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Memoria histórica

50 años de la muerte de Franco en Ibiza: recordando la "masacre" de la dictadura

La plaza de sa Graduada acoge un emotivo acto de condena del franquismo

Guillermo Sáez

Guillermo Sáez

Eivissa

Ya han pasado 18.258 días desde que murió Francisco Franco y solo faltan cinco para que se cumpla el 50 aniversario del fallecimiento del dictador. Es tiempo, mucho tiempo, tanto, que existe serio peligro de que se vaya diluyendo y emborronando el recuerdo de aquella dictadura.

«Fue un tirano que gobernó el estado español durante cuatro décadas de represión, nepotismo y corrupción. Y su sombra se proyecta en nuestros días». Con este rotundo inicio arrancó este sábado el manifiesto leído en la plaza de sa Graduada precisamente para eso, para que el tiempo no sepulte la realidad de los hechos.

En este céntrico enclave de Ibiza fue donde se reunieron medio centenar de personas convocadas por el Fòrum per la Memòria d’Eivissa i Formentera y la Col·lectiva Les Invisibles. Para que nadie olvide lo que fue el franquismo, nada como la fuerza de las cifras, reflejadas también en el manifiesto.

«Franco fue responsable de la muerte de 150.000 víctimas durante la guerra y de 50.000 durante la dictadura. Fue responsable del exilio de cerca de un millón de personas y del encarcelamiento, por sus ideas políticas, de 250.000».

El acto comenzó con las palabras del profesor e historiador Maurici Cuesta, que hizo un repaso del contexto histórico de las Pitiusas hace 50 años. Recordó, por ejemplo, la figura de Carlos de Meer y de Ribera, el último gobernador franquista de Baleares, y las invectivas que lanzó durante un discurso que pronunció en Ibiza.

Al menos no repitió lo dicho en Menorca, donde llamó «homosexual» al primer ministro sueco de la época, Olaf Palmer, lo que obviamente era «un descalificativo absoluto» para un franquista recalcitrante como él.

Educar a los jóvenes

En conversación posterior con Diario de Ibiza, Cuesta subraya: «Estos actos son muy necesarios para una juventud que está bastante desconectada» de la verdadera realidad de aquella dictadura.

«Los docentes debemos recordar el franquismo, la Guerra Civil, la represión, la violencia… Hemos de hacer mucha pedagogía en las escuelas y las universidades. Y los jóvenes tienen que hacer un esfuerzo para filtrar lo que les llega, las noticias y tener una capacidad crítica. Y los adultos tenemos la obligación de acompañarlos en este camino», reflexiona.

Preguntado por el éxito de los discursos de ultraderecha entre buena parte de los adolescentes españoles, tal y como reflejan varias encuestas a la población, el docente lo atribuye a la «falta de reflexión».

«Yo sé de personas que han tenido este discurso con 16 años y que a los 30 años ya no. Es una época en la que ellos se sienten obligados a remar contracorriente, contra los adultos, y ahora buena parte de lo que hacemos los adultos son discursos feministas y democráticos. Adoptan ese rol políticamente incorrecto porque la adolescencia también es incorrecta. A menudo se va curando con el tiempo», valora.

Por su parte, el presidente de presidente del Fòrum per la Memòria Històrica, Luis Ruiz, pide «no estigmatizar a los jóvenes» y añade que «seguro que hay razones» para explicar este fenómeno, como el hecho de que «el acceso a la vivienda es prácticamente imposible».

«En otras épocas históricas hubo gente en una situación también límite y, como los partidos tradicionales no daban solución a sus problemas, lo que hacían era abrazar estos populismos de extrema derecha. Realmente era como una especie de suicidio colectivo», rememora.

«Negacionistas» al acecho

Por ello, coincide con Cuesta en la necesidad de «hacer mucha pedagogía», por ejemplo con la necesidad de «recordar a la gente que padeció la dictadura franquista».

«A todos los que murieron injustamente, siendo inocentes, en las tapias de un cementerio sin ninguna causa y nada de nada, simplemente por sus ideas políticas, porque eran concejales de un ayuntamiento republicano. Debemos recordar que hubo una auténtica masacre y que los que la niegan es porque son negacionistas», sentencia.

Pese a que están a punto de cumplirse ya 50 años de la muerte del dictador, Ruiz tiene claro que las consecuencias de aquella época se siguen sintiendo profundamente en nuestra sociedad, empezando por «una serie de aparatos del Estado que no fueron renovados ni depurados en su época».

«Tenemos jueces que se formaron entonces y que ahora están en los puestos más altos del Consejo General del Poder Judicial, igual que ocurre en las fuerzas y cuerpos de seguridad. Hay negacionistas que se han envalentonado con el surgimiento de la extrema derecha política y tenemos que recordar todo lo que fue la guerra y la dictadura», expone.

El acto, que se prolongó en torno a una hora, tuvo varios momentos emotivos, sobre todo cuando compartieron sus testimonios varios familiares de represaliados por el franquismo en las Pitiusas. Así le ocurrió a Antoni Tur Cardona, nieto del presidente del comité antifascista de Sant Josep cuando estalló la Guerra Civil, que no pudo contener las lágrimas en cuanto cogió el micrófono para recordar a su abuelo.

Víctimas y poemas

El acto también ganó en solemnidad cuando se leyeron en voz alta los nombres, edad y profesión de todos los muertos que acabaron en el Cementiri Vell de Vila, en ses Figueretes. Tampoco faltó literatura, con la lectura de varios poemas, esperanzador el de Mario Benedetti, triste el de Miguel Hernández, furioso el de Joan Brossa, que descargó toda su rabia escribiendo unos versos arrebatados el mismo día en que murió Franco.

Además, los convocantes del acto tampoco olvidaron las promesas que se plasmaron en la Constitución y que han quedado inconclusas. Así, citaron el artículo 3, que habla del patrimonio cultural que suponen las lenguas cooficiales del Estado; el 45, referido al medio ambiente y al deber de protegerlo; o el 47, que instaura el derecho a una vivienda digna.

«La realidad es que, hoy en día, una vivienda digna es una aspiración inalcanzable para muchos sectores sociales, especialmente para la población joven, a causa de la utilización turística que se hace y a un proceso de gentrificación que expulsa la población residente en favor del turismo». Pasan los años, pero se mantienen muchas reivindicaciones pendientes.

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