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Muere Antonio Boned Costa, el centenario de Santa Agnès que no se bajaba de su bicicleta estática

El funeral se celebrará este martes a las 17 horas en la iglesia de santa Agnès de Corona

Toni Boned, centenario Santa Agnès, en su llaüt.

Toni Boned, centenario Santa Agnès, en su llaüt. / Irene Boned

Laura M. Expósito

Laura M. Expósito

Ibiza

Antonio Boned Costa, conocido en Santa Agnès como ‘Toni de Cas Gall’, falleció este domingo 14 de diciembre, a los 100 años de edad. Su despedida tendrá lugar este martes a las 17 horas, con el funeral en la iglesia de Santa Agnès de Corona.

Nacido en 1925 en Cas Gall (Santa Agnès), Toni Boned fue, ante todo, un hombre ligado a la tierra y a los ritmos del campo. Su familia recuerda que, incluso al cumplir el siglo de vida, seguía sorprendiéndoles por su energía y su empeño diario: “Aunque tiene 100 años, no para”, resumía una de sus nietas, Irene Boned, el pasado 8 de marzo, durante la celebración del cumpleaños de Antonio. Entre sus costumbres más comentadas estaba la bicicleta estática, a la que se subía con la misma disciplina con la que seguía pendiente de pequeñas tareas agrícolas.

Su historia personal estuvo marcada desde niño por un golpe duro. Con siete años, perdió a su padre, Antonio Boned Boned, fallecido en el mar, y su madre, Antonia Costa Costa, quedó viuda con apenas 27 años y cuatro hijos a su cargo. Toni, todavía un crío, pasó a ser —como recordaban en casa— el “hombre de la casa”. A pesar de esto, pudo ir a la escuela. Las clases se impartían en una casa conocida como ‘Es Pujol’, a la que acudían solo hombres, y fue sacristán durante seis años, un dato que quienes le conocieron relacionan con su carácter discreto y cumplidor.

Un agricultor que hacía la temporada de la sal en ses Salines

De joven trabajó como agricultor, ocupándose de las tierras familiares, y también hizo temporadas “sacando sal” en ses Salines, como tantos ibicencos de su generación. Esa mezcla de campo, esfuerzo y constancia definió su vida y su manera de entender el día a día.

El azar y una tarde de música cambiaron su rumbo. En una visita a la tienda Can Partit, en Santa Agnès, avisado por su amigo Juan Micaló de que habría baile, conoció a quien sería su esposa, Antonia Marí Marí, de Can Pep Tirurit (Sant Joan). La familia de ella se había detenido allí a comer y, tras la comida, sonaron el acordeón y las canciones. Poco después se casaron y compartieron una vida de trabajo: fueron porteros en S’Illa Blanca (Sant Antoni) y también en el edificio Manila.

Toni Boned Costa, y su mujer Antonia Marí Marí, en la celebración del cien cumpleaños de Boned

Toni Boned Costa, y su mujer Antonia Marí Marí, en la celebración del cien cumpleaños de Boned / Familia Boned

Quienes convivieron con Toni destacan su afición por la pesca y los momentos familiares que más disfrutaba: la época de recoger aceitunas para hacer aceite y las partidas de cartas de “es ramer” después de comer. En torno a la mesa se reunían siempre —y así lo celebraron también este año— sus tres hijos, cinco nietos y dos bisnietos, el círculo que hoy llora su pérdida.

Una fiesta de centenario rodeado de los suyos

El pasado 8 de marzo, Toni Boned celebró su centenario en Santa Agnès rodeado de los suyos, en un encuentro en el centro social al que acudieron también el alcalde de Sant Antoni, Marcos Serra, y el concejal Miguel Ángel Costa. Aquella jornada bailó e incluso cantó una de sus canciones favoritas: la bulería ‘Ovejitas Blancas’, popularizada por Gracia de Triana. Fue una despedida anticipada sin saberlo: la imagen de un hombre centenario que aún encontraba fuerzas para cantar resume, quizá, su forma de estar en el mundo.

Con su muerte se va un vecino que representó una Ibiza trabajadora y serena, de campo y comunidad, de esfuerzos silenciosos y celebraciones sencillas. Santa Agnès despide ahora a Toni de Cas Gall, dejando tras de sí una vida larga, hecha de familia, oficio y constancia.

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