efectivos de la UME tuvieron que emplearse a fondo durante muchas horas.
Sin embargo, el vehículo que se hizo más famoso durante las danas fue un coche rojo que el río de Santa Eulària, con un poderío pocas veces visto y un caudal arrollador, arrastró hasta mar abierto.

La UME evacuando agua en la autovía del aeropuerto. | | J.A. RIERA
Impacto devastador
Por otra parte, el impacto en el tejido empresarial de la isla fue devastador. La Pimeef cifró las pérdidas en decenas de negocios con consecuencias millonarias. Los datos recogidos por la patronal tras el primer gran temporal del 30 de septiembre arrojaron cifras impactantes: pérdidas superiores a 50.000 euros en el 12% de las empresas afectadas y pérdidas de entre 20.000 y 50.000 euros en el 18%, así como una interrupción total de la actividad en el 17%.
Estos datos reflejan el mazazo económico sufrido por pymes y autónomos, que vieron cómo maquinaria, stock y locales quedaban inutilizados por el agua y el fango. Las medidas más demandadas por el sector pasaron por la agilidad en la concesión de ayudas directas, la reducción de impuestos municipales y la flexibilidad en el pago de tributos.
Ante la magnitud de los destrozos, los Ayuntamientos de Ibiza, Sant Josep y Santa Eulària, las principales localidades damnificadas, solicitaron al Gobierno central la declaración de Zona Gravemente Afectada por una Emergencia de Protección Civil (la conocida coloquialmente como «zona catastrófica»). Esta declaración se hizo imperativa tras el primer temporal y se reforzó con el segundo golpe del 11 de octubre.

Dos coches atrapados en la autovía del aeropuerto. | | J. A. RIERA
Por fin, zona catastrófica
La respuesta de las administraciones, comenzó a materializarse en forma de ayudas. El Govern balear se apresuró a desembolsar un total de ocho millones de euros destinados a cubrir daños urgentes.
Finalmente, el Consejo de Ministros aprobó el 26 de noviembre la declaración de zona catastrófica para 63 comarcas de once comunidades autónomas afectadas por emergencias de protección civil, una lista en que incluía a Ibiza y Formentera. Habían pasado dos meses desde las primeras inundaciones para desesperación del alcalde de Vila, Rafael Triguero, que se había desgañitando reclamando celeridad al Gobierno nacional para que abriera cuanto antes el grifo de las ayudas.
Mientras tanto, se sucedían distintas obras públicas destinadas a liberar los torrentes y facilitar el camino natural del agua de lluvia hacia el mar. En una de esas operaciones, los trabajadores municipales de Ibiza no podrían creerse lo que encontraron mientras limpiaban el torrente de sa Llavanera: un enorme tubo de doce metros que alguien había dejado oculto en la arqueta del edificio Brisol. Nadie ha podido resolver hasta la fecha este misterio que hizo de inesperado colofón a unas danas catastróficas y que sirven de claro aviso de cara al futuro, ya que los expertos coinciden en que es un problema que se agravará en el futuro.
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