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Migración

El Consell de Ibiza ya tutela a 100 menores extranjeros no acompañados

La institución gestiona 60 casos y de los otros 40 se encargan empresas privadas

Pepi Soria, durante la ponencia

Pepi Soria, durante la ponencia / G.S.

Guillermo Sáez

Guillermo Sáez

Sant Rafel

El Consell de Ibiza ya tutela a un centenar de menores extranjeros no acompañados, de los cuales 74 son de nacionalidad argelina y el resto, de otros países como Malí, Senegal o Guinea, según los datos facilitados este jueves durante la ponencia relativa a menores dentro del X Encuentro de agentes sociales ‘Pateras, un viaje al paraíso’, celebrado en la sede de Cáritas en Sant Rafel.

De estos 100 menores, 60 están tutelados directamente por el propio Consell y los otros 40, por empresas privadas designadas a través de licitaciones públicas. «La atención a menores ha crecido exponencialmente», reconoce la responsable del servicio de protección de menores del Consell, Pepi Soria.

Solo a lo largo de este año, el organismo ha tenido que abrir cuatro centros específicos para atender a menores extranjeros no acompañados en la isla. E igual que ocurre con los adultos, los más jóvenes también llegan «en peores condiciones y con más problemas de salud», al proceder cada vez de países más pobres situados en el cuerno de África.

Raquel Ríos, que trabaja como educadora en uno de esos centros residenciales de la isla, explica que tratan de dar «una acogida cálida y cariñosa» a los menores que acaban de llegar en patera. A la odisea que están viviendo se suma la tierna edad con la que muchos la afrontan. Preguntados por sus motivos para venir, cuenta que todos, sin excepción, responden que quieren una vida mejor.

En sus cuatro años realizando esta labor, la educadora revela que tan solo ha conocido un menor que le pidiera volver a su país junto con su familia. «Llamamos a su madre para tramitar su vuelta y la madre nos dijo que no», recuerda. A menudo, las familias han gastado sus ahorros para intentar que su hijo encuentre una vida mejor y aceptar su vuelta supondría tirar ese dinero. «Ahora está en Mallorca y está bien», añade sobre este caso.

Frustración y redes sociales

Al mismo tiempo, tanto Ríos como Miriam Guardiola, trabajadora social de acogimiento residencial de menores, coinciden en señalar que las expectativas del viaje migratorio no tienen mucho que ver con lo que se encuentran una vez que llegan aquí, lo que les genera mucha frustración.

A ese problema contribuyen en gran medida las redes sociales, que funcionan como engañosas ventanas al primer mundo, ya que a través de las pantallas lo habitual es que parezca oro todo lo que reluce. «Lo que ven en las redes sociales les incita mucho a venir, pero es que lo que ven no es real, igual que pasa siempre con las redes sociales», resume Ríos.

Además, la ponencia también contó como invitado especial con Bakary, un joven maliense de 18 años que hace un año y medio llegó a Ibiza en una patera. Vistiendo una camiseta de Lamine Yamal y hablando un español más que fluido, recordó su migración y repitió en varias ocasiones que fue un viaje «muy peligroso» que compartió con otros 24 tripulantes, todos en buen estado de salud cuando fueron rescatados por la Guardia Civil.

En su caso, todavía era un menor de edad cuando migró de Mali a Argelia, países que comparten frontera, y estuvo seis meses trabajando en el país magrebí hasta que tuvo la oportunidad de subirse a una patera que ni siquiera contaba con sistema de localización GPS. Se les acabó la gasolina y se quedaron a la deriva, pero su aventura tuvo final feliz, al contrario que muchas otras de trágico desenlace.

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