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Ibiza pierde sus bosques y gana urbanismo, un reto frente al cambio climático

El 8,8 % de la superficie está cubierta por infraestructuras y superficies artificiales

Comparativa de la frondosidad de la vegetación de ibiza en el 2012 (izquierda) y el 2023 (derecha)

Comparativa de la frondosidad de la vegetación de ibiza en el 2012 (izquierda) y el 2023 (derecha) / DI

Nuria García Macias

Nuria García Macias

Ibiza

Ibiza continúa siendo la isla más transformada de Baleares. En el 2012 la densidad forestal de la isla era mucho mayor a la registrada en el 2023, como se observa en la comparativa de la imagen, obtenida a través de la plataforma del programa europeo de satélites 'Copernicus'.

Según el último informe sobre sostenibilidad de Ibizapreservation, el 8,8 % de su superficie está cubierta por infraestructuras y superficies artificiales, un porcentaje superior al de otras islas como La Palma, Tenerife o Menorca. En contraste, las áreas con potencial agrícola representan el 31 % del territorio y las zonas naturales el 60,2 %, una proporción que refleja la presión urbanística y el reto de conservar el entorno natural.

El estudio advierte de que el crecimiento del suelo urbano ha alcanzado en 2024 su máximo histórico, con un total de 3.030,5 hectáreas, distribuidas principalmente entre Santa Eulària —el municipio con mayor extensión urbana (1.018,4 ha)— y Sant Josep (930,8 ha). En paralelo, el suelo urbanizable suma 2.013 hectáreas, mientras que el no urbanizable asciende a más de 52.000 hectáreas, lo que refleja los límites actuales del desarrollo territorial.

Una masa forestal vulnerable

Las Pitiusas conservan una importante superficie forestal, compuesta por 28.292 hectáreas en Ibiza y 3.652 en Formentera. Predominan los pinares, sabinares y bosques mixtos de estas dos especies, mientras que formaciones como la encina o el acebuche son cada vez más escasas.

Sin embargo, el informe alerta de que los efectos del cambio climático están agravando la vulnerabilidad de estos ecosistemas. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) identifica la zona mediterránea como una de las regiones más sensibles al calentamiento global, con olas de calor y períodos de sequía cada vez más prolongados, lo que supone un importante reto adaptativo para las especies forestales. El 11 de octubre, el paso de la dana 'Alice' dejó récords históricos de precipitación diaria en el aeropuerto de Ibiza, con 89,4 litros por metro cuadrado, y en Formentera, con 78,8 l/m². Son los valores más altos desde que existen registros, en 2015.

En este contexto, los expertos destacan la necesidad de aplicar una silvicultura adaptativa (ciencia destinada a la formación y cultivo de bosques), un modelo de gestión que refuerce la resiliencia de los bosques frente a incendios, sequías, plagas y enfermedades. Este tipo de gestión se basa en reducir la competencia entre árboles por recursos como el agua o la luz y en crear estructuras forestales discontinuas que dificulten la propagación del fuego.

Cuidar el terreno ayuda a prevenir incidencias en caso de fenómenos meteorológicos, en caso de riadas e inundaciones, la vegetación juega un papel de ralentizar el agua de lluvia y reducir la erosión del suelo.

Menos incendios, pero un riesgo persistente

Otro de los factores por lo que la isla ha perdido densidad forestal son los incendios. En el 2024, según los datos del mismo informe de sostenibilidad, cerró con 22 incendios forestales registrados, una cifra inferior a la de 2023, cuando se contabilizaron 27. También disminuyó la superficie afectada, pasando de 8,07 hectáreas en 2023 a 3,19 en 2024, lo que representa una reducción del 60 %.

Aun así, la superficie quemada sigue siendo mayor que la registrada en 2021 y 2022, lo que evidencia que el riesgo no ha desaparecido. La combinación de sequías más intensas y un territorio cada vez más urbanizado convierte la gestión forestal en un elemento clave para la sostenibilidad ambiental de la isla.

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