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Entrevista

Miguel Félix Chicón, exjefe de Salvamento Marítimo en Balears: «Navegar no es pasar un día de playa en Ibiza, es aprender de nuestros ancestros»

Tres años después de jubilarse publica su primer libro, ‘Navegar es necesario’ (Mallorca Press), una recopilación de los artículos que ha escrito durante los últimos años en Gaceta Náutica. Nacido en Tánger hace 65 años, el mar es la gran constante de su vida y lamenta que siga siendo un gran desconocido para mucha gente de Eivissa y Formentera. Tiene su propia teoría al respecto después de haber recorrido el planeta navegando. Solo le falta el Océano Pacífico.

Miguel Félix Chicón, 
el miércoles en la presentación de su libro en Palma. | MANU MIELNIEZUK

Miguel Félix Chicón, el miércoles en la presentación de su libro en Palma. | MANU MIELNIEZUK

Guillermo Sáez

Guillermo Sáez

Ibiza

¿Por qué es necesario navegar?

En realidad es una frase muy antigua. Ya la sentenció Plutarco, antes de la época cristiana, en honor de Pompeyo Cayo, que fue comisionado para satisfacer la hambruna que había en Roma. Una vez cargados todos los buques que había llevado al norte de África y había que llevar hasta la metrópoli, hacía bastante mal tiempo y los pilotos le dijeron que era complicado, pero él fue el primero en embarcar. Y dijo: «Vivir no es necesario; navegar, sí». Lo que Plutarco quería decir es todos debemos afrontar la navegación de nuestra propia vida con decisión y tomar las oportunas decisiones con valentía para llegar a buen puerto. Esa frase después fue acuñada por la naviera de Castilla en su época.

¿Cuánto se parece entonces navegar a vivir?

Vivir no es más que navegar por un mar que a veces está en calma, a veces tiene tempestades, a veces viene el viento de una banda, a veces de otra… Y debemos saber tomar las decisiones que son necesarias y no solo por nosotros, también por el bien colectivo. Así es como deberíamos navegar en la vida: intentando ayudar siempre a la gente y haciendo el máximo bien común a todos.

Pero muchas tempestades no se ven venir…

Efectivamente, igual que pasa en la mar. Por eso debemos saber escuchar. Últimamente, en casi todas las tertulias, los debates políticos, los debates entre amigos, la gente contesta y contesta y contesta. Parece que estamos escuchando para contestar y en realidad deberíamos escuchar para aprender. Y una vez que hayamos escuchado y aprendido de lo que se dice, aunque la opinión de las otras personas no sea como la tuya, se debería aprovechar esto para transmitir tú lo que puedas y sepas.

Por desgracia, no parece una actitud muy de moda.

Para escuchar hay que aprender de nuestra propia historia. Este libro es una recopilación de artículos en los que no solo se habla de navegación, sino de una historia. Porque, si aprendemos de la historia, sabremos aplicar estos conocimientos adquiridos en nuestra propia vida. En nuestra propia navegación.

¿De dónde surgió la idea del libro?

A raíz de una propuesta que me hizo la directora de Gaceta Náutica de escribir artículos para intentar transmitir a los lectores algo de conocimiento sobre la cultura de la mar que, por desgracia, no está enraizada en un estado evidentemente marítimo como el español. Conocemos poco de la navegación incluso en Pitiusas, donde en muchos casos ves que hay poca cultura de la mar y se desconoce ya no solo a nivel de conocimiento práctico, sino a nivel de conocimiento filosófico.

¿Por qué?

Mi teoría, que puede ser tan absurda como cualquier otra, es que las invasiones que se han sucedido en las islas han venido por la mar. Así que muchísima parte de la población que está asentada en los territorios lógicamente huía tierra adentro cuando ve venir a las flotas piratas. Tal vez sea una especie de defensa sobre la invasión que te puede venir de fuera. Pero no lo sé, solo es una teoría.

Ya ha pasado tiempo suficiente para desprenderse de ese miedo, ¿no?

