La engañosa levedad de Sonorama Ibiza 2025
Carrusel de emociones en la edición en apariencia más frágil del festival ibicenco

Un concierto es un concierto… y un festival ya ni te cuento. ¿Que a qué viene la perogrullada? Pues a que no se puede juzgar un cartel antes de catarlo. Más que una verdad de Perogrullo es una máxima.
A priori, el elenco del Sonorama Ibiza 2025 era el más liviano de la saga, sin ánimo de ofender a nadie. Quiero decir que andaba escaso de guitarras y sobrado de voces soñadoras. Vamos, que le faltaba un poco de ese brío rockero que nos gusta tanto a los boomers. Pero antes de que los instrumentos se enchufen a los amplificadores con ese leve zumbido eléctrico, nadie te puede decir que no vayas a acabar perreando a las órdenes de una jovencísima trapera pucelana, a pesar de la cadera de hormigón con aluminosis.
La levedad de este Sonorama Ibiza repartido entre el Auditori Caló de s’Oli y el espacio Venice Bay era engañosa, porque el voltaje, más que en la electricidad, había que medirlo en la emoción de las propuestas.
Aunque ni que decir tiene que se agradecieron las guitarras bien afiladas de las tres bandas locales: Billy Flamingos, Stone Corners y Morning Drivers. Tres grupazos que hacen que florezca la pregunta de si estamos en la edad de oro del rock ibicenco, sumando esos nombres que todos tenemos en la cabeza.
Segunda jornada en Venice Bay
Comenzando como se debe, por el final… Cuando tras la primera nota y el primer fonema de alguien que acaba de subir al escenario el público comienza a corear las canciones y no para hasta el final es que ese artista acaba de subir a la tabla con la que va a surfear la cresta de la ola. Y eso es lo que ocurrió con Carlos Ares, que ha hecho doblete pitiuso este fin de semana entre el Sonorama y el SON Estrella Galicia de Formentera. El gallego de aspecto mesiánico y voz aflautada tenía al público rendido a los pies de su epic folk ampuloso desde el minuto cero. Difícil valorar cuando la marea de manos y móviles al viento te arrastra.

Travis Birds sonríe mientras arreglan los problemas con el teclado / Toni Escobar
Aunque para turbación, la de Travis Birds. Cómo puede un cuerpo de apariencia tan frágil transmitir una energía tan profunda. Hasta una pausa no buscada por un problema con el teclado estuvo cargada de emoción. Confieso que tuve que secarme una lagrimita rebelde con el dedo corazón cuando cantaba “como sabes a cerveza” con esa voz intensa y ligeramente rasgada.
Antes habían actuado Santero y los Muchachos, Hinds y Morning Drivers. Los valencianos con su sonido redondo y esa forma de cantar inconfundible. Americana con un ligero aroma de verbena, desviando la Ruta 66 para hacerla pasar por El Saler, entre chupitos de bourbon y de mistela.
Y las Hinds en una actuación semiacústica pero supersimpática. Un dúo que transmite buen rollo instantáneo con su naturalidad aun sin levantarse de la silla, como si estuvieran en el salón de su casa. La versión de ‘Spanish Bombs’, para enmarcar. Muy cálido y muy bonito.
Y entre concierto y concierto, alegría para el cuerpo con Chinches Dj’s.
Primera jornada en Caló de s'Oli
El primer día, en el Auditori Caló de s’Oli, llegué justo al adiós del concierto de Ona Mafalda, laboris causa, pero los comentarios de admiración eran unánimes, incluido el de un buen amigo: “En dos años va a estar arriba del todo, para mí ya lo está”.
Y luego salió Marcelo Criminal disfrazado de contable. Un cantautor dadaísta entre inocente e inquietante que desgranó sus minicanciones de expresionismo mágico y que aportó buenos consejos, como la necesidad de mantenerse hidratados mientras se bajaba tres botellas de agua de un trago.

Ani Queen, con sus bailarines / Toni Escobar
Billy Flamingos aportaron el músculo no exento de control, con un concierto contundente como es norma en ellos y con ese final electrónico afterpunk que ya es sello de la casa.
Y, para acabar, la alegría trapera de la que hablaba al principio con la vallisoletana Ani Queen, “artista emergente” en sus propias palabras, que salió a darlo todo con esa ilusión arrebatadora de quien cabalga hacia su sueño, con cuerpo de baile incluido. Como dirían los Burning, mueve tus caderas cuando todo vaya mal. Y cuando vaya bien también, WTF.
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