Ibiza
Gustavo Gómez, coordinador de Cáritas Ibiza: «Algunos quieren una sociedad en la que los que son feos o negros no caben»
La organización eclesiástica ya ha ayudado este año a unas 3.000 personas en la isla

Sergio G. Cañizares

Gustavo Gómez lleva 27 años trabajando en Cáritas, los últimos 12 como coordinador en las Pitiüses. Una vida dedicada a ayudar a los demás, un grupo cada vez más diverso, pero con un nexo común: la imposibilidad de acceder a una vivienda. Este año han repartido 350 toneladas de alimentos y han recogido 100 toneladas de ropa, pero remarcan que su labor principal sigue siendo ayudar a que todo el mundo pueda «seguir adelante con su vida después de un bache».
¿Qué labores realiza Cáritas en las Pitiusas?
Por lo que más nos conocen es por el tema de la ropa y los alimentos, y realmente es lo que menos nos gusta hacer. Por lo que nosotros trabajamos realmente es por la promoción de la persona: que entre por la puerta, se sienta acogida y trabajar con ella en su promoción para que un día tenga que dejar de venir a Cáritas, para que pueda seguir adelante con su vida después de un bache.
¿Cuál es el perfil actual de la persona que pide ayuda a Cáritas?
Ha cambiado. Hace unos años era un perfil más homogéneo, de personas con poca formación, con sus padres y otras generaciones que ya venían de sufrir muchas problemáticas. Ahora es un perfil más heterogéneo. Atendemos a muchas personas que están trabajando y que, por todas esas circunstancias que engloban a nuestra isla, están pasando situaciones difíciles. A partir de ahí nace todo el trabajo que realizamos.
¿Es un perfil de persona diferente al del resto de España?
Hay muchas similitudes en muchas problemáticas, pero aquí está muy marcado por el tema de la vivienda. Hace unos cuantos años, con una ayuda nuestra y alguna ayuda de la administración, esas personas conseguían alquilar una habitación. Ahora es imposible y vienen a pedir ayuda incluso personas que están trabajando 40 horas a la semana.
Eso resulta muy llamativo. ¿Revela un fallo sistémico?
Antes, tener un trabajo te aseguraba una protección social. Hoy, puedes tener un trabajo y estar prácticamente en exclusión social. Efectivamente, es un tema sistémico y no es puntual, es estructural. Hace ocho años, nosotros ya teníamos informes que avisaban de que el tema de la vivienda empezaba a ser muy preocupante en Ibiza.
¿Cuántas personas atienden al día?
Por las mañanas damos unos 50 desayunos y para comer atendemos a unas 40 personas. En las casas parroquiales de Sant Antoni y Santa Eulària servimos otras 30 comidas. En acogida, que ya son intervenciones individuales, que es como la puerta de entrada a Cáritas, hacemos unas 20 entrevistas iniciales o de seguimiento para ver cómo siguen las personas y a partir de ahí ver por dónde podemos tirar. Por supuesto, acogemos a todos, pero también exigimos para que cada persona vaya a su ritmo. Hay quienes tienen dificultades muy importantes por temas de consumo o de enfermedad mental y son procesos más lentos. Nosotros estamos para acompañar a cada uno y que todos puedan mejorar su situación.
Debe de ser un trabajo reconfortante, pero al mismo tiempo duro porque no se acaba nunca.
Es complejo. He tenido personas del equipo que lo han dejado porque se llevaban todos los problemas a casa. Y al mismo tiempo, cuando viene una persona que lo ha pasado mal, con la que nos hemos tirado los trastos mil veces porque ha sido un proceso complicado, y viene a invitarte a un café porque ha encontrado un trabajo, esa es la mejor satisfacción. Con el tema de la vivienda, por desgracia a veces solo podemos sentarnos a su lado, darnos un abrazo y llorar juntos porque, por supuesto, eso no podemos arreglarlo. Por lo menos, que salgan más reconfortados. En Cáritas es indiscutible ese acompañamiento y ese calor.
¿Cuál ha sido el momento más complicado de este año? Imagino que las danas...
Sí, pero sobre todo por nuestras instalaciones, que se quedaron hechas un desastre. Lo más especial fueron los desalojos de Can Rova 2. Fue muy complicado porque sabíamos que no podíamos regularizar a personas que están viviendo debajo de un plástico. Y eso no puede ser. Los desalojamos de aquí, pero, ¿dónde los metemos? La Administración poco a poco se va metiendo y está planificando viviendas de protección, pero todavía faltan muchas infraestructuras y muchos recursos.