Por eso hay que insistir en que la mar no es solo ir a pasar el día a Formentera en la playa. Es aprender de todos nuestros ancestros, de todas las historias que hay detrás de la aventura marítima que ha habido en Pitiusas desde los tiempos de los fenicios.

¿Se puede ser más feliz en el mar que en tierra?

Navegar te proporciona bastante satisfacción. Yo siempre he navegado como marino mercante. Es mi vocación y mi filosofía siempre ha sido llevar un barco con mercancías o con personas de un sitio a otro. Cuando tú das la orden de largar todo, de soltar las amarras de tierra y empiezas a navegar… Ahora ya no tanto, porque hay muchísimas comunicaciones, pero en otras épocas solamente estaba el cielo, el barco y tú. Y esto da una sensación de libertad bastante grande.

Naciendo en Tánger, no sería difícil despertar esa vocación.

Además, en mi familia eran todos pescadores. Era toda de Algeciras, con lo cual hacíamos travesías por el estrecho de Gibraltar, que es un entorno impresionante: la costa de dos continentes, uno a cada banda, el imponente peñón de Gibraltar… Eso de niño llama muchísimo la atención. Y te preguntas: ¿Cómo puedo conocer mundo con lo caro que es viajar? Pues me hago marino y encima cobro.

Y así logró viajar por muchos países. ¿Consiguió recorrer el mundo entero?

Qué va, ojalá. Por ejemplo, nunca he navegado por el Océano Pacífico, quizá por eso me fascina tanto. Muchos de los artículos del libro están orientados en la carrera del Pacífico, en el Galeón de Manila, que fue el primer barco de línea regular que se puso en el siglo XVI y duró 250 años entre Manila y Acapulco uniendo tres continentes: Asia, América y Europa.

En el Océano Índico logró salir indemne de un incendio a bordo.

Sí, fue en 1981. Yo iba de alumno en un petrolero que ya no existe, el ‘Álvaro de Bazán’, de 292 metros de eslora y 46 metros de manga, buen tamaño. Hacíamos una ruta que partía de Castellón y en la que teníamos que circunvalar Sudáfrica porque todavía no estaba abierto el nuevo canal de Suez. Íbamos con el barco cargado de petróleo de diferentes calidades. Cuando recorríamos el canal de Madagascar, de repente sonó la alarma de incendio. Gracias a que estábamos muy bien entrenados, todo el mundo corrió a sus puestos designados y fuimos capaces de sofocarlo y seguir navegando. En mitad del océano no puedes llamar a los bomberos ni a Salvamento Marítimo, estás tú solo.

¿Fue su momento de mayor miedo navegando?

La gente que estaba a mi alrededor estaba blanca, como la cal, y posiblemente yo también lo estaría. Fue un momento duro. También lo he pasado mal en muchos temporales y en situaciones en las que debes tener mucho cuidado, alguna de ellas en Ibiza.

¿Cuándo?

En 1993 estaba de capitán en un ferry que se llamaba ‘Islas Pitiusas’, que hacía la línea entre Gandía y Sant Antoni. Había un temporal de poniente bastante fuerte, pero ese barco navegaba muy bien. Salimos de Sant Antoni y a la altura de sa Conillera la mar arboló muchísimo y tuvimos la mala fortuna de que el motor principal empezó a dar problemas, así que hubo que pararlo. El barco no llegó a quedar a merced del mar, pero el gobierno sí se hizo muy complicado. Estamos hablando de un barco de 82 metros de eslora. No avanzábamos y dar la vuelta era prácticamente imposible porque, al no tener máquina, no puedes afrontar una maniobra de cambio de rumbo. Al final, conseguimos recuperar el motor e ir avanzando poquito a poco. Llegamos con retraso, pero a salvo. Había más de 200 personas a bordo.

Un año después entró en Salvamento Marítimo.

Me presenté a las oposiciones, saqué la plaza, estuve de controlador un par de años y después, en el puesto de jefe. Y adelante, claro. Ahí estuve hasta 2022.

¿Cómo ha cambiado el litoral pitiuso durante esas tres décadas?

Se ha notado mucho el aumento de la urbanización en las zonas costeras. En la norte no, evidentemente, que sigue siendo muy salvaje y divina. Y se nota que ahora hay mucha más gente. El aumento de tráfico marítimo ha sido exponencial.

