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50 años de la muerte de Franco: Así siguió Ibiza la agonía del dictador

Hace medio siglo, después de semanas de agonía, Francisco Franco fallecía a las 4.40 horas de la madrugada del jueves, 20 de noviembre. Tras cuatro décadas de dictadura, España comenzaba aquel día una nueva etapa, «sin tutelas ni tutías», parafraseando a Manuel Fraga. Es Diari inicia hoy una serie de reportajes para recordar cómo se vivieron aquellos días en Eivissa y Formentera.

Imagen de Franco durante su visita a Eivissa en 1955.

Imagen de Franco durante su visita a Eivissa en 1955. / Arxiu d’Imatge i So Municipal (Aisme)

José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

Ibiza

140 litros por metro cuadrado caídos en el aeropuerto de Ibiza y 210 sobre Formentera. Pero lo ocurrido aquel domingo 26 de octubre de 1975 fue tratado en Es Diari como una simple tormenta, dos pequeñas columnas y tres fotos, porque lo importante no eran las inundaciones provocadas por aquel diluvio, sino el estado de Francisco Franco. El dictador acaparó portadas y la mayor parte del diario desde que cayó gravemente enfermo hasta que falleció el 20 de noviembre y extremó su celo por informar puntualmente sobre su estado de salud, hasta el punto de que, como el resto de la prensa, aportaba cada parte médico diario: el de las 7.30 horas, el de las 12, el de las 13.30, el de las seis de la tarde y el de las 20.30 horas. Los ibicencos conocían cada detalle de la enfermedad del jefe del Estado (hasta los nombres y apellidos de los 19 médicos que le atendían), en muchos casos, escatológicos: «La ascitis, líquido de la cavidad abdominal, apareció en los partes como consecuencia de la trombosis de venas mesentéricas, complicación de la insuficiencia cardiaca congestiva que entraña la obstrucción de las venas afectadas (…) El hígado comienza a sufrir degeneraciones transitorias, que, de persistir, se hacen persistentes, desembocando en la cirrosis». Tal era el detalle que la conclusión que sacaban los lectores no podía ser otra que Franco estaba hecho un guiñapo y que sus días, irremisiblemente, llegaban a su fin.

Imagen de Franco durante su visita a Eivissa en 1955.

Ibicencos que esperaban la llegada del general en Vara de Rey, frente a Ebusus. / Aisme

Aun así, había titulares que llamaban al optimismo: «Franco pidió hacer gimnasia», se aseguraba el 1 de noviembre. Seguro que calmaba a falangistas y adeptos al Régimen, como José Torres Colomar, que esos días asumió la alcaldía y el mando local del Movimiento en Santa Eulària (esta última, entonces condición sine qua non para ser el principal edil, motivo por el que no lo fue, por ejemplo, Cosme Vidal en Vila, que rechazó serlo). Torres había luchado en la Guerra Civil en los frentes del Ebro, Cataluña y Extremadura (donde la represión fue brutal) y ostentaba la Cruz Roja al mérito militar.

Ni la tromba de agua ni la colisión de un buque rol-on, el ‘Ribamahón’, contra la torre de cemento que debía señalizar los bajos de es Freus y que ocasionó un severo daño en su casco que casi lo hunde, distraían la atención de la redacción de lo que realmente importaba: la evolución de Franco, al que, según se deducía de las noticias, cada día le funcionaban menos órganos: se le extirparon dos terceras partes del estómago, sufría trombosis venosa mesentérica, hemorragias gástricas, insuficiencias cardiacas agudas y congestivas, edemas pulmonares, tromboflebitis femoroiliaca…

Portada de Diario de Ibiza, que fue cambiada casi al amanecer tras notificarse la muerte del dictador.