El Ayuntamiento de Ibiza ya ha manifestado su intención de acabar con los asentamientos de cara al próximo verano.
Es un problema estructural que no tiene solución fácil de aquí a un año. Se paliarían muchas dificultades para muchas personas si una parte de la sociedad que alquila sus pisos en verano bajara sus precios. Por 200 euros menos, una familia puede seguir con su plan de vida. Pero ya sabemos que, el que puede ganar siete, no va a ganar cinco. Como sociedad, tenemos la mirada muy puesta en el dinero y en acumular cada vez más. Muchas veces olvidamos lo importante que es que las personas puedan desarrollarse.
Pedirle eso a la gente parece una batalla casi perdida...
Sí, igual en Cáritas somos muy optimistas... Vivimos cada día con personas que no tienen nada, con personas que te agradecen que te tomes un café con ellos porque son invisibles para el resto de la sociedad. Para personas que no están en tanta exclusión, el apoyo puede ser hacer que paguen 200 euros menos y permitirles que vivan con mayúsculas.
El último informe Foessa habla de la pobreza encubierta que afecta a millones de españoles. ¿En qué consiste?
Quiere decir, por ejemplo, que en Ibiza el nivel de ingresos está por encima de la media nacional, lo que en general querría decir que no hay personas pobres. Pero cuando escarbas y ves lo que cuesta la vivienda y los gastos del día a día, sí que salen muchas personas en exclusión, seguro que por encima del 20% de la media nacional.
El informe también habla de la desaparición de la clase media. Eso parece fácil de comprobar en Ibiza, donde se mezclan con tanta naturalidad yates y asentamientos, ¿no?
Total. Nosotros diferenciamos exclusión moderada y exclusión severa, integración plena e integración precaria. Ha bajado un poco la exclusión severa, pero también está bajando la inclusión, tanto la plena como la precaria. Se está juntando gente que no mejora. Esa clase media va desapareciendo y empieza a engrosar la exclusión moderada. Somos el quinto país de Europa con más desigualdad entre ricos y pobres. Y eso es preocupante. Nosotros estamos encantados de que haya muchos ricos, pero no con que eso signifique que pierdan los pobres. Nos preocupa, por supuesto.
También se han contabilizado tres millones de viviendas vacías en España.
Esto también nos preocupa. Se tienen que ir haciendo políticas en defensa del arrendador, para que pueda alquilar tranquilamente su casa, sabiendo que está respaldado. Y necesitamos que se ofrezcan más pisos a familias, no al señor que viene en verano. Que está genial que venga, y le da igual gastarse 2.000 ó 2.500 euros en una semana de alquiler, pero necesitamos viviendas para las familias. De las prácticamente 3.000 personas que este año han pasado por Cáritas, la mayor dificultad de un porcentaje muy importante es la vivienda. Necesitamos respuestas.
Cuando tienes una vivienda, ya puedes empezar a reconstruir tu vida.
Sí. Es que marca todo. Cuando viene una persona sin hogar y empieza una formación para que pueda encontrar un trabajo, esa persona está en clase y resulta que está pensando dónde va a dormir esa noche. Eso provoca que tenga muchas más posibilidades de fracasar. Es un trabajo complicado por todas esas dificultades.
La tasa de pobreza infantil alcanza en España el 29%. ¿Qué le dice ese dato?
Es la segunda tasa de pobreza infantil más alta de Europa. Además, es una cifra prácticamente irrebatible, ya que hemos hecho una encuesta a 12.000 familias en España, y que también está respaldad por otras encuentras que hacen desde la administración estatal. Es un dato muy preocupante. El hecho de que una familia tenga dificultades con sus hijos condiciona la salud, condiciona la educación y condiciona el futuro. Los niños y niñas que crecen en ambientes de mucha pobreza los arrastrarán en el futuro con seguridad. En Cáritas sabemos que la pobreza se va repitiendo. Recibimos a adultos que son hijos de padres que ya vinieron a Cáritas en su momento. Son personas que no salen del pozo. Los padres trabajan todo el día fuera para traer medio sueldo a casa, no pueden ocuparse de sus hijos y se les empiezan a torcer los estudios. Son muchas implicaciones que hacen que, al fin y al cabo, el futuro del país también se resienta.
