Entrevista | Felip Cirer Investigador y catedrático de Lengua Catalana y Literatura
Felip Cirer: «Como historiador, Joan Marí Cardona es lo más valioso del siglo XX en Ibiza»
El libro ‘Joan Marí Cardona. Passió per les Pitiüses’ (Felip Cirer), editado por el Consell, es la biografía del destacado intelectual pitiuso, que este año cumpliría los 100. Cirer, también director de la Enciclopèdia, analiza el legado de Marí Cardona. En los agradecimientos señala el trabajo de Joan-Albert Ribas, técnico insular de normalización lingüística (que ha ejercido de «corrector» y «ayudado a ampliar algún texto»), y la colaboración de familiares y otras personas del entorno del biografiado.

Felip Cirer durante la conversación con este diario. | J.A.RIERA

¿Cuál es el legado principal de Marí Cardona?Una obra monumental. Son una docena de libros, todos muy interesantes y con aportaciones valiosas. Y pensemos que también escribió 450 artículos para diarios de Eivissa y Formentera y revistas. Es un trabajo inmenso. En el libro están recogidos todos ellos para que la gente pueda consultarlos.
Aparte de su obra como historiador, ¿cómo le definiría?
Era una bellísima persona, un hombre abierto, afable, que estaba siempre dispuesto a ayudar a todo el mundo y a hacer cualquier cosa que fuese en favor de nuestra cultura y lengua. Era siempre alguien dispuesto a hacer todo por cualquier persona o entidad que pidiera su ayuda; estaba en todo.
Dice que sus facetas eran, principalmente, tres.
Sí. La primera sería como sacerdote y hombre de iglesia. Tuvo altos cargos en la diócesis de Eivissa y durante 50 años fue canónigo archivero. También fue vicario general, regentó diversas parroquias, fue director de Cáritas... Hizo una gran labor. La segunda vertiente sería la de historiador. Como historiador, es indiscutible que es la persona más valiosa que tenemos en el siglo XX en Eivissa. Sus libros lo demuestran. El primero fue ‘La conquista catalana de 1235’, publicado en el 76, y desde entonces llevó a cabo una producción constante. Estuvo 30 años casi sin escribir o publicar, pero continuaba siempre recogiendo fichas. Trabajaba con el método de las fichas, de todo lo que él encontraba en el archivo de la Pabordía y también en archivos de fuera de Eivissa.
¿Y la tercera?
La de activista social. Defendía la lengua, la cultura de Eivissa. Y prueba de ellos son los 19 años que fue presidente del IEE.
También tenía una parte, tal vez menos conocida, la de excursionista, ¿verdad?
Sí. Él conocía, por los papeles que custodiaba en el archivo de la Pabordía, hechos históricos. Muchos. Pero siempre quiso contrastarlos yendo al lugar en el que habían sucedido cada uno de ellos. Pienso en el ejemplo de la divisoria entre los quartons. Le dijo a Isidor Macabich que le gustaría conocer por dónde pasa la línea divisoria. Macabich le respondió que aquello era un trabajo de locos, que no lo conseguiría. Don Joan, con su paciencia y manera de ser, recorrió cada uno de esos puntos y estableció perfectamente la línea divisoria de los quartons. También se debe decir que lo hizo gracias a la obra de Miquel Gaietà Soler a finales del siglo XVIII, que renovó las fites [señales] de los quartons.
Mucho trabajo de campo.
Mucho. Macabich no tenía medio de locomoción. Don Joan comenzó con una bicicleta, durante los primeros años. Después pasó a una moto, una Vespa, y luego a un Renault Dauphine y otros vehículos. Siempre recorrió toda Eivissa y Formentera para poder establecer cosas, hechos, situaciones que él conocía.
Y usted explica que hubo un momento en el que Isidor Macabich juntó a seminaristas para poner orden en el archivo catedralicio, y que de alguna manera aquello fue el nacimiento de su interés por los documentos.
Sí, la cosa va por aquí. Fue con el archivo de la catedral, más bien de la Pabordía, como dijo Marí Cardona. Porque si lo llamamos de la catedral, lo limitamos de 1785 hasta ahora, y él explicó que hay documentos muy anteriores. Marí Cardona, estando de seminarista, ya fue algunas veces a aquel archivo, y todavía había papeles desordenados de cuando la Guerra Civil. Marí Cardona ayudó a clasificarlos. Después, cuando ya está de estudiante seminarista en Valencia y en Salamanca, cuando viene a Eivissa también ayuda a Macabich y le hace alguna traducción de documentos, de manuscritos que había allí.
Aquello fue el principio de muchas otras cosas.
Por todo esto, cuando en el 52 queda vacante la canonjía de la catedral porque Macabich asciende a arcediano (o archidiácono), él mismo le propone a Marí Cardona que se presente para el cargo. Bueno, Macabich y dos personas más que también tenían mucha ascendencia sobre Marí Cardona. Eran don Vicent Bufí, que había sido su profesor de latín, y don Vicent Bonet, que era el chantre de la catedral, el que se encargaba de la música. Los tres insisten en que Marí Cardona se presente a oposiciones de canónigo archivero. En el 52 lo hace y las gana.

