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Navidad en Ibiza: Vuelve el belén más innovador en pleno Dalt Vila

El belén de Isabel Delgado y Jesús García, más conocidos como Traspas y Torijano, lleva días abierto, un año más, en la parte alta de la ciudad

Toni Escandell Tur

Toni Escandell Tur

Ibiza

Son muchas las señales que indican el inicio del periodo navideño. En Vila, aparte del encendido de luces y la puesta en marcha del programa municipal de actividades, hay otra pieza clave de estas fiestas que nunca falla desde hace años: el peculiar belén de Isabel Delgado y Jesús García, más conocidos como Traspas y Torijano. En el patio de su casa montan toda una puesta en escena a la vista de los vecinos y transeúntes del carrer Major de Dalt Vila. Normalmente todo se prepara a finales de noviembre. Ya es visitable, desde hace días, para cualquiera que pasee por la zona. Y es que se puede ver desde fuera del patio, a través de una verja. El nacimiento estará en pie hasta el 9 de enero y se puede observar durante todo este periodo de nueve de la mañana a nueve de la noche.

Reivindicación

Hay de todo: conejos, cerdos, erizos, una serpiente grande junto con otras de menor tamaño, patos, cisnes, gallina, pollo, pollitos, ratones, rata, gatos, una foca, muchos búhos, ardillas, un flamenco, un pavo… Y de varios de estos animales hay ejemplares de diferentes dimensiones. Al fin y al cabo ambos viven el montaje del belén como una forma de experimentar, de innovar, de hacer algo diferente. Dos maniquíes negros se convierten cada año en José y María, que está embarazada. «La noche del 24, cuando la gente sube a la misa del gallo, es cuando ponemos al niño en los brazos de la Virgen. Otros años le toca a San José, depende de cómo nos dé. Y también es una especie de reivindicación», comentan. Siempre hay algo de ello en este belén. De ahí la presencia de la sargantana y de las serpientes, por ejemplo. «La lagartija es gigante y ahora la tenemos en la pared de la casa, fuera, pero el año pasado estaba en el nacimiento. Y al mismo tiempo tenemos representado lo que nos está faltando, que son los erizos, para comerse a las serpientes».

Lo que comenzó siendo «un belén normal, de mesa», ha llegado paulatinamente a ser una atracción, comprando Traspas y Torijano nuevos elementos y también recibiendo algún que otro animal como regalo de algún vecino. Es el caso de unas gallinas realistas o de un pato.

Fieles visitantes

Si bien hay personas a las que esta estampa les pilla desprevenidas durante un paseo por Dalt Vila, también hay muchos fieles a este belén que lo tienen como tradición navideña, una visita obligada cada diciembre o enero. «Sube mucha gente con niños». Hay un búho que chilla al darle palmadas y esto gusta al público. «Lo compramos para Halloween y tuvo tanto éxito que ya lo dejamos para Navidad. Le ponemos un cartelito de Felices Fiestas y ahí está el pobre aguantando el chaparrón», cuentan a modo de anécdota. «También tenemos un pollito que está hecho un desastre, el pobre, es muy canijo», bromea Delgado. Pero ahí sigue, porque, como otras figuras y elementos, ya forma parte de la historia de este nacimiento.

El belén ha ido creciendo considerablemente a lo largo de los años y se complica que así pueda continuar siendo, porque no habría espacio para luego guardarlo todo. Con lo que ha llegado a ser ya ha conquistado a muchos ibicencos y turistas.

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