¿Hacen las instituciones públicas todo lo posible para ayudar a la gente que lo necesita en Ibiza?
Yo creo que sí. En Ibiza tenemos una carencia histórica de diferentes recursos, tanto de acogida como de otro tipo. Por ejemplo, cada día recibimos a muchas personas con enfermedades mentales y faltan recursos para atenderlos, pero se está trabajando para paliarlo. Por ejemplo, se está construyendo el centro de baja exigencia de es Gorg. Y, si seguimos poniendo el foco en las personas, seguramente mejoraremos todavía más.
¿Cómo ha afectado a Cáritas la explosión migratoria que se ha confirmado este año en las Pitiusas, con cifras inéditas de llegada pateras?
Tenemos un espacio donde a veces hemos acogido a mujeres que han venido con menores. Es verdad que luego solo están un par de días y salen rápido hacia la Península. Estamos atendiendo a bastantes migrantes en el centro Betania de Cas Serres y también hemos acogido a una veintena de menores. Lo que más nos preocupa últimamente son estos menores que, cuando cumplen 18 años, tienen que abandonar el centro y tampoco hay pisos de emancipación libres. Cuando tienen 18 años y un día, aparecen en Cáritas sin documentación y diciendo que ya no tienen ninguna esperanza en la vida porque ven prácticamente imposible conseguir un pasaporte, que es la puerta para conseguir un trabajo y la tarjeta sanitaria. Es muy complejo. Luego a veces nos quejamos cuando salen depende de qué noticias, pero es que son chavales sin recursos. En Cáritas, por lo menos, encuentran un espacio donde estar a gusto y donde intentamos cuidarlos y trabajar con ellos, pero a veces es muy complicado porque no tienen salidas.
Qué duro que un joven de 18 años diga algo así...
Es muy duro. Mañana puede que cambien las cosas a nivel político y que España y Argelia tengan otro tipo de relaciones, pero hoy por hoy... Mientras tanto, nosotros les apoyamos y tenemos un espacio donde aprenden la cultura de la isla para que esa integración no sea solo en su grupo más cercano, sino que también se vayan abriendo y vayan conociendo. Pero es que, oficialmente, no existen porque no tienen ninguna documentación, con todo lo que eso significa en derechos.
La campaña de Navidad de Cáritas tiene el lema: ‘Hagamos que tener una vida digna deje de ser una cuestión de suerte’. ¿Se sensibiliza un poco más la sociedad durante estos días?
En primer lugar, es cuestión de suerte dónde te toca nacer. No es lo mismo nacer en Argelia, o nacer aquí en un familia sin oportunidades. Esa cuestión de suerte se palia con una sociedad más acogedora y que no haga distinción de color, ni de si eres pobre o rico, o de qué llevas puesto. Necesitamos unas administraciones más enfocadas a la persona y una sociedad más inclusiva. Las sociedades no son perfectas y parece que algunos las quieren ‘perfectas’, en las que los que son feos o son negros no caben. La gente tiene la libertad de elegir dónde quiere estar y cómo quiere hacer su vida. Nosotros estamos en animar a la población a que conozca más a las personas que vienen aquí porque tienen mucho que dar y, en general, son muy agradecidas. Tienen derecho a una vida digna y aquí en Ibiza eso no se consigue debajo de un árbol ni en una tienda de campaña, ni teniendo que pedirnos medicamentos porque no tienen una tarjeta médica con la que poder acceder a sanidad básica.
¿En España hay más racismo o más aporofobia?
El racismo se nota más. Basta leer los comentarios en internet a cualquier noticia, cuando una persona detrás de un nick suelta mil barbaridades. Es muy tremendo. Pero también creo que eso viene un poco de la aporofobia. Uno no es malo por ser argelino, es que hay personas malas y buenas sean de donde sean. A ver si vamos cambiando el chip. Eso se hace compartiendo el día a día, igual si te paras a hablar con una persona pobre tres minutos en la calle la descubres. Yo he conocido gente aquí con dos carreras y que ha tenido una vida de la leche. La línea es cada vez más fina. Te echan del trabajo, o te separas, y ya estás prácticamente al otro lado. Ni la raza ni la situación económica definen a una persona. Y los temas materiales los solventamos, pero cuando una persona que está sin hogar te dice que no sirve para nada hay que explicarle que estar en la calle no tiene nada que ver con ser una gran persona. La autoestima es lo primero que se pierde.
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