Toni Ros, empresario cárnico de Ibiza, se jubila: "Los sábados, mi padre cogía una bicicleta y se iba a vender corderos"
El matadero de Ibiza rinde un homenaje a Antonio Guasch Serra, que se jubila tras 40 años en el sector

Toni Ros y su padre, Joan, con una de sus primeras furgonetas / Can Ros

"Será difícil", responde Antonio Guasch Serra, más conocido como Toni Ros, cuando se le pregunta si sabrá estar jubilado. Un comentario al que sigue una carcajada. Guasch, empresario de carnicería, se jubila y este miércoles la Mancomunidad Intermunicipal de Servicios Públicos Insulares (el matadero) le ha rendido un homenaje. "En reconocimiento a toda una vida dedicada al sector cárnico de Ibiza a cargo de Can Ros y a su histórica vinculación con el Matadero Insular", señalan desde la mancomunidad. "Una trayectoria profesional marcada por la constancia, la defensa del producto local y el compromiso con el sector primario de la isla", continúan desde este organismo cuyo presidente, Andreu Roig Marí, entregó una placa.

Toni Ros, en el centro, durante su homenaje / Mancomunitat
Toni Ros se jubila después de casi 46 años dedicados por entero a la carnicería, un mundo en el que entró a los 22 años. En realidad, él era herrero y, al acabar la mili, lo que quería era montar una herrería, pero aquello necesitaba una infraestructura que no era posible asumir en ese momento, así que comenzó de carnicero. El oficio no le sonaba extraño: "Mi padre, Joan, agricultor, para sacarse un extra todos los sábados cogía la bicicleta y se iba a Can Bellotera a vender algunos corderos", recuerda.
Una empresa que empezó en los 60 debajo de una higuera
Rondaban los años 60 y el padre de Toni empleó sus ahorros para comprarse unos cuchillos y una cámara frigorífica —"una carnera"— y apostarse los sábados a la sombra de una higuera para comenzar a vender carne. Al poco, la tienda de ultramarinos que había en el barrio le dejó un espacio para sus ventas. Ahí fue donde Toni, tras renunciar a su idea de la herrería, comenzó a echarle una mano a su padre.
Así, alquilaron una habitación allí mismo, en Can Bellotera, donde su padre solía vender los corderos los sábados, y montaron el germen del negocio familiar. "A los ocho años compramos un local en el edificio", comenta. En aquel momento, él tenía unos 30 años, más o menos. A Toni rápidamente se le unió, en el negocio, su mujer. Catalina.

La familia de Can Ros, al completo / Can Ros
Cuando se le menciona el "pequeño imperio" que ha montado en estas cuatro décadas en el sector cárnico, el empresario ríe: "No creo que sea un imperio, pero hemos vivido toda la familia de ello, trabajando mucho, eso sí". Insiste, de hecho, en este "trabajando mucho".
"Para dedicarte a esto, la carnicería te tiene que gustar"
Y es que le han dedicado muchas horas y mucho esfuerzo. En ningún caso, confiesa, al Toni de veintitantos que comenzó como carnicero se le pasaba por la cabeza que la empresa llegaría a ser lo que es hoy. Eso, indica, tuvo un precio. Y es que él tuvo que dejar un poco de lado los cuchillos. Y el mostrador. "Siempre estaba por allí por si alguien quería hablar conmigo, pero cuando empiezas a crecer algunas cosas te llevan mucho tiempo: el obrador, el teléfono, los proveedores... Con una plantilla de veinte personas no puedes estar de cara al público todo lo que te gustaría".
Él se marcha —"estaré ahí para lo que necesiten", comenta— y el negocio se lo queda un empresario de Cataluña "que conoce mucho Ibiza", la empresa y sus productos. "Los hijos tienen carrera y, además, no les gusta esto. Y la carnicería que tiene que gustar", recalca Toni Ros.
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