Literatura
Una historia de amor y guerra entre el Rif e Ibiza
La intensa correspondencia que mantuvieron entre 1923 y 1930 el capitán de Infantería Rafael García Ledesma, destinado a Marruecos, y su esposa Josefa Sorá Boned, en Ibiza, es la materia prima del nuevo libro del periodista José Miguel L.Romero, que presentará este viernes a las 19 horas en el Club Diario

El periodista de Diario de Ibiza José Miguel L. Romero con un ejemplar de su nuevo libro. / Marcelo Sastre

Cuando la correspondencia entre el capitán de Infantería Rafael García Ledesma y su esposa, Josefa Sorá Boned, cayó en manos del periodista José Miguel L. Romero (Madrid, 1964) enseguida se dio cuenta que había sustancia, como mínimo, para un reportaje o, con tiempo y ganas, para un libro, que es lo que ha acabado haciendo. Lo ha titulado ‘Quiero charlar un rato contigo’ (Balàfia Postals) y lo presenta este viernes, 21 de noviembre, a las 19 horas en el Club Diario, acompañado del nieto de los protagonistas, Rafael García Vila; el profesor de la Escuela de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas José María Prats Marí; y la editora Neus Escandell Tur.
Autor de más de una decena de obras, el redactor de Diario de Ibiza asegura que se lo ha pasado en grande escribiendo este «ensayo novelado», en el que recurre al género epistolar como ya hizo en ‘Cartes a Lerroux’. Disfrutó, entre otras cosas, con la lectura de cada una de las 496 misivas que se enviaron entre 1923 y 1930 el militar, destinado a la guerra del Rif, y su mujer, residente en el barrio de la Marina, en Vila.
El material se lo proporcionó en 2017, explica, la que fuera su dentista, Mar Canet, que es pareja de Rafael García Vila, nieto de los protagonistas, que tuvieron tres hijos y tres hijas, una de ellas fallecida en el parto. Como detalla el periodista, Josefa Sorá, conocida familiarmente como Pepita, era hija de un rico propietario llamado Gabriel Sorá. Rafael García Ledesma era nieto, hijo y hermano de militares, una profesión que también han seguido su primogénito, un nieto y un bisnieto.

Fragmento de una de las cartas de Rafael. / Archivo personal de Rafael García Vila
Lo que le resultó más atractivo de sus cartas interminables escritas a pluma, en las que el papel se aprovechaba al máximo, es que contienen no solo la historia del amor a distancia entre Rafael y Pepita, sino que también proporcionan muchos detalles sobre la vida cotidiana en la Ibiza de los años 20 del siglo XX y sobre el día a día en el cruento conflicto en el Protectorado español de Marruecos, un tema que al periodista madrileño siempre le «ha fascinado».
«La guerra del Rif me empezó a interesar cuando mi madre me contó que mi abuelo fue enviado allí contra su voluntad, probablemente en la época del desastre de Annual», explica. Pero el caso de Miguel Romero García, cuenta el redactor, no era excepcional: «Un 24% de la población de reemplazo se negaba a ir allí porque sabía que aquello era una carnicería».
Romero sostiene la teoría de que aquel conflicto «sembró lo que vino posteriormente tanto en la época de la República como en la Guerra Civil porque parte de la gente que enviaron allí fueron muy maltratados» porque les dieron «escaso y vetusto material de guerra», «poca comida y en mal estado» y vivieron «hacinados» rodeados de pulgas, piojos y ratas. El propio Rafael cuenta en una de las cartas a su esposa cómo se le echaban encima los roedores y cómo llegó a pagar a sus soldados para que los mataran en un de los blocaos en el que estuvo destinado. «Aquellas pequeñas fortificaciones construidas con madera y sacos terreros en posiciones avanzadas», eran, en palabras de Romero, «lugares infames» donde los escasos efectivos que las defendían se jugaban la vida cada vez que salían fuera del parapeto para vaciar las latas de petróleo donde hacían sus necesidades o para abastecerse de agua, expuestos a las balas de los pacos, los tiradores marroquíes.
De las condiciones en las que vivían y de las calamidades que pasó durante los años en que estuvo destinado en Marruecos , Rafael le contó muchas cosas a su esposa, aunque, seguramente, obvió algunos episodios para no acrecentar su angustia. Es lo que opina el autor: «Tengo el convencimiento de que él muchas veces no llegaba a contarle todo a Pepita para no inquietarla».
Romero se ha documentado a fondo para contextualizar todos los hechos históricos que el capitán de Infantería va narrando, como «el desembarco de Alhucemas, los bombardeos con gases tóxicos a la población marroquí, el asalto a Kobba Darsa o el episodio en el que fallece su hermano, también militar». Entre otras fuentes, ha recurrido a la biblioteca virtual de Defensa, a los archivos de la Real Academia de la Historia, al padrón de habitantes de Ibiza de los años 1923, 1924, 1930, 1935 y 1940 y al mapa de la guerra de Marruecos de principios del siglo XX, creado por Jesús Dapena. También ha tirado de la hemeroteca de distintos periódicos, desde el Diario de Ibiza hasta El Faro de Ceuta, y ha leído más de una decena de libros, entre ellos, ‘La ruta’ (segunda parte de la trilogía ‘La forja de un rebelde’), de Arturo Barea.
«No hay nada novelado» en la obra de Romero, salvo la marca de la pluma que emplean para escribir los protagonistas, que deduce que era una Waterman, que era la que más se vendía en la Casa Viñets, en la Marina, a la que acudía a comprar esta familia.