Portada de Diario de Ibiza, que fue cambiada casi al amanecer tras notificarse la muerte del dictador. / DI

Tormenta de arena en la provincia 53

Solo otra noticia competía en el tamaño de los titulares: la Marcha Verde. La pérdida de la provincia española número 53 avanzaba a diario con la misma gravedad que a Franco le extirpaban trozos de su cuerpo o le insuflaban vida con catéteres, diálisis y suturas a destajo casi a diario: «Cuatro horas duró la operación del jefe del Estado», explicaba a toda página la edición de Diario de Ibiza del 8 de noviembre. «No es cáncer», apuntaba, como si fuera un alivio, un día después en grandes caracteres en la portada: «Ni cáncer ni nada de eso», aseveraba uno de los médicos que le atendían. Otro facultativo dio el titular que abría la edición del 11 de noviembre: «Esperanza de que la vida de Franco pueda salvarse». Del terreno de la fantasía a la vida real, lo que seguro que más se leyó aquella jornada fue que un ibicenco de Sant Rafel, Vicente Cardona Costa, había acertado el pleno de la quiniela, rellenada por su hija María, de 12 años, que puso una X en el Sevilla-Real Madrid y en el Barcelona-Hércules. La clavó la niña.

Los titulares de portada de los días siguientes (cuando, según Es Diari, Manolo Otero, que más hablaba que cantaba, actuó «sin pena ni gloria» en el cine Cartago) refutaban cualquier esperanza de que la famosa baraka del dictador le salvara de esta: «Muy Grave» (14 de noviembre), «Gravísimo» (15 de noviembre), «Ayer, nueva hemorragia» (19 de noviembre). Aquel 15 de noviembre, el BOE publicaba una de las últimas disposiciones con Franco aún vivo que afectaban a Eivissa: un decreto que regulaba el uso de las «lenguas regionales», cuyo uso y conocimiento sería protegido, además de permitirse su uso en los medios de comunicación y en los actos y reuniones de carácter cultural, así como en las corporaciones locales, pero solo oralmente y nunca en sesiones plenarias que tratasen propuestas de asuntos que pudieran motivar acuerdos que se consignaran en acta. Lo cierto es que llegaba un poco tarde, pues el uso del catalán en los plenos ya era frecuente. Hasta el procurador en Cortes José Melià consideraba que, «de cara al reconocimiento de las culturas de las diferentes regiones españolas», se daba un paso atrás: «Estamos en peores circunstancias que en 1950».

Uno de los titulares de aquellos días en Diario de Ibiza.

Uno de los titulares de aquellos días en Diario de Ibiza. / DI

Y llegó el 20 de noviembre. Los periodistas Carlos Tur y Salvador Petit abandonaban la redacción de Diario de Ibiza de madrugada, sobre las cuatro de la mañana, porque estaban a la espera del último parte médico sobre Franco. Había rumores. Ya habían mandado a rotativa una portada con el titular «Persiste la gravedad», pues tras el «Muy grave» y el «Gravísimo», se les habían acabado los adjetivos. «Súper grave» no era aceptable para los cánones. Ya en su casa, Tur se acuesta y, como buen periodista, enciende la radio. A las 5.20 horas, en plena duermevela, Radio Nacional de España interrumpe la emisión y avanza que el dictador acaba de morir. Tur se levanta, llama a Petit y se dirigen ambos a toda velocidad a la redacción, que entonces estaba situada en la calle Aragón. Carlos Tur, ya fallecido, contó a este redactor hace casi 30 años que tuvieron suerte, pues en los talleres aún no habían acabado las planchas para imprimir el periódico: «Cambiamos la primera plana, pero sólo teníamos letras para ilustrarla, ninguna foto. Entonces llegó un teletipo [de Cifra], que reprodujimos en portada». «Franco ha muerto», como titular, ocupaba dos terceras partes de la portada. En el interior no añadieron nada, de manera que los lectores se encontraron con titulares como «Pesimismo total». Como antetítulo escribieron «A las 4 horas y 40 minutos de hoy», si bien más tarde se confirmaría que algunos medios se habían precipitado y que, en realidad, se produjo la defunción 45 minutos más tarde por parada cardiaca «como final del curso de su shock tóxico por peritonitis». La diligencia de aquellos dos periodistas pitiusos permitió que Diario de Ibiza fuera el único rotativo español vendido en la isla que publicara la noticia en su primera edición.

La del día siguiente incorporó un especial sobre el caudillo que repasaba su relación con la isla y que incluía una imagen con una dedicatoria firmada por él el 26 de noviembre de 1973: «Para el Diario de Ibiza en su 80 aniversario de su fundación».

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