Cirer, en una sala de la sede de Diario de Ibiza durante la entrevista. | J.A.RIERA
La vertiente religiosa le viene de familia, ¿no?
La madre era muy religiosa. Su padre fue obrero de la parroquia de Sant Rafel muchos años. Ahora bien, él es el primer personaje religioso en su familia.
Su lado religioso y su activismo cultural al fin y al cabo están muy ligados: beben de todo lo relacionado con la tradición y las raíces del territorio, ¿no?
Y, sobre todo, hay que tener en cuenta que en sus excursiones, al querer comprobar sobre el territorio todo lo que había pasado, hechos, elementos patrimoniales y demás, el ser sacerdote le abría mucho el camino frente a los payeses. Sienten un gran respeto por las figuras religiosas y eso le dio pie a tener siempre muy buen contacto, muy buenas relaciones con la gente.
¿Era conservador?
Yo no lo tendría por tal. Pienso que era de ideas avanzadas. Cuando viene el Concilio Vaticano II, que es la gran revolución de la Iglesia, él es de los primeros del sacerdocio ibicenco que se apunta a todas las innovaciones de aquello. En cuanto a la defensa de la lengua dentro de la liturgia, también es de los primeros. Lo tengo por un hombre avanzado a su tiempo.
En 1950 le designaron como ecónomo de la parroquia de Sant Carles y usted explica que dinamizó mucho la vida del pueblo.
Sí. Se fue a Sant Carles y quería ser lo que nosotros conocemos como un cura de pueblo. Cuando le proponen irse a Vila de canónigo archivero, él no estaba muy convencido porque esta vida de pueblo es lo que le llenaba. En Sant Carles realizó grandes actividades en poco menos de dos años. Creó un equipo de fútbol. Montó un campo para que se pudiera jugar. También un cuadro escénico con jóvenes de la parroquia. Aplicó muchas mejoras en el templo y cursillos para hombres y mujeres de la parroquia. Fue una labor pastoral muy importante. Y luego quiso volver un poco a todo esto. Pidió incorporarse al equipo de sacerdotes de Santa Creu, una iglesia que será en aquel momento innovadora y que ayudará a avanzar mucho. Forma equipo con Vicent Colomar, Pins, y Joan Planells, Murtera. Fue un equipo innovador en muchos aspectos al poner en práctica todo lo que es el Concilio Vaticano II.
Estudió teología, filosofía y lenguas clásicas.
Se fue a Salamanca, quería licenciarse en lenguas clásicas. Él era un muy buen estudiante de griego y de latín, pero Eivissa sufría falta de sacerdotes. Recordemos que en la Guerra Civil mueren 21 sacerdotes. Por eso el obispo Frit reclama que Marí Cardona venga a Eivissa y abandone sus estudios en Salamanca.
¿De dónde nace su sensibilidad lingüística y cultural?
Siempre apuntaba que todos los documentos que había consultado anteriores a 1785 son en lengua catalana. Eso, a pesar de su formación en castellano, le hace despertar esta inquietud. Y creo que fue en los años 73-74 cuando la parroquia de Sant Mateu realizó su visita a Santa Maria. Antes de la muerte de Franco. Se trataba de esa visita anual que hacen las parroquias foráneas, y allí, conjuntamente con el cura de Sant Mateu, Antoni Costa, y el obispo auxiliar Teodor Úbeda, es cuando dicen la primera misa en lengua catalana en Eivissa. Y dice que Úbeda le pasó mal porque no tenía facilidad para poder decir la misa y les faltaban textos. Luego, más adelante, buscaron los textos que había hecho la Abadía de Montserrat y todo eso y se normalizó el uso de la lengua en la liturgia.
Usted alertó una vez en el Club Diario de Ibiza de un proceso de latinización del catalán [lengua conocida por la mayoría pero no utilizada]. ¿Se puede revertir?
La lengua será lo que quiera este pueblo. Si el pueblo ibicenco considera que su lengua propia es la catalana, la ibicenca, estamos salvados. Ahora, si estamos en un proceso de sustitución, en el que otras lenguas toman cada vez más fuerza y los ibicencos cada vez más reculamos, nuestra lengua tiene un futuro muy negro. Pero claro, tenemos que tener siempre presente que cada pueblo hace el uso que quiere de su lengua. Es responsabilidad nuestra, de cada uno de los ibicencos, y de las instituciones, que también tienen que aportar su grano de arena.
¿En qué momento se encuentra la producción cultural en Eivissa?
En uno magnífico. Hace 50 años se publicaba un libro al año de temática ibicenca. Ahora, mínimo una docena. Hay una gran producción y mucha gente domina la lengua. Ahora bien, en la calle cada vez recula más y está en una peor situación. Pero yo siempre espero que haya un renacimiento del pueblo de Eivissa y Formentera respecto a la lengua. Tampoco ayuda nada esta situación que hay de que todo está muy bien y la economía va como un tiro. Esto hace que no miremos otras cosas como nuestra cultura y lengua.
¿Cree que también se debe utilizar el turismo para difundir nuestra cultura?
Tocaría. Lo que pasa es que Eivissa ha enfocado el turismo hacia otras vías. Cambiarlo puede ser muy difícil. Pero yo todo eso lo veo desde una distancia que no sé muy bien... Lo único que veo es que el turismo de discoteca sí que está muy bien representado. Pero he de decir, por otro lado, que procuro ir una vez por semana al archivo de la Pabordía y estoy sorprendido de ver la cantidad de gente que sube a Dalt Vila. Los días en que más gente hay coinciden sobre todo con los días que hay cruceros amarrados en el puerto. Por tanto, es gente a la que le interesa la cultura, el patrimonio y que pasea por Dalt Vila, dando una sensación de vida que los otros días no tiene.
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