Enterradas para sobrevivir: un libro recupera el legado de las joyas de Ibiza
El Museo Etnográfico de Ibiza presenta el libro 'Joies d'Eivissa', una publicación que recopila la historia, tradición e identidad de las joyas ibicencas, con imágenes de piezas únicas y colecciones particulares

Lina Sansano y Susana Cardona, con un ejemplar del libro 'Joies d'Eivissa'. / J.A. Riera

Por encima del valor económico y cultural que tiene una emprendada, un anell o un botó, se encuentra su importancia generacional. Esa que se refleja mediante su custodia hasta que se transmite a los descendientes como si de un gran tesoro se tratase. Así lo fue, por ejemplo, para las familias que durante la posguerra decidieron ocultar sus joyas cuando los militares iban a sus hogares en busca de objetos valiosos que les ayudasen a pagar los gastos de la guerra. Las ocultaron en una olla y las enterraron, las colocaron entre la paja del establo o las vigas del tejado. Hay quienes las pudieron recuperar para prolongar este linaje y hay quienes aún hoy, con mucho pesar, buscan esa parte del legado familiar que saben que un abuelo se ocupó de proteger y sigue escondido en alguna parte.
Las que se encontraron, las que forman parte de ese bien tan preciado que es como un gen, que se han expuesto en museos o siguen guardadas en un cajón para hacerlas relucir en días especiales o pasarlas a los siguientes parientes, se recopilan en el libro 'Joies d'Eivissa. Història, tradició i identitat'. La publicación se hace con motivo de las exposiciones permanentes que se inauguraron el año pasado en el Museo Etnográfico de Ibiza (Santa Eulària) de joyas ibicencas y el oficio del joyero, y se presentó ayer en Sa Nostra Sala.
Lo ha redactado la historiadora y conservadora del museo, Susana Cardona Torres, e incluye imágenes de piezas que forman parte del fondo museográfico y de colecciones particulares que aún no habían visto la luz: "Cuando entrevistaba a gente para la exposición hubo un ofrecimiento por parte de particulares de prestar sus piezas y se incluyeron algunas que no se habían visto nunca y son bastante curiosas y desconocidas", indica.
Moldes de figuras religiosas con cáscaras de sepia
Muchas de ellas son piezas únicas porque se creaban a gusto de cada comprador: "Hay que partir del hecho de que hay unos elementos muy repetidos y muy tradicionales que todos reconocemos pero cuando, por ejemplo, un padre iba a encargar una de estas piezas o los jóvenes iban a por los anillos, pedían que hubiera una flor concreta, una piedrecita de tal color...", puntualiza Lina Sansano, directora del Museo Etnográfico.
"Antiguamente, todo era una joyería mucho más personalizada, con unas medidas y unos acabados concretos... De hecho, las mismas familias llevaban el material, incluso el oro o la plata a fundir al joyero", añade Cardona. Por este motivo, ella y Sansano agradecen la generosidad de todas las personas que le han contactado en el periodo previo a la publicación del libro para mostrar sus reliquias. Muchas, de hecho, siguieron enviando fotos de sus joyas cuando el nuevo libro estaba en impresión, lo que deja una puerta abierta a una publicación futura.
Entre los colaboradores, hay varios que han preferido mantenerse en el anonimato y otros reconocidos, como la familia Pomar, Toni Escandell, joyero jubilado de Viñets, o Toni Tur de Can Cardona, que "representa la parte más antigua, artesana y tradicional de la joyería", según la conservadora del museo. Tur es, incluso, uno de los artesanos que "todavía sabe hacer moldes del Santo Cristo con cáscaras de sepia", destaca Cardona. Según explica el libro, se marcan los huesos de sepia para echar el metal fundido que se convertirá en el Santo Cristo de plata de las cruces de los rosarios y de las emprendades de plata y coral.
Crecimiento de los tesoros eclesiásticos
Los rosarios, de hecho, son la base de la emprendada femenina y cuentan con su propio capítulo en el libro. "Tienen una función social muy importante a la hora de rezar pero también son piezas de ornamentación y son las únicas que se podían llevar cuando había luto", destaca Cardona. Además, del conjunto de joyas ibicencas, que en un 90% son de mujer, el rosario es de las que se popularizó también en hombres porque "se consideraba que la devoción se tenía que mostrar tanto en el interior como en el exterior".

