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Celebración

Sant Josep revive tradiciones en un Tots Sants tardío

Aunque la fecha oficial es el 1 de noviembre, este domingo los ‘josepins’ se han juntado en la plaza del pueblo para conmemorar el Día de Todos los Santos y, de paso, ayudar a hacer mejoras en su iglesia, recuperando costumbres típicas como la de comer ‘frita de porcella’ o la de hacer ‘trencada’ de frutos secos y ‘rosaris dolços’

Maite Alvite

Maite Alvite

Sant Josep

La celebración de Tots Sants arranca a ritmo pausado a las once y media de la mañana, con los josepins todavía recuperándose del apocalipsis zombi que vivieron esta madrugada. «Participaron cerca de 700 personas», comenta la coordinadora de Juventud de Sant Josep, María Ribas, mientras observa con satisfacción el cielo azul casi inmaculado, confirmando que fue un acierto posponer un día las actividades programadas el sábado por la mañana para evitar la lluvia.

Al buen tiempo y al éxito de la terrorífica yincana, a la que asistió más gente que otras ediciones, se suma otro motivo de dicha: «Se han agotado ya los 300 tickets para la frita de porcella», a quince euros la ración, que incluye pan, un pieza de fruta y cacahuetes para cumplir con la tradicional trencada de frutos secos de Tots Sants.

Es la parroquia de Sant Josep, apunta Ribas, la que se encarga este año de la organización de la comida popular porque todo lo que se recaude se destinará al alumbrado y el mantenimiento del templo. Es por ese motivo también que la gran mayoría de las actividades de Tots Sants se concentran esta vez en la plaza, en lugar de frente al edificio consistorial, como otros años.

En plena preparación de la ‘frita de porcella’. | M.S.

En plena preparación de la ‘frita de porcella’. / Marcelo Sastre

En el puesto donde se venden las bebidas, atendiendo al público, está Pep Tur, uno de los obreros de la iglesia, que explica con más detalle a qué irá a parar el dinero que se reúna en esta jornada. Buena parte será para el nuevo alumbrado de la bóveda del templo, que «ya está instalado» y cuyo presupuesto podría «superar los 6.000 euros». «También hay que hacer reformas en la cubierta porque hay goteras», añade el obrero, que esta mañana está trabajando codo con codo con su hijo, el coordinador de Cultura de Sant Josep, Bartomeu Tur, que hace un rato estaba tocando el órgano en la misa y ahora está sirviendo refrescos a la concurrencia.

Si la parroquia se encarga de la comida, los alumnos de sexto de Primaria del colegio L’ Urgell se ocupan de proporcionar el café y los postres. Hay desde donuts a crepes, pasando por ensaimadas y cocas, dulces y saladas. Lo que consigan con su venta en este caso no será para la parroquia sino para su viaje de fin de estudios a PortAventura, en Tarragona, como explican dos de los jovencitos que atienden el puesto, Gerard Escrivà y Pablo Buj, de once años.

A escasos metros de ellos están los cocineros de la frita de porcella. Según cuenta uno de ellos, Pepe Marí, Berris, comenzaron con los preparativos el día anterior y este domingo han madrugado tanto que por cuatro horas y media no se cruzan en la calle con los muertos vivientes de la ‘Survival Zombie’. Ya tienen al fuego los 150 kilos de carne de lechona que han preparado para las 300 raciones. El plato se completará con «90 kilos de patatas, quince sobrasadas cortadas a trozos, además de pimiento, ajo, setas, tomate, perejil, sal y pimienta».

«En mi infancia la frita de porcella era el plato típico de Tots Sants», recuerda Esperanza Cardona, que rememora cómo su madre la preparaba para comerla el 1 de noviembre. Este día 8 también será «el menú de la comida», apunta la josepina, que en cuanto esté la frita cocinada se llevará unas cuantas raciones a casa para toda la familia.

El taller de ‘rosaris dolços’ de Marga Orell.  | M.S.

El taller de ‘rosaris dolços’ de Marga Orell. / Marcelo Sastre

‘Rosaris’ con Filipinos

Los que sí disfrutarán de este manjar de la gastronomía ibicenca in situ son Francesc Ribas y Maria Costa, que, por si las moscas, ya han pillado silla y mesa en la plaza. «Nos hemos apuntado a la comida popular para ayudar al mantenimiento de la iglesia», explican poco antes de que comience el concierto del grupo Igea.

Mientras la juventud y el público adulto se concentra, en buena parte, frente al escenario, las familias con niños se reparten entre los juegos gigantes de madera de Jugueroix y el taller de Marga Orell de rosaris dolços, confeccionados con más de una veintena de chucherías y una galleta de almendras como rosetón. La chef esta vez ha prescindido de las tradicionales pets de monja y de los panellets, cuyos precios, por cierto, están por las nubes, y los ha sustituido por mazapanes y Filipinos.

El concierto del grupo Igea.

El concierto del grupo Igea. / Maite Alvite

«Siempre que hacen algo para el público infantil en Sant Josep nos acercamos», comenta Marta García, que se ha acercado con su pareja y sus dos niñas hasta allí desde Sant Agustí. Su hija Ona, de tres años, está pasándoselo en grande jugando a piedra, papel y tijeras. En frente, dos adolescentes de trece años, María Valente y Bruna Sala, prueban el último ingenio creado por Alfredo Marí, el ‘Good Minton’, un juego de puntería con volantes de bádminton.

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