Audiencia Provincial
La acusada del incendio mortal de Ibiza admite que salió a pasear y se cambió de ropa antes de regresar a su casa la noche de los hechos
I.C.N., que hasta el momento se había acogido a su derecho a no declarar, salió de su domicilio cubierta por un velo, con mallas y camisa, pero volvió con un vestido blanco

La sede de la Audiencia Provincial, en Palma de Mallorca. / Guillem Bosch

Dos años y tres meses después del incendio mortal en la casa de ses Païsses, I.C.N., la acusada de provocar el fuego, ha confirmado que salió de su domicilio aquella madrugada y que no vestía de igual manera al regresar, tal y como figura en las grabaciones que la han sentado ante la Audiencia Provincial de Palma por un supuesto delito de asesinato con alevosía. La mujer se había negado a declarar ante los agentes que llevaban las investigaciones y durante la instrucción del caso, pero este lunes ha dado su versión de sus movimientos aquel trágico 3 de agosto de 2023. Eso sí, solo ha respondido a las preguntas de su abogado y las del jurado popular, acogiéndose a su derecho de no atender ni a la fiscalía ni a la acusación particular.
Sin embargo, las respuestas de I.C.N. han dado alas a la fiscalía, que entiende que han servido para reforzar todas las pruebas incriminatorias, basadas en las cámaras de vigilancia revisadas por la Guardia Civil y en los indicios derivados de los testimonios de las dos hijas del fallecido.
El horror vivido en ese hogar de ses Païsses se puso de relieve en las cinco anteriores sesiones del juicio. I.C.N., de 63 años, empezó a salir con el hermano pequeño de la familia, 20 años menor y diagnosticado con esquizofrenia. A los pocos días, se habría instalado con él en el piso de arriba del chalé. El 11 de junio, el hijo se intentó suicidar.
I.C.N. bajó esa mañana a desayunar al piso de abajo del chalé, la primera vez que lo hacía sin la compañía de su pareja. De ahí que los padres se interesaran, sorprendidos, por su hijo. Al cabo de 15 minutos, ella regresó a la vivienda superior y fue cuando dio aviso de que se lo había encontrado con los brazos cortados. Llegó una ambulancia y lo evacuaron al Hospital Can Misses. El padre llamó a una de sus dos hijas, ambas independizadas. "Sácame a este bicho de casa", le rogó, a la vez que la ponía al corriente de que I.C.N. les acababa de decir que debía hacerse cargo de las cuentas del banco y que debía ser la representante de aquel hogar.
Los padres culpaban a aquella mujer, más aún cuando su hijo no había llevado a cabo intentos autolíticos con anterioridad. La hija compartió de inmediato aquella impresión al encontrarse a I.C.N. en el sofá, "fría e impasible", mientras su hermano pequeño acababa de ingresar en la UCI. Fue la gota que colmó el vaso y le pidió que abandonara la vivienda de sus padres. Esta misma hija trasladó a la acusada en su propio coche hasta su domicilio en Sant Antoni. Tres semanas después, ardió el chalé de ses Païsses en un fuego intencionado.
El recorrido
En el juicio de este lunes, I.C.N. se ha reconocido en algunas de las imágenes de las cámaras de vigilancia de aquel 3 de agosto, pero solo en las que aparece abandonando el edificio donde vive, el Porto Magno, y hasta pasar por el hotel Vibra. Dice que la persona que aparece después cerca de ses Païsses, en dos grabaciones a 650 y 350 metros de la casa incendiada, ya no es ella.
Justifica que al salir de su casa llevaba un velo porque tenía miedo de una expareja, a la que denunció por intentar atropellarla y amenazarla de muerte. Aquel hombre fue condenado en primera instancia, pero luego absuelto. En cualquier caso, a la fiscal le llama la atención que la acusada protegiera su identidad justo al salir a la calle, a la 1.04 de la madrugada, pero no en el resto de imágenes en las que se la ve caminando por el paseo marítimo.
En su intervención, la acusada ha declarado que no prosiguió hasta ses Païsses, sino que, después del hotel Vibra, torció su rumbo hacia la Estación de Autobuses de Sant Antoni para alimentar a unos gatos que pululan por allí. Así explica también el hecho de que portara una bolsa, ya que allí llevaba comida para los felinos y unos trozos de pan que, minutos antes, habría dado a los peces en el muelle de las golondrinas.
A preguntas de su abogado, I.C.N. niega que se cambiara de ropa antes de regresar a su casa. Este hecho había provocado un quebradero de cabeza a la Guardia Civil durante la investigación: la persona que salía del edificio Porto Magno a la 1.04 de la madrugada, además del velo, vestía mallas y una blusa, pero la que regresaba con la cabeza descubierta, a las 2.31 horas, portaba un vestido blanco de flores.
¿A qué se debe entonces aquel cambio de imagen? Según responde, se había arremangado las mallas y se quitó la blusa, bajo la que llevaba el vestido, para guardarla en el bolso, que al salir de casa llevaba guardado en la misma bolsa donde, según su versión, llevaba la comida para peces y gatos.
Inverosímil
En las alegaciones finales, la fiscal pone en entredicho los argumentos de la acusada. En una tórrida noche de agosto, ¿cómo va a llevar un vestido por debajo de unas mallas y de una blusa? Además, en las grabaciones registradas en el puerto no aparece ninguna imagen con un gesto parecido a arrojar pan a los peces.
También le parece muy raro que, meses después de que se haya finalizado la investigación, ahora reconozca que sí que salió a pasear de madrugada, pero que después se desvió a la estación de autobús, donde, en su momento, no hizo falta que se revisaran las cámaras de vigilancia. Otro detalle: la acusada dice que arrojó la bolsa donde guardaba su bolso y la comida para los gatos en una papelera de la estación de autobuses. La fiscal advierte que no es una bolsa de plástico, sino una reutilizable de tela.
Las conversaciones telefónicas intervenidas a I.C.N. y su entonces novio también mostrarían contradicciones. En ellas, la mujer asegura que desconocía que su pareja padecía un trastorno mental, pero en otras pone de manifiesto que este tomaba medicamentos para la depresión. I.C.N. también tiene un diagnóstico, en su caso por trastorno esquizoafectivo, aunque, según el informe forense, no estaba sufriendo ningún brote y, por tanto, era perfectamente consciente de sus actos.
Diferenciaba el bien del mal, sentencia la fiscal, que también recuerda que la acusada tenía llaves de la casa a la que habría prendido fuego, según indicaron los familiares del fallecido. Ante todos estos indicios, pide la prisión permanente revisable por un delito de incendio y de asesinato con alevosía.
La acusación particular también subraya que la declaración de la acusada es "inconsistente, inverosímil y poco o nada consistente". Por su parte, la defensa pide la absolución de su representada, alegando errores en la investigación de la Guardia Civil y una falta de pruebas determinantes.
Tras esta última sesión del juicio oral, el jurado popular recibirá este martes el documento de la jueza instructora para llegar a un veredicto.
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