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Conmemoración

50 años del inicio de una vida militar en Sa Coma

Los veteranos que sirvieron en el antiguo acuartelamiento de Ibiza celebran el aniversario de su inauguración. El acto valora el futuro de estas instalaciones como «servicios necesarios para la ciudadanía».

Estela Torres Kurylo

Estela Torres Kurylo

Sant Antoni

Juan Reinaldo Raval, murciano de Lorca, estuvo destinado a hacer el servicio militar obligatorio (mili) en Eivissa en 1986. Era uno de los encargados de despertar a sus compañeros de Sa Coma tocando la corneta. No recuerda si empezaba a las siete y media u ocho de la mañana, pero sí que con el «toque de diana empezaban a encenderse todas las camaretas». Con este vocabulario especializado se refiere al sonido utilizado en el ámbito militar para despertar a la tropa que estaba en sus dormitorios.

A Raval le tocaba hacerlo todos los días durante los nueve meses que estuvo aquí, de los que guarda «unos recuerdos muy bonitos». Estos afloran este sábado, cuando se conmemora el 50 aniversario de la inauguración del antiguo acuartelamiento de Sa Coma, motivo por el que se ha trasladado expresamente a la isla.

Destinos en Sa Coma

Como él, también lo han hecho José Jiménez Carrasco y Gabino Carricondo González, ambos de Vélez-Rubio, Almería. El primero también estuvo «de corneta de guardia» y el segundo trabajó en la granja que había en el complejo: «Aquí había muchos destinos. Unos estaban haciendo instrucción, otros en cocina...», rememora Jiménez, que observa lo cambiado que encuentra ahora Sa Coma. Hace 40 años que ni él ni Carricondo pisaban la isla.

A estos cambios también se refiere José Luis Cardona, presidente de la Asociación de Militares Veteranos de Eivissa y Formentera, que ha organizado el evento. Cardona dirige el acto principal en el actual edificio de la Unidad Militar de Emergencias (UME) de sa Coma. Menciona el «flashback» que pueden experimentar los más de cincuenta veteranos que le escuchan: «Quizá os recordéis pasando la pista americana o de maniobras en Platges de Comte con esos obuses de artillería, los morteros de 120 [cañones diseñados para usarse con puntería directa o indirecta] o los contracarros CSR [cañones sin retroceso que disparan proyectiles]».

«Fuerza presente tuvo este acuartelamiento hasta que se cedió al Consell insular. Ahora sigue teniendo vida y funciones para servir a la ciudadanía», destaca Cardona.

Algunas de estas funciones las menciona el presidente del Consell de Eivissa, Vicent Marí: «Hoy se ha convertido en un parque insular de servicios en el que está la Escuela de Hostelería, se han iniciado las obras de la Escuela Oficial de Idiomas (EOI)... Por lo que ahora se prestan otros servicios que hacen falta a la ciudadanía, pero esto es posible gracias a que el ejército nos construyó este lugar», señala. Asimismo, Marí apunta los otros servicios de protección que utilizan actualmente Sa Coma: como la UME, la Guardia Civil o los bomberos y el Ibanat.

Antes de llegar a ello pasó bastante tiempo. La última unidad militar que permanecía activa en estas instalaciones se desmanteló en 2008. A finales del año siguiente el Consell, entonces gobernado por el socialista Xico Tarrés, lo compró al Ministerio de Defensa por cerca de 30 millones de euros, y pasó bastante más hasta que se empezaron a utilizar las instalaciones.

Cardona recuerda que mucho antes del 2008 empezó a disminuir la cantidad de efectivos que residían en Sa Coma: «Esto fue regimiento, después batallón y destacamento», indica, en referencia a los diferentes tamaños (de mayor a menor) de la unidad militar que había en las islas.

Según Cardona, cerca del año 2000 «don Vicente Bufí Tur hizo la cesión del acuartelamiento al Consell insular», que entonces era de Eivissa y Formentera.

De esta forma, quedaron atrás tiempos en los que en toda Eivissa había hasta 2.100 soldados «entre la comandancia militar de es Soto (donde está ahora la Universitat de las Illes Balears en Ibiza), el destacamento de artillería que había abajo, el polvorín de Santa Gertrudis o Sa Coma», enumera Cardona.

En su caso, es de los que fue voluntario a la mili. Tenía tan solo 17 años cuando se incorporó al Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) 14 en Palma de Mallorca. Tras tres meses allí, le destinaron a Ibiza, donde escaló cargos hasta ser cabo primero y manejó a un pelotón de 20 personas: «Nos dedicábamos a controlar todos los puntos posibles que quedaban incomunicados. En aquel tiempo las señales eran analógicas, no había satélite, y revisábamos sa Talaia, Sant Llorenç, las vaguadas, las zonas oscuras de Sant Mateu, Santa Agnès... Para que hubiera comunicación en cualquier punto de la isla», cuenta Cardona.

Si sus conocimientos no le fallan, indica que la sección de transmisiones y filodirigidos, «los primeros misiles que iban con un tipo de infrarrojo y funcionaba con un joystick» estaba en los pabellones 206 y 207 de sa Coma. En ellos empezaron hace unas semanas las obras de rehabilitación para trasladar allí la nueva EOI de Ibiza.

Maniobras de preparación

Junto a estas maniobras, Cardona recuerda las de «tiro y evasión», que se llamaban así «porque en el momento en el que se disparaba el cañón hacía una nube de humo muy grande y delatabas tu posición, por lo que automáticamente el supuesto enemigo te tenía controlado», relata.

Todas estas pruebas se hacían a diario «para la preparación de la gente» y que estuviera también al día en materia de vehículos. Dos de ellos están aparcados en un lado del pabellón de la UME: «un Willys y un Dodge». Este último «estuvo sirviendo en el acuartelamiento muchos años y es un vehículo del 48 que sigue funcionando», destaca.

Entre las prácticas diarias que hacían los soldados en el acuartelamiento de Sa Coma, también figuraba el izado de la bandera de España, como se repite este sábado.

Antes de ello, una treintena de veteranos forman voluntariamente y siguen las indicaciones de Cardona. Entre ellos está el ibicenco Joan Joan Marí, a quien destinaron a Madrid entre abril de 1977 y 1978. Vivió la Transición y por ello describe aquella época como esa en la que no se sabía muy bien dónde irían a parar. De todo lo que vivió apunta que se llevó «amigos para toda la vida».

Esta hermandad parece resucitar con aire de nostalgia entre los veteranos. Se percibe en el homenaje a los caídos, en el suave murmuro del himno de la Infantería o en la felicitación por su cumpleaños al coronel retirado del ejército de infantería, José Guasch Cañas. Todos le cantan el cumpleaños feliz al comenzar el acto.

En una conmemoración a la que también asisten autoridades de diferentes municipios de la isla y familiares de algunos de los veteranos, también hay quienes recuerdan que, en un día como éste, en el que la lluvia asoma, se salía a formar igual.

En esa forma de vida, que ahora es tan diferente, uno de los asistentes recuerda el momento «triste» en el que le llegó la llamada a filas: «Teníamos nuestro trabajo pero si nos pillaba la edad, teníamos que cumplir», señala, antes de añadir: «Pero conforme iba pasando el tiempo, estábamos bien».

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