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Sanidad

Tamara, paciente de Ibiza: «Llevo un mes y medio esperando que Traumatología me saque una púa de cactus que me atraviesa el dedo»

Hace un mes y medio que una púa de un cactus atravesó el dedo índice de la mano derecha de Tamara. Corrió al centro de salud y de ahí, al hospital; pero la púa se partió, se le quedó dentro y no la pudieron operar en ese momento. Lleva desde entonces dolorida, preocupada y sin poder trabajar.

La púa del cactus, clavada. | T. A.

La púa del cactus, clavada. | T. A.

Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Ibiza

«Llevo un mes y medio esperando a que Traumatología me saque una púa de un cactus que me atraviesa el dedo», comenta Tamara, residente en Vila, que aún no puede creerse que algo «tan sencillo» se haya complicado tanto. De momento, lleva un mes y medio de baja y ya teme que la empresa para la que trabaja de camarera y donde es fija discontinua, la dé de baja antes de lo previsto por no poder trabajar. Un mazazo para la economía familiar. «No sé si me da para cobrar el paro», reflexiona.

La pesadilla de Tamara comenzó el pasado 17 de septiembre. En casa. Peleándose con los cactus de su vecino. «Son enormes y se pasan a mi casa», explica. Una de las púas, de un tamaño considerable, saltó del cactus y, como si fuera una flecha, se le clavó en el dedo índice de la mano derecha. «Me atravesó el dedo de lado a lado», explica. El pincho sobresalía tanto por la uña como por la yema.

En un primer momento, pensaron solucionarlo en casa: «Pero sentía tal dolor que no quería que me tocase nadie». Así que se marcharon al centro de salud de es Viver, donde tiene la médica de cabecera: «Allí me dijeron que fuera a Urgencias de Can Misses, que si intentaban sacarme la púa igual se partía y se quedaba dentro. Que fuera al hospital y allí, si pasaba eso, podrían abrirme el dedo y sacármela». Y se marcharon hacia Can Misses, donde, tras varias horas de espera —«lo habitual», comenta— le hicieron una radiografía. «Pero no sirvió de nada porque el pincho es un elemento vegetal. No es metal ni hueso, así que no se veía nada», relata. Ya en boxes, la atendió un médico de Urgencias que le durmió el dedo y que trató de sacar la púa agarrándola con unas «tijeras de pinza» y tirando hacia abajo. Pero, como habían vaticinado en el centro de salud, «se partió» sin que pudieran sacarla.

«Si llego a saberlo, no me hubiera ido de Urgencias»

«Me dijeron que había que ir al quirófano y llamó a Traumatología, pero le indicaron que no podían en ese momento y que me derivaran para verme en dos días, valorarlo y operarme», indica. En ese momento, creyó lo que le decían y se marchó a casa. Algo de lo que se arrepiente: «Si llego a saber que un mes después seguiría así, con el dedo inmovilizado, con el pincho y sin poder hacer nada, no me hubiera ido del hospital. Me hubiera esperado hasta que me operarasen».

Se marchó de allí con la promesa de que la verían en dos días y con un tratamiento «fuerte» de antibiótico y antiinflamatorio. También con el miedo a que se le infectara, algo de lo que la habían advertido si la púa se rompía y se quedaba dentro de la carne. El tratamiento acabó a los diez días. «Por protocolo de antibióticos no me pueden dar más. Además, cuando me operen tendré que tomar más», añade. Así que ahora, un mes y medio después del día del accidente, siente el dedo «dormido» y dolorido. En la visita con el traumatólogo preguntó cuándo la operarían, si en unos días o la semana siguiente. Ya le advirtieron de que iría para algo más largo.

Desde entonces, ha ido en varias ocasiones a su médica de cabecera por las molestias -«está rojo, a veces parece que agarrado a la carne»- y también por la inquietud de que no la llamen. Ha puesto una reclamación en Atención al Paciente. Sin resultado. Cuando ha preguntado por Traumatología le han dicho que sigue en lista de espera y que hay un especialista de vacaciones y que otro se casaba, así que su caso va «para largo».

Diez días después del accidente y sin que nadie la hubiera llamado a pesar de que en Urgencias le dijeron que la verían en dos días, puso la reclamación: «En el mostrador me dijeron que debía adjuntar un informe del médico de cabecera para Traumatología, que así lo valorarían más deprisa». Así que volvió al centro de salud, para sorpresa de su doctora: «No entendía que me pidieran el informe porque en el hospital tienen acceso a la historia clínica y, además, me atendieron allí». A pesar de eso, le hicieron el informe y volvió a Atención al Paciente para que lo adjuntara a la reclamación. Una queja que, según le explicaron, está «preferente» y deberían ver y resolver en menos de un mes. «Pero todavía ni la han abierto ni la han leído», lamenta Tamara, que está desesperada.

Recurrir a la sanidad privada

«Entiendo que no es una operación urgente ni grave, pero llevo un mes y medio así», señala la paciente, quien incluso se ha planteado la posibilidad de recurrir a la sanidad privada. Una opción que, al no tener seguro privado, ha descartado por los costes: «No me lo puedo permitir».

Su preocupación, además de que no se le infecte el dedo, es su trabajo. Fija discontinua, debía trabajar hasta el próximo mes de febrero. Algo que, ahora, teme que no sea así. «Con el dedo así es imposible trabajar de camarera», indica. Si su empresa la da de baja antes de lo previsto -«les he pedido que esperen un poco a ver si me operan ya»- se queda sin ingresos, ya que no cree que haya acumulado suficiente esta temporada para percibir el paro.

Desde Can Misses explican que en Traumatología consideraron que la intervención «era demorable, no urgente», por lo que se la puso en lista de espera. Aseguran que está como «preferente» y con «prioridad uno», por lo que la previsión es que la llamen «en breve».

Sin trabajar y dolorida, no puede dejar de pensar cómo se le ha complicado la vida «por una tontería».

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