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'Històries de migracions'

Luiz Felipe Pinto, brasileño residente en Ibiza: «La migración es intercambio y cooperación, no una amenaza»

Uno de los testimonios que recoge el proyecto ‘Històries de migracions’ es el del brasileño Luiz Felipe Pinto, que ayer participó en el coloquio del Fons Pitiús de Cooperació

El público y, al fondo, el panel con el testimonio de Luiz Felipe Pinto.

El público y, al fondo, el panel con el testimonio de Luiz Felipe Pinto. / Vicent Marí

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Maite Alvite

Maite Alvite

Ibiza

Luiz Felipe Pinto, natural de Río de Janeiro, lleva «media vida en Ibiza», en concreto, «desde el 27 de abril de 2001». «Totalmente en desacuerdo con la injusticia social, el racismo, la violencia y la homofobia que había y que todavía existe en Brasil», decidió buscar otro lugar en el que poder vivir «con sensación de paz, libertad y seguridad» y lo encontró en las Pitiusas. Lo explicó ayer a Diario de Ibiza unas horas antes de participar en el coloquio en el C19 de Vila conducido por Bea de Astorza, técnica de educación del Fons Pitiús de Cooperació.

Su testimonio es uno de los 25 que aparecen recogidos en la exposición ‘Històries de migracions. Eivissa i Formentera, terra de sortida i arribada’ y el audiovisual homónimo, que se proyectó como complemento a la charla con motivo del Día Internacional de las Personas Migrantes, que se conmemora este jueves.

Antes de llegar a las Pitiusas, Pinto ya había tenido la experiencia de residir en el extranjero. Acabó el bachiller en Suecia y en el año 2000 probó dos meses en Nueva York, donde vive su hermano, pero no le convenció. Al final se decidió por Ibiza cuando un amigo, bailarín de flamenco, le propuso hacer en la isla balear la temporada de verano. La idea inicial era que trabajara en la recepción de un gimnasio, pero al no tener su situación administrativa regularizada no le contrataron. «Al no tener otra opción, empecé a trabajar como gogó en una discoteca y luego seguí en la noche como relaciones públicas y como portero hasta que me puse a trabajar en una tienda en el puerto de Ibiza», relata Pinto, que en Brasil había trabajado en artes escénicas.

Un momento del evento en el C19, en Vila.

Un momento del evento en el C19, en Vila. / Vicent Marí

Dispuesto a dar un giro a su vida encontró su vocación en la sanidad cuando a un compañero de trabajo y gran amigo le descubrieron un cáncer terminal. Estudió la carrera de Enfermería en la UIB y estudió catalán y se sacó hasta el C2 con el Institut d’Estudis Eivissencs (IEE).

Voluntario en Cruz Roja y Médicos del Mundo

Ha colaborado seis años con Médicos del Mundo y desde 2009 con Cruz Roja en Ibiza trabajando en la unidad que da apoyo psicosocial a las personas sin hogar. También ha formado parte de los equipos que ofrecen una primera atención a las personas migrantes que llegan en patera a las Pitiusas, pero ha decidido hacer una pausa en esta labor por la carga emocional que supone. «Soy un migrante extracomunitario que se instaló en España hace casi 25 años y que después de un proceso largo se ha nacionalizado y se ha integrado. Aunque en situación irregular, yo llegué en avión, con pasaporte y una maleta de 23 kilos y siento mucha tristeza al ver las condiciones en las que llegan estas personas en patera», explica. Aunque integrarse «no fue un proceso rápido ni fácil», asegura que, en su caso, desde el primer momento se sintió "muy acogido».

«Cuando yo llegué hace 25 años, la inmigración no se veía como algo negativo, era un proceso sumatorio, que significaba colaboración y cooperación. Y lo que veo ahora es todo lo contrario, la inmigración se entiende como un sinónimo de amenaza y ese fenómeno no es exclusivo de España, es una deriva mundial y eso nos debería hacer pensar. La migración no es la aniquilación sino la fusión de culturas», reflexiona.

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