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Hierbas de Ibiza: Licores Aniseta, cien años de historia de una marca que no debe su nombre al anís

La popular destilería celebra su primer siglo desde su fundación en el puerto de Vila

El propietario de Licores Aniseta, David Ferrer.

El propietario de Licores Aniseta, David Ferrer. / J.A. RIERA

Josep Àngel Costa

Josep Àngel Costa

Ibiza

¿Hay algún ibicenco que no esté convencido de que el nombre de Licores Aniseta se debe al anís? Pues estamos todos equivocados. "Se lo piensa todo el mundo, pero no tiene nada que ver. Se debe a un antepasado que se llamaba Aniceto", confiesa David Ferrer Sunder-Plassmann, la cuarta generación al frente de la popular destilería que está de aniversario por el centenario de su fundación.

Igualmente, no son pocos los vileros que evocarán de inmediato la vieja fábrica y tienda de Licores Aniseta sobresaliendo en la avenida de Santa Eulària, al otro lado de la estación marítima de Formentera. Aquella nave austera de planta baja sobrevivió, hasta bien entrado el siglo XX, rodeada de los grandes edificios que fueron conquistando el Prat de Vila.

Nada que ver con la imagen que guarda Fernando Ferrer Cardona, el padre de David, cuando empezó a trabajar allí con 14 años. "Al lado teníamos la fábrica de hielo y estaba lleno de otros almacenes: el de Can Matà, el de Paco Castelló o también el matadero". Allí se mantuvieron hasta que, hace 21 años, se trasladaron al polígono industrial de Can Bufí, donde en breve celebrarán la fiesta por su primer siglo de historia. No obstante, los orígenes empresariales de la familia son aún más remotos.

De la carbonería a la tienda de la Maria

Un nombre de pila como Aniceto era tan poco común en Ibiza que se convirtió en el malnom (mote) de aquella casa generación tras generación. De ahí que el primer negocio fundado por esta saga recibiera el nombre de Ca s'Aniseta. El pionero fue José Ferrer Cardona, el abuelo de Fernando, quien abrió una carbonería en el carrer des Passadís, en el casco antiguo de la ciudad.

Hasta la llegada del petróleo, el carbón vegetal era el combustible que usaban los hogares de Vila en sus cocinas, de ahí que aún tuviera gran demanda hasta principios del pasado siglo. Aquel primer emprendedor de la familia después abrió una tienda en la confluencia de la calle de las Farmacias con Manuel Sorà, que después trasladó a pocos metros, junto al Mercat Vell.

José Ferrer, junto a la tienda de Ca s'Aniseta en la plaza del Mercat Vell.

José Ferrer, junto a la tienda de Ca s'Aniseta en la plaza del Mercat Vell. / DI

"Tenía de todo: azúcar, café que tostaban ellos mismos y también petróleo, porque allí ya no se vendía carbón", detallan sus descendientes. En la puerta de entrada de aquel local ya se destacaba en un gran letrero el reclamo "licores". Dos de los hijos de José, Vicent y Joan Ferrer Roig, empezaron a llevar varias representaciones de bebidas en exclusiva para toda la isla, como Martini.

"Mi tío Juanito ya tenía un coche en los años veinte para ir a vender por todos los pueblos", apunta Fernando. "En esa época les entró el gusanillo y se fueron a Barcelona a formarse en cursos de destilación y manipulación de químicos", apostilla David.

El alambique de Can Marroig

En 1925, José Ferrer y sus dos hijos, aún muy jóvenes ambos, empezaron a elaborar sus propios licores en el almacén que alquilaron en la avenida de Santa Eulària y que adquirieron años después. En el polígono de Can Bufí aún se conserva a buen recaudo aquel primer alambique de la familia, más que centenario, aunque no hay ningún rastro documental de su procedencia. "Mis tíos me comentaron que lo compraron en Can Marroig [una finca señorial de Formentera]", precisa Fernando.

