Violencia de género
Ibiza evita el "infierno" de las pulseras antimaltrato: «En vez de dar seguridad, generan más ansiedad»
Su mal funcionamiento las ha convertido en una medida casi residual para proteger a las víctimas de violencia de género

Pulsera de geolocalización. | EUROPA PRESS

«Las pulseras han dado problemas. A veces saltan cuando no tienen que saltar, o tienen errores, o se puede quitar la pulsera y parece que tampoco pita... Lo que me sorprende es que haya tardado tanto en conocerse porque esto lleva tiempo».
Así de crudo se muestra Carlos Mañas, uno de los agentes que trabajan en la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) de la Policía Nacional de Ibiza. Su testimonio viene a confirmar lo que ya era bien conocido entre todas las personas implicadas en la lucha contra la violencia de género, ya sean agentes, jueces, abogados o las propias víctimas, y que ahora acaba de salir a la luz pública: que las pulseras son una chapuza.
«He tenido víctimas que me han dicho que la pulsera es un infierno porque está todo el día pitando. Pitaba por todo: si se acababa la batería, si el agresor se alejaba mucho de su pulsera…», continúa el policía en conversación con Diario de Ibiza en la comisaría, donde varios agentes centran su trabajo exclusivamente en ayudar y proteger a las víctimas de violencia de género.
Y labor tienen, ya que el número de denuncias por violencia de género recibidas en los juzgados de Ibiza aumentó un 13 por ciento en el primer trimestre del año con respecto al mismo periodo de 2024, según la información facilitada por el Consejo General del Poder Judicial. Entre enero y marzo, último periodo del que se tienen datos, se presentaron 287 denuncias (en 2024 fueron 254), referidas a 221 mujeres, de las que una era menor de edad.
Mejor el trato humano
Entre todas las víctimas de Ibiza ciudad que están dentro de VioGén, el sistema de seguimiento de casos de violencia de género creado por el Ministerio del Interior en 2007, tan solo «dos o tres» llevan actualmente la pulsera. Aparte de su pésimo funcionamiento, denunciado esta semana por la Fiscalía, lo que ha provocado un terremoto político a nivel nacional, los dispositivos arrastran un ‘pecado original’ que les impide ser útiles en poblaciones no muy grandes, tal y como explica Mañas.
«Las pulseras saltan a una distancia de 500 metros, mientras que las órdenes de alejamiento aquí normalmente son de 100 metros. Por eso, puede pasar que la pulsera salte sin que haya quebrantamiento de la orden. Y las pulseras no se pueden configurar para que salten a menor distancia. Es un problema sin arreglo. Eso provoca que haya un montón de avisos falsos. A cuatro calles de distancia ya puede saltar el aviso. Por eso aquí no se aconseja mucho la pulsera», desgrana.
Cuando víctima y agresor están a menos de 500 metros, llega un aviso a Cometa, el centro que gestiona todas estas alertas, que a su vez informa a policías y jueces. En el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Ibiza «también conocen la problemática» de las pulseras. «Aquí no se ha dado el caso de que la víctima pulse el botón del pánico porque se haya acercado su agresor», dice el policía.
Su compañera Sara Enrique, que también trabaja en la UFAM, explica que el sistema de protección que de verdad funciona es un teléfono móvil: «Le damos ese número a las víctimas para que nos llamen ante cualquier duda. Para ellas supone una tranquilidad enorme, se sienten muy arropadas y protegidas. Llaman mucho sobre todo al principio, durante los primeros días entre la denuncia y el juicio. Es un procedimiento judicial en el que se ven inmersos sus sentimientos. Es muy complejo».
Pulseras en desuso
Muy similares son las opiniones vertidas por el abogado Joaquín Argés, que acumula 20 años de experiencia en casos de violencia de género, la mitad de ese tiempo trabajando en la isla. Al letrado no le ha «sorprendido para nada» la polémica que ha estallado con las pulseras: «Desde hace más de un año en Ibiza no se acuerda la utilización de la pulsera. Yo hace tiempo que no la solicito porque funcionan al revés: en vez de dar seguridad, provocan más ansiedad».
El letrado explica que el aparato receptor que llevan las víctimas es «como un móvil, pero bastante antiguo». «Tuve una víctima a la que se le descargaba la batería cada ocho horas y cada vez que pasaba mandaba un aviso a Cometa. Como el aparato no funcionaba bien, a la víctima la estaban llamando todo el tiempo. Un dispositivo de este tipo tiene que estar funcionando perfectamente. Si no, es peor para la víctima», resume.
Considera que «la idea de la pulsera es buena en sí», pero agrega que esta medida «tiene que estar reservada a casos realmente extremos». «Y tal vez pueda funcionar en grandes ciudades, pero aquí no creo que sea una solución muy efectiva. Aquí en 30 minutos llegas a cualquier punto de la isla y basta con una llamada de la víctima», subraya.
Argés cuenta que «por suerte no son tantos los casos graves» de violencia de género y que «la mayoría no son agresiones físicas, sino otro tipo de maltrato, como las vejaciones». «Y en casos graves el sistema funciona porque cuando una persona quebranta una orden de alejamiento va a prisión. Puede ser que la primera vez se suspenda, pero con el segundo quebrantamiento entra directamente en prisión», expone.
Además, también se pone en la piel del agresor para opinar que la pulsera es «una medida bastante restrictiva», ya que implica «un control absoluto de la libertad ambulatoria de la persona». Por ello, le parece «muy bien» que se imponga esta medida a un reincidente, pero le parece «demasiado gravosa cuando una persona está en fase de investigación».
Por último, destaca el «trabajo impecable que hace la Policía en la isla». «Las víctimas se sienten acompañadas y creo que eso es más importante que el hecho de que un dispositivo electrónico esté sonando o no. La cercanía», concluye.
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