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Laia Amores, trabajadora social de Ibiza: "Una mujer que vivía en la calle prefería oler mal para evitar agresiones sexuales"

El Ayuntamiento de Ibiza y Médicos del Mundo presentan la memoria del proyecto 'Dones que floreixen', en el que ayudan a mujeres sin hogar y en riesgo de exclusión social severa

Presentación del proyecto 'Dones que floreixen', en el Casal de Igualdad de Ibiza

Presentación del proyecto 'Dones que floreixen', en el Casal de Igualdad de Ibiza / JA RIERA

Claudia Marí Prats

Claudia Marí Prats

Ibiza

Las mujeres sin hogar sufren más discriminación que los hombres. El 59,8% de las mujeres sin hogar ha sido víctima de algún delito o agresión, frente al 36% de los hombres. También sufren más agresiones físicas (31% frente al 15,7% en los hombres), agresiones verbales (36,2% frente al 20,3%), robos (29% frente al 18,4%) y un 12,9% ha sido víctima de una agresión sexual, porcentaje inexistente en el caso de los varones. Son datos de un estudio de la Red Faciam, una organización sin ánimo de lucro intergada por 18 entidades que trabaja en favor de personas que están en riesgo de exclusión social, y que presentó en su memoria el proyecto 'Dones que floreixen'.

"Es necesario incluir una perspectiva de género en el sinhogarismo para atajar el problema. Las mujeres tienen necesidades y problemas específicos que se deben tener en cuenta para ayudarlas", explica Marta Martínez, psicóloga de Médicos del Mundo, en la presentación de la memoria de este proyecto, que durante varios meses ha trabajado con 14 de las 21 mujeres que viven en la calle en la ciudad de Ibiza con el fin de reinsertarlas en la sociedad. De estas, 'Dones que floreixen' ha conseguido que 12 de ellas sean derivadas a centros residenciales donde poder dormir y salir de la calle. "Muchas tienen adicciones, pero vemos que la violencia de género es una de las causas por las que algunas mujeres terminan viviendo en la calle", afirma Laia Amores, trabajadora social del Ayuntamiento de Ibiza, quien cuenta que se dan situaciones en las que la mujer tiene que abandonar el hogar y no tiene dónde ir.

Marta Martínez y Laia Amores, en la presentación de 'Dones que floreixen'

Marta Martínez y Laia Amores, en la presentación de 'Dones que floreixen' / JA RIERA

La pérdida de la salud física, empeoramiento de la salud mental, imposibilidad de tener una familia o de trabajar, la pérdida de intimidad, la inseguridad o la insatisfacción personal son algunas de las problemáticas de las mujeres que viven en la calle. "Nos encontramos con que muchas están insatisfechas, frustradas por la vida que llevan", cuenta Amores. La vulnerabilidad, explican las impulsoras de este proyecto, es mucho mayor. "No suelen dormir en un mismo lugar por seguridad, por miedo a que las agredan", afirma Martínez. "Tenemos el caso de una mujer que nos contaba que prefería oler mal e ir sucia para alejar a los hombres, para que no le hicieran daño. Usaba el olor como un elemento protector", añade Amores.

En los meses de trabajo de este proyecto, en el que se ha realizado una gran labor en la calle para crear un vínculo con ellas, el perfil con el que se han topado las trabajadoras sociales son el de mujeres en riesgo de exclusión social severa, estigmatizadas y con una fuerte barrera para acceder a los recursos básicos. "Han vivido experiencias traumáticas. Además, 13 de las 14 mujeres con las que hemos trabajado consumen sustancias tóxicas y 10 tienen algún problema de salud mental", explica la trabajadora social.

La barrera del despacho

Amores destaca la importancia del trabajo de calle que se ha llevado a cabo para localizar a las mujeres sin hogar del municipio, así como para atender sus necesidades y ayudarlas. "Hemos hecho 28 salidas de acercamiento con el fin de crear un vínculo con ellas. Si me tenía que sentar a su lado, me sentaba. Si me pedían un abrazo porque lo necesitaban, las abrazaba. No entiendo otra forma de trabajar", declara la trabajadora social. También destaca la importancia de familiarizarse con otros vecinos y comerciantes de la zona para dar con ellas. "No tienen móvil, y si lo han tenido lo venden para conseguir dinero, por lo que para encontrarlas hay que ir a buscarlas y preguntar por ellas" aclara Amores.

Tanto Martínez como Amores coinciden en la dificultad para estas mujeres de seguir los ritmos de las administraciones. "Es muy difícil que estas mujeres recuerden a qué día y a qué hora tienen que acudir a su cita médica, sobre todo cuando esta es dentro de tres meses", lamenta Amores, quien añade que la monotonía de sus días hace que no sean conscientes del tiempo. "También el tema de los despachos y mesas de escritorio es un freno enorme para ayudarlas. Hablan más y te cuentan mucho más de sus problemas en un paseo en el que las acompañas a hacerse su DNI o a cualquier cita médica que en un despacho", aclara la trabajadora.

Falta de contexto

Martínez habla también de la falta de contexto que, en muchos casos, tienen los psiquiatras que atienden a las mujeres sin hogar. "Valoran y hacen sus cuestionarios en la sala, pero desconocen después la realidad en la que viven y el contexto que las rodea", cuenta la psicóloga de Médicos del Mundo. Por este motivo, explica Amores, es fundamental la colaboración entre psiquiatras y trabajadores sociales para ayudarlas.

Iván Castro, director de Bienestar Social de Consistorio, explica que gracias al trabajo realizado en este proyecto cada mujer tiene asignado ya un trabajador social. "Nos ha costado en algunos aspectos, como pueden ser la salud mental o la atención sanitaria, porque teniendo en cuenta las circuntancias de estas mujeres son los servicios quienes también se tienen que adaptar", comenta Castro, quien añade que el objetivo es que alcancen la autonomía.

El proyecto 'Dones que floreixen' ha realizado talleres con ellas, en los que han trabajado habilidades sociales, la contención emocional, el sentimiento de pertenencia y cómo establecer vínculos de confianza, entre otros aspectos. Han participado en actividades como pintar o escribir, y visitaron la necrópolis de Puig des Molins, lo que "les entusiasmó e hicieron muchas preguntas", cuenta la psicóloga. "Son personas con sueños, conscientes de sus problemas y de sus limitaciones. Saben que el trabajo para su reinserción total va más allá de este programa y que van a necesitar ayuda", concluye Martínez.

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