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Especial Premios Diario de Ibiza | Premi a la Trajectòria de Servei Públic | María Luisa Cava de LLano

Premio a una mujer cuya carrera en la vida pública ha sido ejemplar

María Luisa Cava de Llano recibió con «orgullo» el premio de un diario que ha sido su «compañero de vida» desde la niñez: «Ahora lo que quiero es vivir en paz y ser feliz con mi familia»

María Luisa Cava de Llano muestra el premio en presencia de Aitor Moll. | J. A. RIERA

María Luisa Cava de Llano muestra el premio en presencia de Aitor Moll. | J. A. RIERA

José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

Orgullosa y contenta. Así dijo sentirse María Luisa Cava de Llano cuando el pasado martes recogió, de manos el consejero delegado de Prensa Ibérica, Aitor Moll, el Premi a la Trajectòria de Servei Públic. Sobre todo porque se lo daba Diario de Ibiza: «Para mí ha sido un compañero de vida, pero no ahora en la madurez, sino de toda la vida». Explicó que, de pequeña, veraneaba en la isla y que su padre la mandaba a la calle Azara, donde estaba la redacción, a buscar el diario, que luego les enviaban (por barco) a Barcelona, donde residían. Por saber, incluso conoce la fecha precisa del primer número que salió a la calle: «Un martes 1 de agosto de 1893».

La ex Defensora del Pueblo durante su discurso. | J. A. RIERA

Cristina Martín, Pepita Gabaldar y María Luisa Cava de Llano. / J. A. RIERA

Cree quien fue Defensora del Pueblo, miembro del Consejo de Estado y una de las primeras abogadas de la isla, que el diario ha cumplido con creces los propósitos con los que nació y que fueron recogidos en aquella primera edición, «defender los intereses de Eivissa y preocuparse de sus problemas (…) Por eso el Diario Ibiza se ha ganado la confianza de todos los lectores, de todos los ibicencos, porque ha mantenido siempre un relato fiable de todo y ha ejercido un periodismo de proximidad».

Cristina Martín, Pepita Gabaldar y María Luisa Cava de Llano. | J. A. RIERA

Cava de Llano, Alba Pau, Cristina Martín, Carolina Escandell y Rita Vallès. | / J. A. RIERA

Su trayectoria de servicio público ha sido ejemplar y, como ella misma recordó en una entrevista en este diario con motivo de recibir este premio, una labor en la que puso todo su corazón, desde que comenzó en el Ayuntamiento de Eivissa hasta ocupar un puesto en el Consejo de Estado: «He puesto el alma, la vida y el corazón. Me gustó mucho la política municipal; la política insular, cuando estuve de vicepresidenta del Consell; la política autonómica, cuando estuve de vicepresidenta del Parlament, y también la política nacional». Pero lo que más la llenó fue ser Defensora del Pueblo: «Para mí fue lo más, el poder ayudar por ayudar, sin cortapisas y contando con la colaboración de todo el mundo. Ahí disfruté mucho».

Miguel Marí, Juan Antonio Marí, María Luisa y sus hermanas Pilar y Carolina Cava de Llano. | VICENT MARÍ

Miguel Marí, Juan Antonio Marí, María Luisa y sus hermanas Pilar y Carolina Cava de Llano. / | VICENT MARÍ

Defender a los que no tienen voz

Cava de Llano, Alba Pau, Cristina Martín, Carolina Escandell y Rita Vallès. | J. A. RIERA

María Luisa Cava de Llano muestra el premio en presencia de Aitor Moll. / | J. A. RIERA

Se siente orgullosa de haber podido «defender siempre a las personas que no tenían voz» y que acudían a ella para pedirle ayuda: «Eso da una satisfacción muy grande, poderlas ayudar y, sobre todo, poderlas escuchar. Estando yo, nadie se fue jamás de la oficina de la Defensora del Pueblo sin un abrazo y un apretón de manos. Recibí a todo el mundo, a todos los que quisieron hablar conmigo». Ese, reconoce, ha sido su «objetivo» en la vida, «la defensa de las personas vulnerables y de los derechos fundamentales». Se confiesa creyente (durante su discurso, al primero que se dirigió fue al obispo de Eivissa, Vicent Ribas, presente en la sala): «Por eso tengo necesidad de ayudar».

Y ahora, ya jubilada, ¿a qué dedica su vida? «Sobre todo a mi familia, porque pienso que la he privado mucho de mi presencia y ahora tengo la necesidad de compensarla». En su discurso, trufado de anécdotas, añadió algo fundamental: «He dedicado parte de mi vida a España y, por desgracia, hay momentos que me cuesta reconocerla. Pero ahora lo que quiero es vivir en paz y ser feliz con mi familia, ver crecer a mis nietos, no solo físicamente, sino también humanamente. Y os digo una cosa, no me importan las canas, no me importan las arrugas, que cada día son más, no me importa tener que coger muchos días un bastón porque me flaquea la pierna derecha, porque todo forma parte de lo que ha sido mi vida. Envejecer es un privilegio que, por desgracia, no todo el mundo tiene».

Quiere ahora estar con esas personas «que te aprietan la mano cuando lo necesitas, que te miran a los ojos, que saben dar las gracias, que no se burlan de los demás, que respetan a los mayores, que no se rinden cuando la vida les da una bofetada y los tira al suelo, sino que no se rinden, se levantan, respiran fuerte y vuelven a empezar otra vez. Esta es, sinceramente, la gente que a mí me interesa».

Le preocupa, dice, España: «La verdad es que estoy triste porque he dedicado más de 30 años de mi vida a la política y he dado mucho para tener un mundo y una España un poquito mejor. Me quité tiempo de estar con mis hijos y mi marido y de dedicarlo a mi profesión de abogada y lo hice por conseguir otra España, no la que tenemos ahora, del insulto, de la pelea continua y de judicializarlo todo. Eso no es lo que yo quería. Lo que estoy viendo ahora no me gusta y eso me hace preguntarme si todo el esfuerzo valió la pena o no».

En su discurso, tuvo un recuerdo para cada uno de los otros tres premiados. Por ejemplo, para Pepita Gabaldar: «Leí una declaración el otro día en el diario en la que confesaba que era muy llorona y que tenía miedo de llorar. Pepita, llora lo que quieras, y si tienes ganas de llorar más, al acabar el acto nos vamos las dos a llorar juntas», pues ella, dijo, también es de lágrima fácil.

Contó en el acto que cada día, al levantarse, lo primero que hace es dar gracias a Dios por darle «otro día de vida y poder seguir trabajando» en lo que le gusta y poder ayudar a los demás: «Y también le doy las gracias porque dándome días de vida me puedo seguir tomando chupitos de herbes. O comer con Rafa Tur esas ollas de ossos amb col que él hace como nadie», dijo, con el humor que caracteriza a Cava de Llano, en referencia a los otros dos premiados, la familia Marí Mayans y al portavoz de la Associació de Veïns des Rafal Trobat.

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