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Cuando el sorteo del Gordo de Navidad dejaba en Ibiza millones (de pesetas)

Irse de vacaciones a Canarias, casarse o dar la entrada para un piso eran los sueños de los ibicencos si les tocaba el Gordo hace décadas

Trabajadores de Dielectro Balear celebran el premio en 2003

Trabajadores de Dielectro Balear celebran el premio en 2003 / D. I.

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Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Ibiza

En 1970, cuando todavía se contaba en pesetas y la Navidad olía a turrón y a papel de estraza, Ca n’Eubarca -el supermercado de Santa Eulària- se convirtió, de golpe, en una fábrica de sonrisas. Repartió un millón de las antiguas pesetas (6.000 euros) entre su clientela en participaciones de 100 y 50 pesetas (60 y 30 céntimos) del sorteo de Lotería de Navidad, y la alegría fue bastante democrática: hasta un centenar de personas acabaron premiadas. Entre ellas, Maruja Planells, dependienta de la tienda de regalos Sinuhé, que, según contaba la prensa de entonces, era de las que más papeletas llevaba.

Eso sí: por lo general, los titulares navideños en Ibiza y Formentera no invitaban precisamente al optimismo. La hemeroteca está llena de frases que suenan casi a tradición: que si 'la suerte pasa de largo', que si 'el Gordo se volvió a quedar flaco', que si 'las Pitiusas, olvidadas por el Gordo', que si 'poca suerte', 'pedrea' y, en resumen, lo de siempre: los grandes premios no solían llamar a la puerta de estas islas.

Diez años más tarde, en cambio, la historia tuvo un giro de esos que se cuentan en la sobremesa durante décadas. Dos familias de la isla, aprovechando una visita a Mallorca, compraron en el aeropuerto tres décimos que resultaron ser un segundo premio: 12,5 millones de pesetas (más de 75.000 euros) por décimo. Maria Rosa Juan y José Coll habían pillado dos, así que se llevaron 25 millones (unos 150.000 euros). Catalina Torres —descrita en la información como "viuda y madre de dos niños"— compró otro, compartido. Y, como si la suerte hubiera cogido carrerilla, al año siguiente Puig d’en Valls "era una fiesta": entre vecinos se repartieron seis millones de pesetas.

Mariano Juan: una visita al dentista con premio

El 23 de diciembre de 1986, la escena se trasladó de nuevo a Santa Eulària, con foto incluida. Mariano Juan, entonces primer teniente de alcalde, posaba feliz para Diario de Ibiza con uno de los décimos del 63.342, un quinto premio que le dejó diez millones de pesetas (60.000 euros) más contento. Lo había comprado en Palma "una de las veces" que fue al dentista con su mujer. Se hizo con dos series enteras —50.000 pesetas (300 euros)—, vendió tres números a amigos (cada uno se llevó 600.000 pesetas, unos 3.600 euros) y el resto se lo quedó. ¿Plan navideño? Invertir parte del premio en un viaje a Canarias.

En 1989, la ruta de la fortuna pasó por Madrid, y por un clásico: Doña Manolita. Antonio Arroyo Cardona compró allí seis décimos del 62.483. Se gastó 15.000 pesetas (90 euros) y ganó 15 millones (más de 90.000 euros) que, según se contaba, quedaron "bien repartidos entre la familia". Uno de esos décimos acabó en manos de Antonio Paredes, amigo suyo, que lo celebró con su novia, Paquita, en el supermercado Eivipreu de ses Figueretes, donde él era encargado. Y Paquita, ya puesta a soñar, dejó caer en la prensa que esos millones "igual" la ayudaban a plantearse la boda "más firmemente".

Bartolo y Mariano Juan, con el décimo premiado en 1986

Bartolo y Mariano Juan, con el décimo premiado en 1986 / D. I.

Ese mismo año también hubo premio repartido en participaciones entre clientes de Exclusivas Miró: 40 millones (240.000 euros), gracias a participaciones que a su vez había regalado Licor 43. El propietario admitía que no era “mucho”, pero sí “un buen pellizco” para aguantar el gasto típico de estas fechas. Y lo decía encantado… aunque no se hubiera quedado con ninguna participación.

La previsión de Rappel: el Gordo caía en Ibiza en 1993

En 1993, ni siquiera un pronóstico de Rappel consiguió cambiar el guion: pese a anunciar que el Gordo caería en Ibiza, los ibicencos tuvieron que conformarse con alguna pedrea. En 1994, sin embargo, llegó una de esas historias redondas: "tres jóvenes empleados" de una sucursal del Banco de Ibiza en Jesús se hicieron con 60 millones de pesetas. Compartían dos décimos del Gordo, que cayó en Barcelona, en el barrio de Gràcia, con el 49.595.

Y en 1999, la fiesta se vivió en bata y escoba: Inés Redondo, trabajadora del servicio de limpieza de la Policlínica Nuestra Señora del Rosario, había comprado en Madrid ocho décimos del 17.913, premiado con un segundo premio de 14,4 millones (86.500 euros) por décimo. Los repartió entre familia y compañeras, y el día del sorteo la clínica se convirtió en un celebradero. Inés, madre de dos hijas (una de 25 años y otra de 12), explicó en este diario que quería destinar el premio a dar la entrada de un piso.

Hubo que esperar a 2003 para que la suerte navideña sonara en euros en Ibiza. José Marcos Albaráñez hizo una "parada técnica" en Sort, en agosto, durante un viaje a los Pirineos, y compró en La Bruixa d’Or una serie entera del 42.473. Cuatro meses después, ese número era el Gordo. Él se quedó uno, dio cuatro a su padre y el resto lo intercambió con vecinos y compañeros de Dielectro Balear. La imagen quedó para la crónica: brindis, risas y un resumen perfecto de lo que se siente cuando, por una vez, la suerte sí decide parar aquí: "Ha sido un alegrón tremendo", decía.

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