¿Hasta el punto de estar sobreexplotado?

Creo que sí. Hay un exceso de buques en la zona. Hay muchísimo barco que ni siquiera tiene plaza para entrar en puerto y se queda fondeado. De hecho, muchas veces hay barcos que aparecen en la playa porque estaban fondeados y no había nadie a bordo. En invierno se sueltan de sus fondeos y se van a las piedras. ¿Y quién es el responsable? Es el dueño del barco. Y como es una propiedad privada, no se puede actuar de una forma sencilla. Entonces, ¿quién debe vigilar esto? Es complicado porque si coges un barco de estos no hay sitio donde meterlo. La solución no es sencilla, pero son los dueños quienes tendrían que vigilar sus barcos y evitar que estuviesen fondeados en zonas en las que no tienen permiso para estar.

¿Hay demasiada gente inexperta navegando por las islas?

Muchas de esas embarcaciones son de alquiler. Es como cuando vas a Inglaterra y alquilas un coche. Los primeros días vas por la izquierda, las rotondas las coges al revés, la palanca de cambios está al otro lado… Es una situación similar con una persona que no está habituada a navegar y a eso súmale el hecho de que la gente está de vacaciones y, por tanto, relajada.

Y a veces, puede que también haya bebido…

Hace muchos años, hubo el caso de una lancha que alquilaron cinco extranjeros. Iban de Mallorca a Ibiza de fiesta. A bordo ya iban bien cargados de alcohol y se metieron un buen leñazo cerca de Santa Eulària. Rescatamos a los cinco y uno de ellos iba bastante malherido por un golpe en la cabeza, pero lo único que querían salvar de a bordo era la botella de Chivas.

Juntar alcohol y navegación no parece la mejor idea.

Hay que tener mucho cuidado con ello. Las tripulaciones de los barcos llevan encima una presión excesiva para controlar la seguridad. Van cinco o seis tripulantes para controlar igual a 150 personas. Cuando empieza la ingesta de alcohol, no es una labor sencilla. También viví el caso de una golondrina en la que, hace muchos años, nos dieron un aviso cuando amarró en el puerto de Sant Antoni porque faltaba uno de los chicos. Era el sobrino del ministro del Interior irlandés, que apareció ahogado unas horas después. Venían de fiesta y dos de ellos se lanzaron al agua para intentar llegar nadando a la costa, pero este no lo consiguió. Las distancias en el mar no son tan cortas como parecen a simple vista y si encima vas caliente de alcohol...

¿Cuáles son las zonas más peligrosas de Pitiusas para navegar?

La estadística dice que la zona de es Freus. Es una zona angosta, de poco calado y con mucho tráfico. También la zona del oeste de ses Illetes, la zona que está enfrente de Santa Eulària, la zona cerca de Tagomago, la zona al sur de sa Conillera, con muchos islotes… Hay que estudiárselo, nada más.

¿A cuántas personas calcula que ha ayudado a rescatar?

Cada año, Salvamento Marítimo ayuda a entre 1.500 y 2.000 personas en Balears. Entre 400 y 600 emergencias anuales.

En los últimos años, muchos de esos rescates proceden de la explosión del fenómeno migratorio.

Efectivamente. Estamos hablando de embarcaciones muy pequeñas, muy precarias y que no llevan elementos de seguridad. Las mafias no les facilitan ninguno, o como mucho, algún chaleco salvavidas que deja mucho que desear. Tampoco llevan luces porque ellos quieren pasar desapercibidos para poder llegar a tierra y van sobrecargadas. En esos barcos compran muchísimos números de la lotería para que les toque una desgracia. Hay que ir a por todas esas personas que buscan una vida mejor, rescatarlas y darles la asistencia que merece cualquiera que corre un peligro de este calibre. Y también es duro para los trabajadores de Salvamento Marítimo. Son navegaciones de bastantes horas en las que las tripulaciones lo dan todo y se agotan. Y por muy preparado que estés, llega un momento en el que el cuerpo llega a su límite.

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