La pareja protagonista con su hijo Rafael recién nacido. / Archivo familiar de Rafael García Vila
La importancia de la radio y la fotografía
Las misivas de Pepita aportan unas cuantas píldoras de la Ibiza de la década de los 20 del siglo XX y ofrecen «un compendio de los usos y costumbres de aquella época en la isla». Gracias a ella y a las explicaciones de Romero, el lector descubre, por ejemplo, que entonces no había agua corriente en las casas en Ibiza y había que ir a las fuentes o recurrir a aguadores o que las playas estaban separadas por sexos.
Pepita se explaya contándole a su marido detalles de su día a día, desde qué desayuna, «café con leche y dos ensaimadas», hasta las chiquilladas de sus dos hijos mayores, incluyendo también alguna referencia a la vida social en la isla, como los bailes en el Teatro Pereyra, el Carnaval o los conciertos de la banda en el paseo de Vara de Rey.
Por otra parte, en la correspondencia de esta pareja aparecen conocidos personajes de Ibiza como «los militares Miguel Tuells y Manuel Asenjo» o Jaime Tur, director, fundador y propietario de La Gaceta de Melilla, con el que trabó amistad Rafael García Ledesma y que «tenía muy buena relación y ejerció de mediador» con Abd el-Krim, el líder rifeño que encabezó la rebelión contra el dominio colonial español y francés en el norte de Marruecos durante la guerra del Rif.
La radio y la fotografía, aficiones comunes
También Josefa y Rafael hablan en sus misivas de las aficiones que comparten. Una de ellas es la radio, que en aquellos momentos es un revolución como lo es después la televisión o internet. Justo en la década de los 20 del siglo XX arrancan las emisiones regulares y comerciales y la pareja, amante de la música clásica y popular, disfruta escuchando los conciertos que se emiten en distintas emisoras, ella desde Ibiza, él desde Marruecos. No solo se limitan a oír la radio, poco a poco, aprenden a cómo montar y mejorar los aparatos radiofónicos, tanto él, como ella, que, en muchos sentidos, es una mujer avanzada a su tiempo.

Josefa Sorá, embarazada, en 1927. / Archivo personal de R.G.V.
Lo demuestra, también, cuando acaba dominando el arte de la fotografía e incluso monta un estudio de revelado en su casa para poder mostrar a su marido cómo están ella y la familia y cómo van creciendo sus hijos. «Se podría decir que ella es la autora de los primeros selfies de la historia de Ibiza», apunta Romero, que ha incluido en su libro una buena selección de las imágenes que se envían entre 1923 y 1930.
Para Pepita y para Rafael, las fotos y toda la correspondencia más que cartas son charlas que les permiten acortar la distancia que les separa y sobrellevar esos casi ocho años en los que viven lejos el uno del otro, salvo escasos permisos de él en Ibiza y una breve estancia de ella y sus hijos en Marruecos. En 1930, por fin pueden volver a reunirse, pero lamentablemente es por poco tiempo, porque en 1936, con el estallido de la Guerra Civil, en la que Ibiza se suma a la rebelión, pocas horas después de que los milicianos tomen la isla, se encierra con el celador del castillo, Vicente Belenguer, en la casa de este y se suicidan. Esa es la versión oficial, porque Romero está convencido de que «le suicidaron», porque, después de leer las cartas, duda de que «alguien que quería tanto a sus hijos y a su mujer» se quitara la vida.
Como dice el autor, ‘Quiero charlar un rato contigo’ es, ante todo, «una historia de abnegación», en la que sus dos protagonistas son capaces de preservar la familia y la relación a pesar de todas las adversidades.
Lo de Rafael y Josefa fue desde el principio un verdadero «flechazo», según cuenta su familia y el amor profundo que se profesaban esta pareja salta a la vista leyendo el libro de Romero y la correspondencia, donde dejan patente su complicidad absoluta.
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