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Vivienda

Unas antenas agrietan el techo de un edificio en Ibiza y amenazan con derrumbarlo

Una mujer tiene que convivir con el miedo de que su apartamento se desplome sobre su cabeza.

Infraestructura colocada por Vodafone

Infraestructura colocada por Vodafone / Guillermo Sáez

Guillermo Sáez

Guillermo Sáez

Ibiza

¿Se imagina mirar al techo cada noche antes de dormir y, en lugar de sentir la paz de tener un refugio, percibir el miedo de que caiga sobre tu cabeza? Como Obélix, como todos sus vecinos en la aldea gala, que vivían en permanente pánico de que el cielo se desplomara encima de ellos.

Un temor similar es el que ha empezado a experimentar Siauw cada vez que cierra los ojos antes de conciliar el sueño en su apartamento de la Avenida Bartomeu de Roselló.

«Cuando me dijeron que se podía caer el techo, todos mis amigos me dijeron que cogiera las maletas y me fuera a Holanda, allí tengo otro apartamento», cuenta Siauw a Diario de Ibiza. Porque es holandesa de nacimiento, pero ibicenca de adopción. No obstante, compró su apartamento junto al puerto de Ibiza hace ya 35 años.

Lo disfrutó sin mayores contratiempos hasta hace unos cinco años, cuando empezó a contemplar alarmada cómo se iban dibujando las primeras grietas sobre el techo de su apartamento: «Ahora está todo el apartamento lleno de grietas, pero lo que peor está es el techo de mi habitación. Justo debajo de las máquinas», subraya.

Porque si el enemigo de Obélix eran los romanos, el de Siauw son todos esos dispositivos eléctricos que se arraciman justo encima de su cabeza, con la única separación de ese techo que se sigue llenando de cicatrices con el paso del tiempo: «Hasta 2020 tenía el piso en perfecto estado y ahora está lleno de grietas, y me han dicho que se puede caer el techo en uno o dos años. El perito dijo que el techo se está deformando y claro, las grietas cada vez se van abriendo más».

"Graves consecuencias estructurales"

La empresa que ha instalado toda esa infraestructura de telecomunicaciones en la azotes del edificio es Vodafone. Hace más de 15 años, la empresa y la comunidad de propietarios firmaron un contrato de alquiler que, actualmente, reporta a los vecinos unos ingresos de 18.000 euros anuales.

La última prórroga estipula que el contrato vence en 2028, pero Siauw espera que haya una fórmula legal para rescindirlo antes. Si por ella fuera, lo haría hoy mismo, a la vista de la situación que le ha provocado y que ya cuenta con un documento que la avala oficialmente.

Se trata del informe realizado por un arquitecto el pasado 28 de octubre y cuyas conclusiones no dejan lugar a dudas. El texto habla de la «excesiva carga en la cubierta, unida a condiciones ambientales agresivas, está produciendo graves consecuencias estructurales» en la vivienda de Siauw. Una de las medidas que menciona para «evitar el peligro existente» pasa por la «eliminación parcial o total del sobrepreso de la cubierta».

Y como siempre llueve sobre mojado, en las recientes danas otoñales que se cebaron con Ibiza, y especialmente con Vila, entró «un montón de agua» por las grietas del techo. «Y menos mal que estaba en casa porque si no se hubiera inundado el apartamento», cuenta.

Y no habría sido extraño, ya que alterna temporadas de residencia en Holanda y Ibiza. De hecho, en Navidad volverá a su país y tiene claro que su problema es de muy difícil resolución a la vista de la postura de la otra parte.

Vodafone no responde a las llamadas

«Es imposible contactar con Vodafone. Desde el 30 de septiembre hay una incidencia abierta, tiene que venir un perito a evaluar los daños y no lo ha hecho. Hemos puesto otras diez incidencias y nada, por eso ahora hemos recurrido a mandar un burofax. Esperemos que a eso sí contesten», confía la propietaria del apartamento, quien asegura que, además de instalar más aparatos de los permitidos, Vodafone ha realquilado espacio en la azotea del edificio a otras empresas de telecomunicaciones para que coloquen sus propias antenas.

Como último recurso le quedaría acudir al ayuntamiento, pero esa posibilidad no se contempla aún porque podría llevar al desalojo completo del edificio. «Y eso sería un desastre para todos los vecinos», finaliza.

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