Joan Ferrer Roig, en la vieja fábrica de la avenida de Santa Eulària.

Joan Ferrer Roig, en la vieja fábrica de la avenida de Santa Eulària. / DI

Como no podía ser de otra manera, aquella destilería del puerto de Vila se convirtió en Licores Aniseta, aunque también emplearon denominaciones específicas para sus destilados. David Ferrer conserva buena parte de la documentación de la época, que aprovechó para su trabajo de fin de grado de Turismo, en el que relacionaba la evolución reciente de Ibiza con la historia de su familia.

El brandy, uno de los productos más importantes en sus inicios, se comercializaba como Coñac Demon ("en todas las etiquetas salía un demonio con sus púas"). El nombre del fundador también fue marca propia y varios licores se embotellaban con el nombre J. Ferrer Cardona. Su catálogo original se completaba con otros destilados como palo, cazalla, absenta o uno de los productos más icónicos de la casa: el licor de romero Rumaniseta.

Las otras generaciones

El padre de Fernando Ferrer no siguió el ejemplo de sus hermanos y se dedicó a la docencia. En cambio, su hijo prefirió abandonar los estudios y trabajar junto a sus tíos. "Estoy aquí desde los 14 años recién cumplidos, ya llevo 56", precisa. De su mano se añadieron innovaciones en los años 70: "Empecé a elaborar cremas de menta, café, cacao o plátano, pero dejaron de venderse".

Imagen de una antigua botella de Palo Aniseta, aún comercializada con el nombre del fundador.

Imagen de una antigua botella de Palo Aniseta, aún comercializada con el nombre del fundador. / DI

Otro producto habitual de aquellos años eran los licores a granel, como ron, vodka o ginebra. También se vendía así el anís, aunque con la peculiaridad de que la gente del campo se hacía rellenar las botellas que traían con ramas de aromáticas en su interior, para así macerar su propio licor de hierbas.

"Yo aún era un chavalillo y se me ocurrió que aquella era una buena idea. Junto a mi tío, nos pusimos a llenar nuestras propias botellas con mejorana, orégano, tomillo o romero", recuerda Fernando. Desde entonces, es habitual que las hierbas se comercialicen de esta manera.

También impulsó la protección de las hierbas de Ibiza en 1996 como denominación geográfica, a través de un decreto del Govern balear. "Había empresas de Mallorca que venían aquí y comercializaban sus licores como si los hubieran elaborado en la isla", recuerda. Con el tiempo, aquel sello distintivo se ha convertido en una Indicación Geográfica Protegida por parte de la Unión Europea.

La edición del centenario

David Ferrer ha heredado esta pasión y ha tomado las riendas del negocio tras la jubilación de su padre. Buena parte de las elaboraciones de hace 100 años ya han quedado arrinconadas por los gustos del público, pero él mantiene el palo y la Rumaniseta. El catálogo actual se completa con un licor de limón, Café Caleta, otro de tomillo comercializado bajo el nombre Flor des Camp, ginebra premium y, cómo no, las hierbas ibicencas, que representan hasta el 85% de la producción en su fábrica.

Hasta ahora elaboraban tres tipos de hierbas: las clásicas; las artesanales, que combinan destilado y una breve maceración; así como unas secas para adaptarse al gusto del público alemán. Para conmemorar el centenario de la casa, David ha lanzado una edición especial más selecta, también con un toque de macerado que, vista la respuesta del público, van a mantener en el futuro. "Están gustando muchísimo", valora.

En los últimos años también ha ampliado mercado y exporta a Bélgica, Italia, Holanda y Luxemburgo. "No queremos crecer más, porque no tenemos capacidad para más, pero sí que nos gustaría posicionarnos en la Península", subraya.

Para ello, como carta de presentación, puede presumir de que Licores Aniseta cumple un siglo de historia. "Es todo un orgullo y quiere decir que hemos podido superar situaciones complejas. Si llevamos tantos años, algo bueno habremos hecho", sentencia.

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