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Prostitución en Ibiza: de la calle a Internet

«Se pasó de la calle a los clubes, de éstos a los pisos y ahora ya hablamos de Internet». El pedagogo Jaume Perelló, técnico y coordinador del equipo de investigación del centro de atención a la mujer Casal Petit (Palma), expone en Ibiza el estudio que esta entidad impulsó en colaboración con la UIB sobre la prostitución deslocalizada, la camuflada en la esfera digital

Toni Escandell Tur

Toni Escandell Tur

Ibiza

«Comencé a investigar la prostitución en 2001 y hacía mucho trabajo de campo en la calle. Todo era tangible. Treinta años después, apenas nos hemos movido del ordenador». Así resume el pedagogo Jaume Perelló, técnico y coordinador del equipo de investigación del centro de atención a la mujer Casal Petit (Palma), el cambio de paradigma del sistema prostitucional. De éste alerta que «es mutable y se adapta a los cambios de forma estratégica». Así lo dijo este sábado en el Casal d’Igualtat, en el marco de una jornada abolicionista de la prostitución organizada por la Associació de Dones Progressistes. Perelló presentó el ‘Estudi sobre les situacions de prostitució deslocalitzada a Palma’, impulsado por Casal Petit con la colaboración de la UIB, y que afirma que es extrapolable al resto de islas y otros territorios. Este tipo de prostitución hace referencia a aquella cuyo canal de comunicación con los prostituidores (pagadores) son webs, aplicaciones o redes sociales.

«Se pasó de la calle a los clubes, de éstos a los pisos y ahora ya hablamos de Internet», una fórmula «muy vinculada a la pornografía», en tanto que, agrega, ambas vertientes se retroalimentan. «Mujeres nos explican que hay prostituidores que les muestran, con el móvil, qué práctica quieren», expone como ejemplo.

«Ocultación en Internet»

El estudio analiza las vivencias de 25 personas en situación de prostitución que accedieron a participar en un grupo de discusión (20 mujeres, tres personas transexuales y dos hombres), así como 27 espacios digitales, cinco webs de anuncios, 20 plataformas web y Telegram, sitios con anuncios de otras personas en esta situación.

«La ocultación en Internet tiene un objetivo y es la explotación sexual y la trata. Cada vez es más difícil encontrar a las víctimas de trata, y de hecho se han diluido los indicadores para identificar si alguien lo es», lamenta Perelló, que expone el caso de un proxeneta que llegó a controlar a 17.000 personas en Internet, dando noción de la capacidad de negocio con la prostitución desde la esfera virtual, que también implica, por otro lado, una exposición pública de las víctimas. «Hemos visto que muy poca gente ejerce la prostitución sin un proxeneta detrás (...) Una mujer nos decía que hacer webcams es lo peor porque igual tienes a alguien vigilando detrás de la cámara y debes aceptar la práctica sexual que piden por chat». En persona, añade, «ellas se ven forzadas a hacer ciertas prácticas porque los anuncios son muy explícitos». «En hombres y transexuales, la cosa se desmadra y hay prácticas especialmente agresivas». Además, los prostituidores «se autoorganizan» en webs y aplicaciones para «pasarse información, recomendaciones y enlaces de mujeres».

Puntuaciones

En este contexto digital, nace una nueva herramienta de presión sobre las víctimas: muchas veces en las webs se les da una puntuación, lo que también les lleva a aceptar ciertas prácticas. «Un 41% de las mujeres no pueden escoger o rechazar» al pagador.

El estudio recoge que el 80% de las mujeres encuestadas padece depresión y que el 44% de la muestra había tenido ideas suicidas en el último año. Estima que al menos el 28% de las mujeres podrían estar en situación de trata.

Perelló afirma que el perfil de persona prostituida suele ser: muy joven, mujer, migrante sin papeles ni red de apoyo que, dada su extrema precariedad, se ve abocada a esta situación o directamente captada por la trata. A menudo tienen estudios superiores, pero no pueden ejercer sus profesiones en España. «Los sistemas de protección jurídica frente a la trata no son efectivos, son largos procesos…. La víctima se tiene que enfrentar a posibles asesinatos de familiares en su país de origen, les chantajean. Con una llamada les pueden amenazar y conseguir que retiren una denuncia».

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