El molde hecho por Toni Tur de can Cardona con cáscaras de sepia para crear el Santo Cristo de plata. / Joan Costa
Esa devoción, según Cardona es la que acabó contribuyendo a que crecieran «los tesoros eclesiásticos», como se puede comprobar en el Museo Diocesano de Ibiza. En este sentido, menciona las joyas que se ponen a la Mare de Dèu del Roser, de la iglesia de Santa Agnès, cada vez que sale en procesión, o las entregadas como promesa en el Santuario de Lluc, en Mallorca.
La nueva madre de la casa
El uso que se les daba a las joyas no es el único punto en el que se centra el libro, que también analiza, como parte de la tradición payesa, cómo se transmitía entre familiares. Las joyas siempre han sido un bien hereditario y, en el caso de las mujeres, servía para cubrir su dote. En este contexto, Cardona destaca el "profundo contraste" que había en los años 30 o 40, en los que el mobiliario de una casa tradicional era "básico, de economía de subsistencia, pero luego había grandes y espectaculares conjuntos de joyería".
Todo, en definitiva, tenía un fin en algún momento de la vida. "Normalmente, la emprendada, los botones, los pendientes... Se transmitían de madres a hijas y los anillos a los hijos, porque es lo que luego sirve para regalar en la pedida", apunta Sansano. De este modo, "los anillos se convirtieron en un lenguaje no verbal dentro del campo para culminar el festeig", aclara Cardona. "Cuando este terminaba, el joven estaba obligado a regalar los anillos si la mujer tenía emprendada y era la forma de hacer saber a la comunidad que una mujer estaba prometida", concreta.
Cuando se habla de estas joyas, siempre es en referencia a un total de entre 16 y 24 piezas que se llevaban en ocho dedos de la mano (exceptuando los pulgares). "La tendencia era llevar al menos 16, ya que eso daba muestra de una buena posición económica y social", indica Cardona.

Ejemplos de anillos ibicencos en el libro 'Joies d'Eivissa. Història, tradició i identitat'. / Joan Costa
En el momento de emparejarse también aparecía el clauer, una pieza con su propio apartado en el libro, que se considera un tanto controvertida "porque se ha estudiado con un modelo de indumentaria y como joya", señalan las dos expertas. "Nos viene del pirineo oriental y lo entregaba la abuela a la mujer que se casaba con su nieto, en símbolo de que ahora ella sería la madre de la casa", indica Sansano sobre el uso que se hizo de esta pieza en Ibiza.
Dividir cruces entre familiares en la posguerra
Este llavero, que se acompañaba de accesorios de temática religiosa, se ataba a la cintura sobre la gonella negra y, aunque hay varios por fragmentos, en la isla solo se conserva uno entero: "Sabemos que se intentó fundir a principios del siglo XX en Vila pero en aquel momento el joyero estaba ocupado y la familia se lo llevó de vuelta a casa", cuenta Cardona.
Los botones de filigrana de plata, una de las pocas joyas únicamente masculinas en el joyero ibicenco, en cambio, acabaron desapareciendo por voluntad de sus creadores: "Durante la posguerra hubo dificultad para reproducir estos modelos de botones porque ya no había joyeros que estuvieran dispuestos a hacerlos", explica Cardona. Estas piezas se llevaban sobre el chaleco y, según indica Cardona, como el hombre "abandona la vestimenta tradicional de inmediato, mientras la mujer sigue vestida a la manera antigua", acabaron sustituyéndose por piezas de importación, como los gemelos que llevaban en la camisa o los relojes de bolsillo.
La historia de todas estas piezas, protegidas durante generaciones, continúa en el libro presentado este miércoles. Cuenta sus detalles usos y muestra el de otras muchas. Por el momento, en una tirada limitada que se puede consultar en el departamento de Cultura del Consell de Ibiza.
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