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Educación vial en Ibiza: Conocer las señales de tráfico y cumplirlas, incluso «cuando el poli no mira»

El Ayuntamiento de Ibiza y la Policía Local dan la oportunidad a niños y adolescentes para repasar las normas de circulación en el centro de Vila, en la celebración del Día de la Educación Vial. Para los más mayores se imparten talleres de simulación con el objetivo de concienciarles sobre los peligros de conducir bajo los efectos de sustancias estupefacientes.

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Estela Torres Kurylo

Estela Torres Kurylo

Ibiza

Sacar el patinete o la bicicleta de casa este domingo tiene un plus de diversión (y concienciación) para los pequeños de la isla. Durante toda la mañana, el final del paseo de Vara de Rey de Vila es un circuito viario para que los niños aprendan las reglas de la carretera. Las flechas colocadas en el suelo guían por dónde deben avanzar y las señales y los semáforos marcan cuándo y cómo deben hacerlo.

«Sigue las flechas y cuando llegues a la señal de stop, paramos», indica la conocida voz del coordinador de Educación Vial del Ayuntamiento de Ibiza, Alberto Serrano, a Nina, una de las primeras en circular con su bicicleta rosa y un casco azul por la zona acotada. «Si has parado en el stop y no hay nadie, puedes continuar», sigue su padre, Michele Zampieri, que la vigila desde el exterior.

Educación ciudadana

«Siempre que hay actividades así, venimos», explica Zampieri, al tiempo que su hija demuestra la destreza que tiene al manillar. Para cuando toca y mira cuando debe, una de las indicaciones en las que más insiste Serrano: «Paramos y miramos», repite a un pequeño tras otro. «En Vila, empezamos con la educación vial en tercero de Primaria y se sigue hasta segundo de Bachillerato de forma ininterrumpida. Los niños empiezan con la bicicleta en quinto de Primaria y muchos de ellos ya conocen las normas, lo que pasa es que cuando el poli no mira... Hay que estar un poquito encima de ellos», prueba Serrano.

Tráfico acumulado en uno de los puntos del circuito. | FOTOS DE: J.A. RIERA

Tráfico acumulado en uno de los puntos del circuito. / J.A. RIERA

También están pendientes los padres de los menores. En el parque de educación vial entran niños desde los tres hasta los 12 o 14 años, y para quienes no hayan venido sobre ruedas, el Consistorio cuenta con bicicletas, triciclos y cascos que presta a quienes los necesiten, explica la concejala de Educación de Vila, Catiana Fuster, que no olvida los «días complicados» que han pasado los ibicencos debido a las inundaciones que provocó la tormenta ‘Ex Gabrielle’ a su paso por Ibiza. Fuster lamenta que son muchos los que seguirán arreglando cosas en casa, pero espera que los padres se animen a pasar por Vara de Rey con sus hijos este domingo.

Son muchos los que cumplen y guían a sus pequeños al empujar las barras ajustables de los triciclos de menor tamaño: «Los más pequeños entran con sus papis para que les vayan enseñando poquito a poco las señales y las normas. Se trata de concienciarles y que no sólo aprendan señales, sino que también se creen hábitos positivos o saludables de conducta ciudadana», señala el policía. De este modo, uno de los padres que empuja un triciclo explica a su hijo por qué no acelera cuando este le pide que circule «¡más rápido!»: tiene varias bicicletas delante.

Además de los vehículos, el circuito y Serrano, Fuster apunta que el Ayuntamiento ha contratado a cinco monitores que están pendientes del circuito y guían y recuerdan a los niños las indicaciones que deben seguir. Ellos podrían refrescárselas, incluso, a algún adulto. Al padre que mira el móvil mientras empuja el triciclo en el que va su hijo, por ejemplo.

De hecho, el parque, por el que a los diez minutos de su apertura ya circulan una decena de niños puede adaptarse y servir también para adultos: «Ahora es un parque muy sencillo, también por las dimensiones de Vara de Rey, pero puede llegar a los 20 metros de largo, el doble que ahora, y tener dobles sentidos», indica Serrano.

Simulación de conductas prohibidas

Además del circuito, el dispositivo montado en Vara de Rey también cuenta con talleres de educación vial enfocados a los niños más mayores y a prevenir el consumo de drogas al volante: «Con los adolescentes empezamos a tratar los accidentes de tráfico relacionados con el alcohol y otro tipo de sustancias en cuarto de Secundaria. A partir de esa edad son niños ya casi adultos y, queramos o no los padres, tienen relación directa con ello, por lo que es importante darles unas pautas. No prohibirles, pero sí hacerles ver lo poco bueno que tienen y lo mucho malo que te pueden dar, sobre todo en cuanto a conducción», señala Serrano.

Para ello, tras una carpa del Ayuntamiento en la que se reparten las bicicletas y los cascos, hay desplegada una alfombra de educación vial sobre la que debe caminar el adolescente que se anime a hacer la prueba. Para sentir el efecto del consumo de sustancias se tiene que colocar unas gafas de simulación: «Tenemos de todo tipo. Desde las que muestran lo que supone tomarse una copa a lo que sería un delito penal. Incluso también con el efecto de las luces del amanecer, que van a afectar más, o el de todo tipo de sustancias... Desde la marihuana, el tetrahidrocanabinol, estimulantes, psicotrópicos...», detalla Serrano, que recuerda que el consumo de marihuana «cambia mucho la percepción del tiempo y de las distancias». Otro verdadero problema al volante.

Su efecto lo confirma Júlia Guasch, la primera joven que se pone una de las lentes. Con ellas tiene que caminar, pegando un pie al talón del otro, sobre la estrecha carretera que tiene dibujada la alfombra. También ha de levantar las piernas a medida que avanza. Saltar unos conos. Distinguir las letras de una tabla optométrica... Retos que cumple viendo «doble» y con una «sensación de mareo». Lo que le parece útil para concienciar a la gente de su edad.

Mirar antes de cruzar

Paralelamente, los más pequeños continúan su circulación en el parque vial. Cada tanto tiempo Serrano avisa con un silbato para que se vayan haciendo relevos, porque, si por los niños fuera, estarían toda la mañana jugando de esta forma tan didáctica.

A ellos se ha sumado el hijo de Anne Kopp, que mientras está de vacaciones en Ibiza se ha encontrado «accidentalmente» con el circuito de Vara de Rey. A medida que el padre empuja el triciclo, Kopp comparte lo «guay» que considera esta actividad: «Me parece genial que además se haga en fin de semana, para que los padres puedan acompañar a sus niños», destaca. Kopp cuenta que en Alemania también se imparten lecciones de educación vial en los centros educativos y que, por eso, su hijo distingue los colores del semáforo y sabe que hay que «mirar a ambos lados antes de cruzar el paso de cebra».

También conoce esta regla Thiago, que a sus tres añitos y con una gran sonrisa indica a su madre, Ruth Mercadal Muñoz, por dónde quiere avanzar con el triciclo. «Es superimportante que aprenda, porque vivimos en el centro y nos movemos caminando», advierte ella. Su hijo mayor, Joel, que les sigue sobre su bicicleta, domina a sus once años la educación vial: «Tiene su patinete manual en casa y sale siempre con el casco. Insisto mucho en ello», destaca Mercadal.

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